Quien era ese anciano, era muy fuerte, aún me cuesta creer que me atravesara un cuchillo de cocina, con tanta facilidad, es ridículo, me he enfrentado a tipos más grandes que yo desde que mis padres murieron, he acabado con decenas de personas en solo un día, he robado a los tipos más peligrosos, he cazado bestias y asesinado orcos de hielo; Incluso le arrebaté la vida a un león de siete cabezas con solo una navaja; en todos mis años, siempre pensé que no habría nadie que pudiera matarme, pero, un señor bien vestido con el pelo blanco y la barba igual de canosa, me atravesó con un simple cuchillo de cocina, que mierda es el destino.
Solo podía sentir unas hermosas manos acariciando mi rostro, eran manos gentiles y cálidas, suaves como la seda, sentía que me estaba muriendo, pero al mismo tiempo sentía que estaba descansando, no sé cómo explicarlo, pero, en toda mi vida, no he parado de correr, como ladrón, debo estar en constante movimiento y ya no recuerdo cuando fue la última vez que dormí bien, como un simple plebeyo, ni siquiera he disfrutado de una buena cama, hasta ahora.
― ¿En dónde estoy?...
Abrí mis ojos, y pensé que estaba en el cielo, una enorme habitación repleta de detalles, ventanas limpias que dejaban pasar la deslumbrante luz, una cama matrimonial tan cómoda como una nube, comida recién preparada y servida en una mesa pequeña, estaba en un lugar que jamás había estado, nada de chozas o lugares fríos y sucios, yo estaba en una habitación que parecía un palacio. Intenté levantarme, pero no podía, el dolor que golpeaba mi estómago, se sintió como la mordida de un perro, cuando me fijé, tenía el abdomen completamente vendado y recordé lo que me había pasado.
― Ese infeliz me atravesó el abdomen. ¿Qué fue lo que paso?...
Estaba muy confundido, ¿Cómo había llegado aquí? Lo último que recordaba era oscuro puente, el charco de mi propia sangre y al viejo de buen aspecto, también recordé a la chica y estaba preocupado, no sabía si le habría pasado algo malo, pero por suerte, no fue así.
― Me alegra que despertaras… ― Me dice la chica de cabello plateado, cargando una charola con pasiones curativas.
Cuando vi a la chica, fue tan reconfortante, me sentí aliviado de que ella estuviera bien y también me quede embobado por su belleza, era tan hermosa que nuevamente pensé que era un ángel, me alegré tanto de verla que no pude evitar decírselo. ― Oye, no puede ser, que bueno que estés bien. Era raro, esa chica me importaba mucho y aún no sabía bien si era amor o solo capricho.
― Trata de no moverte, la herida podría abrirse de nuevo y ya no me quedan vendas, por suerte pude detener la hemorragia, estas pociones te ayudaran sanar y también apaciguaran el dolor.
La chica de cabello plateado era muy atenta conmigo y al parecer sabía mucho sobre pociones y medicina, pero, aún estaba confundido, pues en teoría debería estar muerto, nadie sobrevivió a un ataque como la de anoche. ― ¿Detener la hemorragia? ¿Pociones? Qué fue lo que ocurrió, debí haber muerto, ese maldito anciano me atravesó el abdomen con su cuchillo. ― afirme, pero la chica comienza a explicarme poco a poco cuál fue el desenlace.
― Ah, sí, Gofred te ataco y perdiste el conocimiento, yo no quería que murieras, por lo que usando mi magia, pude evitar que perdieras más sangre y tus órganos colapsaran, le pedí a mi sirviente que te cargará hasta aquí, donde pude tratar tu herida y salvar tu estómago con una cirugía muy complicada, pero todo salió bien, estuviste durmiendo durante tres días.
Fue mucha información en poco tiempo, esta chica, me salvo la vida con magia y procedimientos quirúrgicos y además, supe de inmediato que el viejo que me ataco, era su sirviente, Gofred.
― Espera un segundo, ese anciano, el mismo que casi me mata, me trajo aquí, ¿Por qué se lo pediste? Además… ¿Me operaste el estómago? ¿Quién diablos eres?...
La chica pone las pociones encima de una mesa para jarrones y con mucha clase se levanta un poco el vestido y se presenta bajando la cabeza. ― Mi nombre de Emilia V Ixia, última heredera de la familia Ixia.
No sé quiénes eran los miembros de la familia Ixia, pero al ver su presentación, sentí un enorme respeto ante ella, no era una noble cualquiera, parecía ser muy importante y claro, muy poderosa.
― Que lindo nombre, es un placer, señorita Emilia, mi nombre es Félix Bomhard y lo lamento, no sé quiénes son los Ixia, pero creo que eres muy importante, ¿verdad?... ― dije sin saber que estaba en presencia de una chica que podría ser una reina.
Emilia solo sonríe, ella no quería dar explicaciones ni datos sobre el poder de su familia, estaba más enfocada en atender mis heridas ― Preferiblemente no quiero hablar de mi familia, solo, déjame darte estas opciones, también espero que tengas mucha hambre, no has comida nada desde que estás aquí.
No quería decirlo, pero no había comido nada desde que llegue a Lizi, Emilia era muy amable y gentil, me constaba mucho creer que ella fuer una noble, los nobles jamás se interesan por los plebeyos, para ellos solo somos aquello que sentirse superior, somos inferiores, sucios, mano de obra barata, solo simples sirvientes sin magia ni prestigio, ¿Por qué Emilia no era así?
― eres muy amable, señora Emilia, eso es lo que más me asusta. ― le fui sincero.
― ¿Por qué tienes miedo? No planeo hacer nada malo…
― Y eso es lo que me preocupa, todos saben que los nobles, no ayudan a pobres ladrones como yo, no ayudan a nadie a menos de que eso les convenga, eres muy linda, ¿Por qué me salvaste?...
Emilia me mira a los ojos, y no sé si era por culpa de las opciones para el dolor, pero ella se veía tan segura de sí misma, sus ojos reflejaba la viva imagen de una persona pura y noble, no había intereses, ella solo quería ayudarme, porque sus padres le enseñaron el verdadero significado de un noble. ― Ay, no sé cuántas veces me han dicho lo mismo, ayudar a personas pobres no es algo digno para mi estatus, pero, he cambiado mi forma de verlo, no me gusta ver gente sufriendo, y si puedo hacer algo, lo haré, eso significa ser de la familia Ixia.
― fueron muy hermosas palabras, me sorprende que esté soltera… ― dije al acercarme levemente a su rostro.
― Ella está comprometida con labor, no tiene tiempo para fijarse en cosas tan triviales como un compañero sentimental. ― repica un viejo al entrar a la habitación, el mismo hombre que casi me mata.
― ¡Maldito, que haces aquí, infeliz! ― Le grité con tanta rabia y rencor, por culpa de él estaba tan malherido, un sinfín de sensaciones me invadieron, quería correr, quería vengarme, quería que ese anciano pagara, pero también sentí mucho miedo, ¿Qué pasa si me atacara de la misma forma que hizo aquella noche? Para mí, ese tipo no era un simple sirviente.
― Oye Félix, tranquilo, Gofred no te va a lastimar, le dejé en claro que eres mi invitado y como tal seguirá mis órdenes, puedes estar tranquilo… ― Emilia mira a su mayordomo y lo obliga a disculparse conmigo ― La familia Ixia no lastima a nadie, ese fue el juramento que le hiciste a mi familia, así que pídele perdón.
Gofred se acerca a mi cama y con su mano en el pecho y otra en la espalda baja, me pide disculpa, por atravesarme un cuchillo de cocina en el estómago. ― Lamento mucho, haberte herido en aquel puente oscuro joven, como entenderá, aquella noche, estaba muy preocupada por la seguridad de mi señora, pensaba que la había atacado, por esa sencilla razón sin contexto tome represalias, pero espero que comprenda y me perdone.
Obviamente, no iba a perdonarle tal cosa, casi me mata adema, pude notar en sus ojos, que no estaba arrepentido, yo ya podía identificar a un asesino y cuando un asesino pide perdón, no es por herir a su víctima, es por no matarla en el acto; Gofred solo me dijo esas palabras para complacer a la señora Emilia, pero ambos sabíamos que no estaba muy contento de que yo siguiera vivo, pero de nada me serviría negarme a su perdón, no quería incomodar a Emilia, al final los dos, solo fingíamos para complacerla.
― Ah, claro, entiendo muy bien, acepto tus disculpas, Gofred, gracias…
― Genial, me alegra saber que ustedes terminaron en buenos términos, si me disculpas debo terminar otros deberes, volveré en dos horas, joven Félix. ― Emilia se retira con una hermosa sonrisa y cuando se marcha, el ambiente deja de ser sincero y agradable, ha pesado e intenso.
Gofred me apunta con una espada que vaya a saber de dónde diablos tomo y me pide “con amabilidad” retirarme de la mansión sin ningún escándalo. ― Tienes una semana para largarte, no me importa si eres del agrado de la señorita Emilia, no permitiré que te aproveches de la amabilidad de ella.
Emilia era amable, pero Gofred era más realista y no se equivocaba, Emilia para mí era la mujer idea, era perfecta en todos los aspectos y como ladrón no podía ignorar tremenda joya. ― Por favor Gofred, ¿Así le hablas a tu futuro señor? ― le dije con una sonrisa.