BLAKE ASHFORD Peter estaba sentado en mi oficina con los pies sobre la mesa y una copa de vino entre los dedos, hablando como si el mundo girara alrededor de su entusiasmo. El aniversario del club. La gran noche. La mascarada de los excesos. Yo, en cambio, lo escuchaba con esa paciencia que reservo para los jueces y los idiotas. —Este año va a ser una locura, Blake. Habrá empresarios, herederos, artistas… y un par de políticos que juran que no van a venir —dijo, sonriendo con esa malicia suya. —Mientras paguen, pueden venir con su conciencia en la mano —respondí. —Oh, vendrán con algo más en la mano. Dejó un sobre sobre el escritorio. Dentro, bocetos de decoración, listas de invitados, máscaras numeradas y la nueva regla: cada socio debía asistir con un acompañante. —Mujer, hombre,

