BLAKE ASHFORD El motor ya está encendido cuando ella se sienta en el asiento del copiloto. Cierro la puerta y el sonido es definitivo, como si sellara algo que no tengo del todo claro. Ajusto el cinturón. Mis manos… me sudan. Lo noto al tocar el volante. Fricción mínima, molesta. Inusual. Me irrita. No es miedo. No es ansiedad. No es nada que yo reconozca como propio. He estado frente a jueces hostiles, frente a clientes que podían hundir empresas con una llamada, frente a decisiones que se toman una vez y no se corrigen. Nunca me temblaron las manos. Nunca me latió el corazón así, rápido, torpe, como si quisiera adelantarse a algo que no entiende. Ni siquiera de adolescente. Recuerdo esa época con una claridad clínica. El sexo apareció temprano y apareció como herramienta y como pla

