Horace estaba en su oficina personal. Se la habían dado hacía unos años y le gustaba el lugar. Tenía una ventana que daba a la calle y a veces se asomaba para ver el mundo exterior. La paradoja de ver gente pasar como si nada mientras muchas veces estaba viendo fotos de los asesinatos más aberrantes lo ayudaba a conservar su cabeza fresca y sus pies sobre la tierra. Le daba claridad de alguna manera...lo ayudaba a despejar su cabeza. Él tenía la carpeta del caso Wagner en sus manos. Con un suspiro se acercó detrás del escritorio y se sentó en su sillón de oficina y mientras seguí revisando los papeles, fotos y toda la documentación del caso en su escritorio, entró su joven compañero Chase, con unos papeles en la mano. Se le veía triunfante, — Lo encontré — le dijo a Horace que levantó

