GEORGIA La palabra amiga cae como un golpe seco. No porque no sepa lo que somos —o lo que no somos—, sino porque llega en el peor momento posible. Porque no es una palabra neutra cuando viene de Blake. Porque no es inocente cuando se dice justo después de que le confesé que tengo un retraso. Amiga. La repito por dentro mientras Olivia sonríe, cómoda, instalada en la mesa como si siempre hubiera pertenecido ahí. Como si no acabara de entrar en una escena que ya estaba demasiado cargada. Y entonces ocurre lo otro. Lo que termina de desordenarlo todo. —Aún me gustaría que fueras mi donador de esperma. La frase se desliza por la mesa con una ligereza obscena. Como si estuviera pidiendo sal. Como si no acabara de abrir una grieta. Miro a Blake. Y lo veo. El pánico. No el suyo habitu

