BLAKE ASHFORD El paso atrás me duele más de lo que debería. No como un rechazo claro, no como una herida limpia que sabes dónde empieza y dónde termina. Duele como algo interno, silencioso, como cuando el cuerpo registra una pérdida antes de que la cabeza la acepte. El espacio que Georgia crea entre nosotros no es grande, pero pesa. Pesa como si hubiera empujado algo dentro de mí, no afuera. Siento el impulso de avanzar. No lo hago. En cambio, hago lo contrario. Doy un paso atrás también. Y con ese movimiento, algo se cierra. No es teatral. No es consciente del todo. Es automático. La armadura vuelve a su lugar como si nunca se hubiera ido. El pecho se me endurece. La mandíbula se tensa. El aire entra más frío. Blake Ashford, el hombre que no se permite fisuras, vuelve a ocupar el

