—A estos, también me los despides mañana, madre —le dice Manuel, muy enojado, mientras eran conducidos a la salida —mañana se sorprenderán, cuando sepan quién soy yo. Cuando llegó la hora de la lectura del testamento solo estaban presentes , Manuel, Carmen y Gladys. —Yo, no me explico, que es lo que hace esta mujer aquí —dice Manuel, con desagrado—; ella no tiene nada que ver con este acto, donde el único heredero soy yo, usted debería estar recogiendo sus cosas para marcharse de esta empresa. —Ella también fue convocada para estar presente en este evento —le dice la autoridad que daría lectura al documento. —Déjala quieta, Manuel —interviene Carmen, sonriendo de una manera burlona—; la pobre cree que también es heredera. —Es que ya la tengo atravesada aquí —le dice Manuel, tocándose

