Las horas pasaron demasiado rápido para Cata, quien motivada por la locura acontecida en el ascensor decidió pasar a comprar algo para sorprenderlo. Se probó la lencería nueva frente al espejo y si bien su cuerpo había comenzado a agradarle un poco más, nunca se parecería al de las delgadas mujeres que imaginaba solían acompañar a Matías. Aún no terminaba de creer lo que estaba viviendo, se sentía feliz, deseada y con ganas de tener sexo demasiado seguido. Terminó de ponerse las medias negras, que completaban el atuendo de aquel body de encaje, que la vendedora le había insistido en comprar y en un rapto de valentía decidió sólo cubrirlo con un tapado beige que solía usar a modo de abrigo. Pensó que como solo tenía que recorrer 300 metros, dentro del barrio cerrado, nada malo podría pas

