Matías se despertó más tarde de lo habitual, lo había hecho varias veces durante la noche para asegurarse de que Cata siguiera a su lado y finalmente cuando la claridad amenazó con comenzar a rozar el horizonte había caído preso del cansancio acumulado. Miró la habitación y no encontró rastros de ella. Sorprendido porque fueran cerca de las 11 de la mañana, comenzó a vestirse mientras revisaba las notificaciones de su télefono. Tenía un mensaje de Cata, de unos treinta minutos atrás. Sin dudarlo presionó el botón para escucharlo. ¡Como le gustaba su voz!, pensó. -Hola dormilón, salí a caminar un poco, te dejé café y unas tostadas por si tenías hambre. Quise imitar tu gesto de aquella vez, pero como no llevabas ropa no pude hacerlo. ¡Descansa y aprovecha los feriados que se avecinan! Te

