Me he despertado en la cama, vestida en una camisa de mujer. "Parece que estoy en Vladimir, porque Gleb no me iba a tratar así", - pensé. Era una habitación muy cómoda en la mitad femenina de una casa grande. Intenté levantarme. De repente apareció una chica del separador. - Está bien, está bien. Lo que pronto se recuperó, nuestra hermosa mujer. - exclamo ella. - ¿Dónde estoy? - Pregunté y sentí que la garganta me dolía. - Estas en Vladimir, donde más, - contestó la chica. - Toma un trago de esta infusión, la misma Princesa te lo preparo. Olí el líquido que había en la jarra, olía a salvia. No estaba nada mal para mi garganta. - ¿Olga la Princesa?- pregunte sin forzar la voz. - No, Marta. La esposa de nuestro príncipe Vladimir, - dijo ella, sorprendida. - ¿Y qué pasa con el hermano

