BLAKE ASHFORD Me despierto con la sensación de que alguien me clavó un camión encima. Abro los ojos y el techo del privado ya no está ahí. Es mi techo. Mi cuarto. Mi cama. Nueva York. Por un segundo no sé si anoche fue un sueño o un puto delirio. Hasta que el olor a sexo, sudor y perfume dulce pegado a mi piel me lo confirma. Gigi. Suelto un suspiro entre dientes, más un gruñido que otra cosa, y me incorporo. Me duele todo: la cadera, la espalda, incluso el maldito pene. Perfecto. Evidencia física de que perdí el control. Dos veces. Tres. Ya ni sé. Me paso una mano por el cuello y siento el ardor. Camino al baño y prendo la luz. El espejo me devuelve la imagen de un cabrón marcado. Chupetones oscuros en el cuello, líneas rojas bajando por el pecho, unos rasguños en la cadera. Me r

