BLAKE ASHFORD El problema de seguirla —de seguir esa maldita sombra envuelta en encaje n***o— es que mi cuerpo se mueve antes que mi cerebro. No hay razonamiento. No hay control. No hay distancia. Solo esa sensación visceral, violenta, insoportable, de que debo alcanzarla antes de que desaparezca detrás de otra puerta, antes de que otro par de manos se adueñe de ella, antes de que algo que no soy yo le marque la piel. Doy dos pasos hacia la cortina. Solo dos. Y el mundo… se inclina. No es una metáfora. No es drama. El piso literalmente se desplaza bajo mis pies como si el club entero hubiera girado un par de grados hacia la izquierda. Parpadeo, confundido, negando con la cabeza. No bebí tanto. Juro que no bebí tanto. Tres whiskies no me hacen esto. Tres whiskies no me convierten en un

