Narrador omnisciente:
Dentro de la ex-base de SHIELD, todos iban corriendo de un lado a otro, doctores corrían atendiendo a cada uno de los llamados de la gente herida por el reciente ataque a Sokovia. No había excepciones, ni siquiera para una joven Vengadora que ahora se debatía entre la vida y la muerte, mientras se encontraba en una camilla de hospital inconsciente.
—¡Tráiganla rápido!— se escuchaban los gritos de un doctor hacia sus enfermeras.
—¡La perdemos señor, no responde al oxígeno!— contestaba una enfermera ayudante al doctor encargado de la joven Maximoff.
—¡Apártense, yo me haré cargo!— se escuchó la voz de la doctora Cho, que se hace presente para ayudar y salvar la vida de la nombrada.
Los enfermeros y doctores hicieron toda y cada una de las indicaciones que les iba dando; paso a paso, el tiempo corría y no podían detenerse para nada o perdían la vida de la paciente que ahora, esta inconsciente alimentada de un tubo de oxígeno conectado a su boca y nariz para sobrevivir, si es que eso era posible.
Las horas pasaron y no solo en la sala de urgencias había tensión, sino también en la sala de espera de la ex-base, todos los Vengadores estaban preocupados por lo que pasara allí adentro. Pietro y Wanda Maximoff, quiénes permanecían abrazados, eran los más devastados y unidos en estos momentos, su hermana menor podría o no perder la vida y con ello llevarse una parte de ellos con ella, siguiendo el destino de sus padres y ahora su pueblo. Steve Rogers también sufría, estaba todo el tiempo serio, pero por dentro estaba más que herido, esa pequeña que prometió ayudar a redimirse y a ser mejor persona, a punto de morir, y jamás podrá despedirse o tal vez pedirle, aunque sea, tener una oportunidad con él de salir a hablar más y conocerse mejor.
Médicos, enfermeras y demás gente ayudaban a salvar la pequeña vida de la Vengadora más joven. La doctora Cho hizo una señal para que dejaran a la paciente descansar un poco de la pequeña sugería que había tenido, ya no había muchas esperanzas para salvarla, pero tenían que explotar todos los recursos posibles.
Con la bata médica ensangrentada por la operación, Cho salió de la sala de urgencias hacia la sala de espera donde cada uno de los Vengadores estaba más que preocupado por la salud de ___. Al ver a la doctora, los primeros en pararse fueron los hermanos Maximoff y el Capitán.
—¿Qué paso? ¿cómo se encuentra mi hermana?— preguntaron angustiados los Maximoff al unísono, ganándole la palabra a Steve.
—Hicimos lo que pudimos, pero ella ha perdido mucha sangre y aunque su sangre esté alterada, no ayuda mucho a su metabolismo...— comenta explicando con una mirada cansada hacia los hermanos.
—¿Y si donamos sangre? Eso podría ayudar.— pregunta Steve algo esperanzado.
—Creo que puede ayudar, pero necesitaré mucha sangre.—comenta la doctora Cho viendo a todos los presentes.
—Nosotros donaremos, es nuestra hermana y no la dejaremos morir.— dice Wanda decidida, sosteniéndose del brazo de Pietro que asiente afirmando.
—Yo también quiero donar, tal vez el suero en mi sangre ayude a que se salve.— dice el Capitán también decidido.
—Bien, los llevaré a una sala donde les sacarán la sangre necesaria para inyectársela.— la doctora les hace una señal a las enfermeras sobre qué hacer y éstas se van a que los 3 Vengadores donen su sangre a la pequeña Maximoff.
Una media hora después, luego de recolectar la sangre de los tres Vengadores, decidieron inyectarle la sangre que tenían para ver si esto la salvaba o la dejaba morir en el intento. La doctora Cho sudando y agitada iba de un lado a otro tratando de que esa vida no se le fuera de las manos, las enfermeras atendían todas las indicaciones para poder ayudar y hacerle su trabajo más fácil.
La vida de la joven ___ Maximoff dependía de un hilo, luchaba con todas sus fuerzas por sobrevivir y seguir su vida normal junto a sus hermanos, aprender más sobre su mutación y, por último, pero no menos importante, poder seguir conociendo a Steve y tal vez llegar a ser amigos o quien sabe, tal vez algo más que ello.
Luego de otra hora, ya todo estaba hecho, era lo mejor que pudo hacer. La enfermera limpió las últimas gotas de sudor de la frente de Cho, para después ver a la paciente con mirada cansada.
Entre la vida y la muerte, siempre hay un motivo por el cuál puedes quedarte... O irte...