CAPÍTULO 5

660 Words
—¡Está viva!, ¡Está viva! —Rápido, hay que entrarla. ¡Vamos! Escucho voces. No puedo abrir los ojos, pues mi cara está hinchada por los golpes de ese cerdo. Me arropan, ya que sólo llevaba el sostén a medio poner. Me acuestan en una cama, y siento como acarician mi rostro. —Pobre morrita, Quien te haya hecho esto no tiene perdón de Dios —me susurra una voz femenina. Un rato después, siento unas sirenas. Se abre la puerta del lugar y me toman en brazos. Puedo sentir los piquetes de las agujas. *** ARACELLY *** Una pareja de campiranos me relata la desgarradora escena en la que se encontraron a mi sobrina en el bosque. Cierro mis puños y mis ojos, de los cuales salen lágrimas incontenibles. —¿Donde está ahora ella, José? ¡Quiero verla! —exijo entre llanto. —En este momento están trasladándola al hospital, los señores han venido a declarar lo sucedido —me responde tratando de calmarme. —Soy la única culpable, José, jamás debí dejar que tomara un taxi, y menos sola. —Nena, tú no sabías que esto pasaría —me dice mientras me abraza. Cuando llegamos al hospital donde atienden a mi sobrina, José pasa, ya que por ser el oficial encargado del caso se lo permiten. Los minutos son eternos, hasta que por fin regresa. —¿Cómo está? —pregunto ansiosa —Algunos golpes, pero se recuperará. Solicité unos exámenes de ADN. —¿ADN?, ¿por qué? —le pregunto extrañada. —Ara, ven. —Mi amigo me hace sentar nuevamente—. A Laura la tomaron a la fuerza y quien lo haya hecho, dejó rastros en ella. Esas muestras nos darán pistas para llegar al culpable. Lloro de manera desconsolada. ¿Por qué?, ¿Por qué mi niña? Unas horas más tarde, me dejan verla. Sólo la abrazo mientras ella se apega a mí sin dejar de llorar—. Mi vida, perdóname, perdó... —Tía, no, no te culpes por favor. Ninguna de las dos imaginó esto —me interrumpe entre sollozos. DOS DÍAS DESPUÉS *** LAURA *** —¿Estás lista, mi niña? —pregunta mi tía, entrando a la habitación. Por fin me darán de alta. —Sí, tía, vamos. Una vez todo está listo, salimos rumbo a casa. En el camino recuerdo a mamá, con quién hace tres días no hablo. —Tía, ¿mi madre ha llamado? —Sí, yo hablé con ella. —¿Le contaste? —Jamás lo haría sin tu aprobación, mi pequeña. Solo le dije que se había averiado tu celular y que por eso no respondías. —¡Gracias! —respondo aliviada. —Aunque sí deberías decirle. Ella tiene todo el derecho de saber, ¿no crees? —No puedo hacerlo, ella se moriría de dolor. Por favor, tía, que este sea nuestro secreto, ¿sí? —le suplico. Asiente mientras sigue conduciendo. Llegamos a casa y me dirijo al cuarto tratando de descansar un poco, pero no. Cada que cierro mis ojos, a mi mente vienen las imágenes de ese maldito día, y no sé cómo sacármelas de ahí. —Cariño, José está aquí y quiere hablarte —anuncia mi tía desde la puerta de la habitación. —¡Está bien! —Hola, linda, ¿cómo te sientes? —pregunta el agente cuando entra. —Hola. —Suspiro—. Bien, dentro de lo que cabe —le digo, encogiendo mis hombros. —Laura, se que tú has vivido algo terrible y que eso te ha marcado de por vida, pero ya verás que vamos a atrapar a ese canalla y va a pagar caro lo que te hizo. Asiento y le sonrío a José, en verdad agradezco sus palabras. Me informa que ya se inició un proceso legal y me da una copia de los documentos de mi declaración. Solo espero que realmente puedan atrapar a ese mal nacido.
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