BLAKE ASHFORD El día amanece con un tono grisáceo que encaja demasiado bien con el humor que me carga. Salgo del hospital con una mezcla de cansancio físico y furia contenida que se siente como electricidad bajo la piel. Todavía tengo la boca seca, el cuerpo resentido, y la cabeza llena de huecos donde debería haber respuestas. Pero no hay tiempo para autocompasión. No hoy. No yo. El chofer abre la puerta del coche y subo sin decir palabra, más por inercia que por cortesía. Me acomodo la camisa, respiro hondo, hago inventario interno: visión estable, respiración pareja, dolor tolerable. Estoy bien. Estoy funcional. Y sobre todo: estoy consciente. Eso es más de lo que anoche tuve. La ciudad pasa rápida al otro lado del cristal. Taxis, humo, gente caminando como si nada ocurriera tras las

