Cada día que pasaba nos acercábamos más al cumpleaños de Amelia y día de nuestra boda humana. A mi Luna la ponía un poco nerviosa la cantidad y clase de invitados, ya que, por nuestros tratos comerciales e importancia en el desarrollo industrial del país, habíamos invitado hasta al Presidente de la República del Perú. En la lista de invitados aparecía nombres de diferentes ministros, congresistas y altos funcionarios de diferentes instituciones peruanas. Como nunca había participado de una boda humana, le pedí a Patrick que me ayudara recabando toda la información necesaria para que me instruya en los protocolos de las ceremonias civil y religiosa; no quería cometer un error y avergonzar a mi Luna. A solo dos días de la boda, Cassie y Ania nos preguntaron si cada una podía invitar a un am

