Preámbulo Parte 2

2987 Words
La enseñanza de las artes oscuras hizo que Satanás tuviera entre sus adeptos a humanos que decidieron inclinarse hacia él y sus mentiras. Así aparecieron los magos oscuros, conocedores del daño que podrían causar si utilizaban la creación para fines perversos. Las hadas y los elfos poco podían hacer en contra de los males que los magos oscuros lanzaban a inocentes humanos que, al desconocer el poder de la creación, no tenían cómo repeler el cobarde ataque de quienes querían acabar con su prójimo por guardar algún sentimiento negativo, como la envidia. Fue así como El Todopoderoso una vez más pidió entre Los Celestiales que se manifiesten aquellos que querían encarnar para ayudar a la humanidad a conocer y usar correctamente la creación. Un grupo de ángeles, miembros del noveno orden angélico, fueron quienes se ofrecieron a realizar esa labor. Dispuestos a enseñar al hombre a usar correctamente la creación y a cómo defenderse de los ataques malsanos que los magos oscuros lanzaban en contra de inocentes, el grupo de ángeles encarnó para mezclarse entre los hombres, apareciendo el tercer pueblo sobrenatural: Los Brujos. La categoría de brujo solo la podía tener el Celestial que encarnó. Al humano que aprende a utilizar sabiamente la creación y convocar a Los Celestiales se le llama mago de la luz. El pueblo de los Brujos era pacífico, ya que no habían encarnado con la finalidad de levantarse en armas contra el ataque del enemigo, sino a enseñar al hombre un aspecto de tanto que la vida mortal les entregaba. Por ello los elfos continuaban en La Tierra, sirviendo de protectores de la humanidad como de los pueblos sobrenaturales. Ante esta situación, el Dios Supremo dio una bendición adicional al Pueblo de los Brujos: el poder controlar la magia de toda la creación. Con esa nueva habilidad, los brujos podían usar cada ser existente en La Tierra para sus fines, los que siempre eran en beneficio de la humanidad. Fue así como pudieron invocar a demonios y utilizarlos para pelear a favor de los sobrenaturales y la humanidad. Esto hizo que Satanás odiara particularmente a los brujos, por lo que sembró entre los hombres mentiras que, sumadas al miedo que la humanidad tenía por los actos cometidos por los magos oscuros en el pasado, hicieron que apresaran a quienes llegaron para ayudarles, enseñarles y guiarles en la magia de la luz, para matarles porque los reconocieron como un peligro. De ahí nacieron las cacerías de brujas, ya que Satanás y sus hijos fueron en contra del lado femenino de este pueblo, para que no haya forma de que su número aumente al faltar la mujer que sería madre al unirse con su par masculino que el Dios Supremo indicaba, para que así se cree el cuerpo de un nuevo ángel que encarnaría para aportar al plan de El Todopoderoso a favor de la humanidad. Aunque ahora los humanos ya no van detrás de los brujos para eliminarlos, las mentiras soltadas en el pasado causaron que el nombre con el que se les llamó sea vetado al tener la idea de que los brujos se relacionan con Satanás, confundiendo a los magos oscuros como miembros de este pueblo sobrenatural. El Padre Celestial veía cómo se desarrollaba la vida de la humanidad, así como los intentos de Satanás por destruirlos. Pensaba qué hacer para poder ayudar al hombre a salir airoso, cuando en su andar por el universo se topó con unos espíritus muy particulares. Al igual que los espíritus humanos, estos estaban alejados de los Cielos, pero a diferencia de los primeros, estos portaban consigo la luz divina de El Creador, por lo que, al estar enfrente de un ángel, se comportaban como si fueran uno de los moradores de la novena orden angélica. Esto sorprendió gratamente al Dios Supremo, y ya iba a integrar estos espíritus con los ángeles, para que al convivir con estos puedan adaptarse a la existencia eterna en los Cielos y, quizá, si la esencia que poseen lo permite, elevar y terminar siendo parte de las otras órdenes angélicas; sin embargo, estos espíritus pidieron poder encarnar. El Todopoderoso entendió que estos espíritus lo que querían era conocer a la humanidad, y, de ser posible, servirle como ejemplo. No obstante, al ser tan puros y únicos, no merecían encarnar como lo hicieron los hombres, así fue que los puso sobre La Tierra siendo animales, creando así al lobo. Sin que El Creador les tenga que explicar, estos espíritus entendieron desde el principio de su existencia material lo que debían hacer, viviendo en comunidad, una que era formada por familias. Para cada lobo macho había una hembra, y al unirse tenían hijos, creando la familia. La unidad que mostraban como núcleo de la comunidad era maravillosa, y el hombre, al observarlos, aprendió sobre la familia y la vida en colectividad. Los lobos reconocieron a los humanos como sus amigos, pero estos no los veían con los mismos buenos ojos. Al gruñir y ser muy rudos y toscos, los humanos temían a los lobos, por los que preferían alejarse de ellos. Los de espíritu puro que encarnaron siendo animal comprendían el sentir del hombre, por lo que no insistieron, simplemente se mantuvieron a escondidas cuidando de ellos, ya que, al igual que las hadas, elfos y brujos, los lobos iban en contra de Satanás y sus maléficas huestes, evitando que dañen a la humanidad. Al tener a la humanidad y cuatro pueblos sobrenaturales, el Dios Supremo decidió que, así como el hombre tendría un guía, un ejemplo a seguir, quien les enseñe el camino correcto, así como la verdad, y sea fuente de vida eterna, los sobrenaturales también debían tener una guía proveniente de su divinidad. Así fue como el Padre Celestial creó a la Madre Luna. Este ente divino, hija del Dios Supremo, sería la que tuviera a su cargo el guiar a las hadas, elfos, brujos y lobos durante su existencia. No es que El Todopoderoso se desentendiera de ellos, solo estaba poniendo a disposición de ellos a un ente producto de su divinidad al que pudieran recurrir directamente, recibiendo respuesta inmediata, ya que solo estaría dedicada a cuidar de ellos. Los lobos, al provenir de espíritus tan puros y deseosos de conocimiento, ya que se mantuvieron por eones alejados de los Cielos sin perder la luz divina de El Creador, eran los que más recurrían a la Madre Luna, convirtiéndose pronto en sus hijos predilectos. Fue por ello que, cuando el momento llegó para interceder por ellos ante el Dios Supremo, no lo dudó, y la deidad de los pueblos sobrenaturales se presentó ante El Todopoderoso para solicitar lo impensable: humanizar a los lobos. El Padre Celestial no se negaría a ello, ya que desde un inicio ese fue su plan cuando vio que el hombre aprendía de los lobos a ser una mejor versión de sí mismos, pero no los haría humanos por completo, solo sería una forma de dos que compartirían esas almas que encarnaron. Los lobos pasarían a ser licántropos: humanos y lobos a la vez, pudiendo cambiar de forma, fortaleciéndose el cuarto pueblo sobrenatural. Esto hizo posible que por primera vez se diera la mezcla de especies, llegando a unirse un licántropo con una humana, no con fines movidos por la perversión, sino por el amor que nació en un espíritu puro por uno humano, imperfecto y necesitado de conocimiento que le ayude a elevar. Ante esta situación, la Madre Luna, con el permiso del Dios Supremo, entregó a los pueblos sobrenaturales el don de la predestinación, por el cual, cada hijo de un pueblo sobrenatural tendrá un alma gemela, un compañero predestinado que nacerá para que sean uno y mantenerse en unidad por la eternidad. Así fue como las familias conformadas por los licántropos y aquellas que nacieron de la mezcla con los humanos, se convirtieron en un vivo ejemplo para el hombre, haciendo que los planes de Satanás para destruir a la humanidad se vieran reducidos nuevamente. No obstante, la máquina de fechorías en la que se había convertido Satanás no dejaba de producir ideas malvadas para acabar con la humanidad, y así fue cómo se le ocurrió una más, terrible a comparación de las anteriores que tuvo. Pensó en utilizar al mismo hombre para acabar consigo mismo. Así fue que embaucó a unos muy ambiciosos de poder y deseosos de obtener la inmortalidad, ya que no querían dejar el mundo material al estar completamente seguros de que esa vida era la que querían gozar por la eternidad. Así aparecieron los vampiros, hombres que perdieron su humanidad arrastrados por la avaricia de quererlo todo para siempre. Los vampiros arremetieron contra la humanidad y pueblos sobrenaturales. Al principio eran pocos, ya que Satanás compartió ese poder con unos cuantos, pero eran tan fuertes que los sobrenaturales no podían contra ellos. Así fue que la Madre Luna entregó a los licántropos nuevas bendiciones que los hicieron los guerreros perfectos para arremeter contra los vampiros. Por siglos la lucha entre vampiros y licántropos se desató en secreto, manteniendo a la humanidad ignorante de esta y sus protagonistas por milenios gracias a las hadas, elfos y brujos, que hacían todo lo necesario para evitar que se revele la verdad de los pueblos sobrenaturales. Mucho antes de que Satanás creara al primer vampiro, la Madre Luna pensó sobre la posibilidad de entregar a la humanidad un medio para comunicarse directamente con Los Celestiales y el Dios Supremo, un intermediario que, aunque estuviera encarnado, se mantenga puro, como lo fueron los primeros lobos. El Todopoderoso estuvo de acuerdo con la idea que tuvo la deidad de los pueblos sobrenaturales, por lo que buscó en el universo espíritus puros, como los que encarnó siendo lobos, para cumplir esa misión, ya que no quería que más Celestiales se alejaran de Él para hacer realidad la elevación de los humanos. Y así fue cómo encontró a otros espíritus que hacían uso de la esencia divina que el Padre Celestial les entregó cuando fueron creados, una luz que brillaba en medio de la oscuridad, que no se debilitaba y más bien parecía crecer. El Creador estaba sorprendido de ver a estos espíritus puros, ya que su comportamiento era muy parecido al de los querubines. Por un momento estuvo tentado a llevarlos al segundo coro angélico y dejarlos a cargo de Los Celestiales que habitan en él, pero al recordar lo que su hija, la Madre Luna, le había pedido, desistió de esa idea, haciendo que esos espíritus encarnen y se mezclen entre los hombres. Por la experiencia anterior, cuando encarnó a los lobos, esta vez no iba a crear un animal que fuera tan grande, cuyo juego podría dañar al frágil humano y que este les tema, así fue que los hizo como pequeños animales que podían convivir con el hombre en su día a día. Así llegaron a La Tierra los gatos. De tierna apariencia, grácil figura, comportamiento independiente y mística mirada, los gatos cautivaron a los humanos, por lo que muchas culturas reconocieron su origen divino y los consideraron dioses, hasta que entendieron que más que un dios, eran los perfectos intermediarios para poder contactar a Los Celestiales o a la misma divinidad, al concentrar en sus ojos la energía que hacía posible que el hombre, al perderse en esa mirada transparente, pueda comunicarse con los habitantes de los Cielos. Los brujos fueron quienes introdujeron entre los hombres a los gatos. Al ver que por medio de estos pequeños seres que empezaron a ser tratados como mascotas podían invocar a entidades espirituales bondadosas, los gatos empezaron a hacerse muy famosos. Tanto así que en culturas como la egipcia los tenían en un lugar privilegiado, siendo hasta venerados. Entre los gatos existían diferencias. Según el color de su pelaje y mirada se podía a invocar a un determinado Celestial. Los de pelaje blanco y crema, por completo o con pequeñas manchas, eran los elegidos para conectarse con Los Celestiales de la jerarquía suprema de los coros angélicos: serafines, querubines y tronos. Los de pelaje atigrado y de tonalidad rojiza anaranjada podían ayudar a invocar a los de la jerarquía media: dominaciones, virtudes y potestades. Los grises, azulados y tonos achocolatados eran los que se necesitaban para conectar con la jerarquía inferior: principados, arcángeles y ángeles. Si el color de los ojos del gato era de tonalidad verdosa o ámbar, la conexión con El Celestial se lograba en los sueños; si era grisácea, se abría un portal donde se podía dejar el mensaje, y si era azul, El Celestial invocado aparecía de inmediato. Había un gato adicional, muy especial: el gato n***o. Uno de pelaje completamente n***o servía para conectar directamente con la divinidad. Sin importar el color de sus ojos, un gato n***o hacía posible que los sobrenaturales se conecten directamente con la Madre Luna, y si lo hacía un humano, la conexión era directamente con el Dios Supremo. Cualquier humano no podía utilizar a los gatos, debía ser uno instruido por los brujos, o sea, un mago de la luz. La estrecha relación entre brujos y gatos, hizo que los segundos también sufrieran cuando Satanás empezó a desprestigiar entre los humanos el actuar de los primeros, pero a diferencia de los brujos, los gatos tuvieron que desaparecer para sobrevivir. Desde tiempos de las antiguas culturas, los hijos de Satanás pudieron dañar la imagen de los brujos, por lo que los gatos empezaron a ser cazados y aniquilados, acusados de ser el ente conector con la oscuridad, con el líder del Inframundo. Los otros pueblos sobrenaturales poco pudieron hacer para evitar la masacre de gatos, ya que tendrían que ir en contra del hombre. En ese momento, la Madre Luna solo encontró una solución para salvar a estas tiernas criaturas, por lo que, al igual que los licántropos, hizo que los gatos dejaran la apariencia animal y adoptaran la de los humanos. Al ser humanos, todos los gatos huyeron hacia una única zona del planeta: el noreste de Asia, concentrándose en lo que ahora son territorios de Rusia, Mongolia, China y Corea, tanto del Norte como del Sur. Sin embargo, los hijos de Satanás junto a los demonios, orcos y Caídos estuvieron detrás de ellos, tratando de exterminarlos por completo, y al no poder ser ayudados por los otros pueblos sobrenaturales, ya que estos tuvieron que abocarse a contrarrestar el ataque de los vampiros, quienes aparecieron en ese preciso momento, la Madre Luna fue quien llegó en su ayuda. La deidad de los pueblos sobrenaturales, con el permiso del Dios Supremo, los bendijo con habilidades bélicas para la defensa y ataque, con fuerza y agilidad, excelente equilibrio y elasticidad, así como agudizó sus sentidos. Al dotarlos de tales dones, sus cuerpos se modificaron para la guerra, mezclándose los genes animales con los humanos, apareciendo el sexto pueblo sobrenatural: Los Felinos. Al no perder sus cualidades para conectar con los habitantes de los Cielos, los felinos pueden abrir portales directos hacia el Inframundo y enviar de regreso a los demonios, orcos y Caídos que pierden su poder en batalla. Los hijos de Satanás encontraron en estos sobrenaturales a un contrincante que podía lidiar con sus habilidades humanas como demoníacas, por lo que se convirtieron en los enemigos acérrimos de este pueblo sobrenatural. Los felinos, ante la batalla, dejan su aspecto tradicional humano, ya que no abandonan la postura erguida, solo que duplican su tamaño y musculatura, la piel cambia al pelaje que tenían cuando eran gatos, aparecen garras afiladas y muy largas, así como un hocico con filosos colmillos capaces de desgarrar hasta el acero, orejas de gato para agudizar el sentido auditivo y una cola, que le ayuda a tener mayor estabilidad y que también usan como un arma. Tras ese primer enfrentamiento, los hijos de Satanás quedaron tan mal heridos que tuvieron que pasar milenios para que se recuperen. Al ver a su descendencia tan dañada, el Líder del Inframundo no dudó en lanzar una cacería en contra de los felinos, por lo que los magos oscuros estuvieron detrás de ellos. Como en su forma para la batalla no tenían oportunidad contra ellos, los odiados seguidores de Satanás aprovechaban cuando estaban en su forma humana para atacarlos; asimismo, iban en contra de los felinos más jóvenes y las hembras, buscando acabar con la posibilidad de que aparecieran nuevas generaciones. Y es que era sencillo detectarlos al tener un olor particular que los Caídos podían olfatear y por el especial color de ojos que tenían, uno que resaltaba fácilmente, ya que diferían por mucho al de los humanos entre quienes trataban de ocultarse. Ante esta situación, la Madre Luna les entregó el don de camuflaje, por el cual los felinos pueden ocultar su olor y cambiar el color de sus ojos por el tradicional n***o o marrón oscuro que los hombres del noreste a******o poseen. Como el número de hembras había descendido entre los felinos por los ataques de los magos oscuros, la Madre Luna decidió que el don de la predestinación de almas gemelas, que en un inicio había determinado que se diera solo entre los de la misma especie, incluya a los humanos. La deidad de los pueblos sobrenaturales tomó esa decisión porque el hombre sería la única otra especie con la que los felinos se relacionaría en los últimos dos milenios, y al no querer que sufran más de lo que ya padecieron, facilitó las cosas para que no tuvieran que buscar a los predestinados entre los miembros de otros pueblos sobrenaturales. Así fue como los felinos se alejaron y mantienen ocultos hasta que llegue el momento de revelar que siempre han estado pendientes y muy cerca de las hadas, elfos, brujos, licántropos y vampiros, confundiéndose entre los humanos, esperando que la hija de la Madre Luna se manifieste y empiece la lucha por la unificación de los pueblos sobrenaturales, una que está muy cerca de iniciar.
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