BLAKE ASHFORD Quedarme encerrado con Georgia, es casi un regalo divino, en especial porque estamos completamente solos. Me acerco a ella, invadiendo su espacio, lentamente. Georgia retrocede hasta que su espalda pega con su pared y mi cuerpo siente el calor de su cuerpo, aun sin tocarla. Dos meses sin sexo, dos meses incluso sin pajas, hacen que con su simple olor, ya este completamente duro. Y es que carajo, su olor, me transporta a aquellas noches en el club. Inhalo profundamente, descarado, cerrando los ojos. —Hueles divino, Georgia—Le digo y puedo ver como se le eriza la piel —Aléjate de mi, Ashford—Su orden no tiene fuerza, es temblorosa Bajo mi nariz a su cuello, mis manos pican con el deseo de tocarla. Sin tocarla inhalo de nuevo. Gruño bajo. —¿Te gusta tenerme así?—Le pregun

