Mi estómago rugiendo me recuerda que no he cenado, miro la hora y son las dos de la madrugada, así que voy a la cocina, para calentar mi comida.
Después que termino de devorarla me dirijo a la habitación de mis padres, los cuales se encuentran dormidos. Camino hasta la mía, me ducho y me pongo mi pijama, cierro la ventana y nuevamente caigo en un profundo sueño.
Sí, me quedé dormida y perdí la primera hora de clases: "Trigonometría" así que no tengo afán. Dios, aún no logro adaptarme. Cuando quiero llegar a la escuela, escucho el timbre de cambio de hora, y abro los ojos como platos, es clase de "Historia" por ello, acelero el paso al ver que la puerta está por cerrarse.
—Buenos días, ¿puedo pasar? —Pregunto con nerviosismo. Si mal no recuerdo el profesor Fisherman, el lunes que llegué tarde me dijo: "Bueno, que no se repita"
—Señorita Miller, recuerde que tiene que estar cinco minutos antes en el salón de clases. —Replica frunciendo el ceño.
¿Es en serio? Ni que no lo supiera.
—Sí. —Suspiro para después mentir—: siento llegar tarde, pero tuve un pequeño inconveniente.
—Entre y siéntese. —Ordena con disgusto.
Entro al salón. Camino a mi puesto pero está ocupado por un nuevo alumno, miro a April, ella solo me hace una seña para que me siente en la parte de atrás, donde hay un asiento vacío.
Bufo de mala gana caminando hasta allá para sentarme. Mi compañero tiene la cabeza gacha puesta en el escritorio y sus manos sobre ella; el profesor comienza la clase, él no deja de mirarme y yo ni una tonta con cada una de sus miradas siento que me ruborizo más, estoy totalmente hipnotizada por esos hermosos ojos azules.
¿Qué te pasa, Hanna? ¡Es tu profesor! Disimula por favor ¿será que puedes hacer eso?
Niego con la cabeza ante mi propia pregunta y veo como el profesor frunce su ceño levemente mirándome sin entender. Las ganas de golpearme mentalmente llegan a mí. ¡Qué vergüenza!
De repente siento que alguien me mira, ya saben..., ¿no les ha pasado que sienten que los miran? Pues sí, el chico a mi izquierda está mirándome detenidamente. Hay algo en su rostro que se me hace conocido. Sé que lo he visto antes, lo observo detalladamente; claro, espero que él no se percate de mi "pequeña observación"
Cabello castaño todo desordenado que apuntan a todas las direcciones posibles, lo cual lo hace ver estúpidamente guapo, ojos color miel y ni hablar de sus fuertes brazos.
Pongo los ojos como platos al recordar que es el chico repartidor de pizza, él estudia aquí, conmigo, sólo me mira con media sonrisa para después guiñar un ojo. Con razón, sabía que lo conocía de algún lado.
—Señorita Miller, explique parte de su trabajo. —Me giro y veo al profesor, hay algo que me desconcierta y es... Que noto cierto ¿enojo? en su rostro, su cuerpo está tenso, tiene su mandíbula apretada y su ceño ligeramente fruncido; también puedo observar como mira a mi compañero. Hay cierta tensión entre ellos. ¿Por qué? No lo sé, y yo como siempre no sé qué decir, todo se me había olvidado hasta como pararme de la silla... Estoy jodidamente nerviosa, siento mis mejillas arder. Trago saliva. ¿Por qué todo me pasa a mí?, miro a mi alrededor y todos los chicos se encuentran observándome. Claro, están a la expectativa de lo que pueda pasar, es decir..., estoy callada mientras que mi profesor, no me quita la mirada de encima para que salga explicar parte de mi trabajo. Lo peor de todo y es... Que hasta April me mira, me odio en este momento por no hablar. —¿Y entonces? —Inquiere irritado.
Bueno, por lo menos di algo, no te quedes callada.
—Vamos, Miller. —Murmura mi compañero.
Me levanto de la silla aclarando mi garganta para hablar; la verdad es... Que su presencia me hace sentir nerviosa y no logro entender el porqué. La libreta en mis manos tiembla a causa de mi nerviosismo, y mi pobre corazón late frenético.
Vamos, Hanna, es solo una investigación que tienes que leer, y dar tu punto de vista.
Carajo.
Eso no quita que tenga los nervios a flor de piel, sé que no tengo porque sentirme así, dado que él es mi profesor y los alumnos mis compañeros..., bueno. O, quizá por eso mismo, ya que soy nueva. Me preparo psicológicamente para explicar mi trabajo y dejo a un lado mis estúpidos pensamientos. Justo cuando me dispongo a hablar, suena el timbre. Doy miles de saltos en mi mente.
Todos los estudiantes salen rápidamente del salón y yo me quedo recogiendo mis cosas, ¿cómo salen tan rápido? cuando voy camino a la puerta, escucho que me llaman. Inmediatamente me detengo y giro sobre mis talones; mirando al dueño de esa voz, es el profesor. Él se encuentra recargado en la pared, pasa una de sus manos por el cabello y lo revuelve. Inconscientemente muerdo mi labio inferior al verlo...., él eleva la comisura de sus labios en una sonrisa de lado.
—Miller, por lo visto la salvó la campana, pero no se crea con tanta suerte. —Hace una pausa y se sienta en su escritorio. —Necesito que me traiga un ensayo sobre el mismo tema para la siguiente clase. —Dice serio, claro... era de esperarse.
—De acuerdo. —Musito mirando hacia otra parte. E inmediatamente me voy de allí.
Peino mi cabello suavemente mientras me miro al espejo, mis ojos color café van a juego con mi cabello. Me recuesto en mi cama pensando en ese chico que se sienta a mi izquierda, ahora que lo recuerdo..., él es el chico del que me habló April, el cual no dejaba de mirarme. Vaya, nunca imaginé que el repartidor estudiaba conmigo. O, que iba a quedar mirándome, también, por qué hubo esa tensión entre él y el profesor. Es algo muy extraño. De un momento a otro me quedo dormida.
Estoy caminando por las calles de una ciudad que no conozco, cuando escucho mi nombre una voz varonil, entonces me detengo y siento una manos frías en mi cintura, su pecho en mi espalda, y su respiración en mi cuello seguido de un suave beso, mandando pequeños choques eléctricos por todo mi cuerpo. Me giro quedando de frente a pocos centímetros de distancia, encontrándome con esos hermosos ojos azules penetrantes, los cuales me miran con ternura y de manera posesiva..., es Liam, mi profesor. De cierta manera, me siento protegida, segura con él. Acaricia mi rostro de manera sutil y yo no me opongo en lo absoluto.
—Eres mía, Hanna, nunca te alejes de mí, por que hagas lo que hagas, siempre vas a regresar a mi lado.
Me despierto abruptamente y me siento sobre la cama, mi corazón golpea con fuerza contra mi esternón, a tal punto que parece que se me fuera a salir del pecho. He soñado con el profesor Liam. Pero... ¿Por qué tenía que soñar con él? y lo extraño de ese sueño, era que yo actuaba como si lo conociera de antes; y, ¿por qué esas palabras? ¿A qué se refería? Una brisa fría me saca de mis pensamientos, miro hacía la ventana que se encuentra abierta de par en par, y logro ver una sombra. Maldición, es Liam, si mi corazón antes latía con fuerza, ahora lo hacía el doble.
No puede ser... ¿Qué hace él en mi habitación? ¿Cómo entró? Muchas preguntas llegan a mi mente, lo único que hago es cerrar mis ojos y pasar mis manos sobre ellos, con la esperanza de cuando los abra Liam no esté en ese lugar; y que todo haya sido un sueño. Cuando los abro, él ya no está, suspiro aliviada dejándome caer en la cama.
Hanna, por favor ¿qué te está pasando? ¿Imaginando al sexy del profesor en tu habitación? sigue creyendo, sé sabe que está guapísimo pero..., o sea no se va a fijar en ti ¿o, sí?
Pero, cómo iba yo a ver a mi profesor aquí, eso es algo totalmente imposible... ¿y si todo esto es producto de mi acoso mental hacía él? aunque no es mala idea tenerlo aquí de noche. Sacudo mi cabeza para olvidar esos pensamientos absurdos. Controla las hormonas.
Sigue así, Hanna y vas a terminar recluida en una clínica para enfermos mentales.
Liam.
Recuerdo cuando la vi por primera vez entrar a mi clase, no podía creer lo que mis ojos estaban contemplado.
Enseguida llegó hasta mis fosas nasales ese olor tan exquisito e incomparable. Esa chica era la misma Hanna que conocía. Su cabello castaño, ojos color café, de tez blanca; se le notaba suave y delicada, simplemente hermosa. Pero no lograba comprender por qué no me reconocía, no entendía nada, estaba estupefacto por tenerla frente de mí, pude ver un hermoso brillo en sus ojos.
Después de eso, toda la semana no hacía nada más que observarla detenidamente, una y otra vez, cada vez que asistía a la escuela, aun no lograba asimilar lo que estaba pasando.
Hoy es viernes y he terminado de dar todas mis clases. La verdad..., es que tengo que ocupar mi mente en algo más, porque con solo recordar cómo me había llenado de rabia y los celos; me estaba carcomiendo por dentro, al ver como ella miraba a su compañero y él a ella, como le sonreía. ¿Y si no es ella? Si no fuera porque tiene su mismo nombre y apellidos diría que quizá la estoy confundiendo.
Pero entonces por qué habla con él. Ahora mismo estoy pensando en la posibilidad de que alguien le haya borrado los recuerdos. Pero...,
¿Será que lo recuerda? ¿Por qué a mí no? ¿Por qué me trata con indiferencia? ¿Qué está pasando con ella y por qué se porta de esa manera? por eso llamé su atención para que explicara su trabajo.
Se veía tan hermosa, tan tierna con sus mejillas enrojecidas, podía escuchar como latía su corazón con rapidez, estaba nerviosa.
Después de unas horas pensando en muchas posibilidades del porqué de su comportamiento, decido ir a su casa como he estado haciendo desde que la vi el primer día. Estoy justo al lado de la ventana observándola dormir plácidamente, se ve tan frágil e indefensa, adorable, para mí el verla dormir es muy placentero.
Tengo una gran necesidad de despertarla y llevarla conmigo, ahora nadie me separaría de ella, pero primero tengo que hacerle pagar de algún modo el haberse alejado de mí con sus padres, todo este tiempo y el tratarme con su indiferencia, hacerle saber que ella es mía, que me pertenece solo a mí; así que decido meterme en sus sueños y después de unos minutos ella se despierta.
Logro escuchar su corazón que late frenéticamente, su pecho sube y baja con rapidez, de pronto, ella gira su mirada hacia la dirección donde yo estoy, percatándose así de mi presencia, no puedo hacer nada para llevarla conmigo, de una u otra forma ella tiene que recordarme, o, si sólo finge no reconocerme. Con tan sólo pensar en esa posibilidad siento un dolor punzante en mi pecho, ya que todo este tiempo la he extrañado mucho; no hay una noche en la cual no me eche la culpa de lo que pasó, para que ella aparezca nuevamente en mi vida y lo peor, que no me reconozca. Esto es tan frustraste. He sufrido día a día por su pérdida, todos los malditos días de mi miserable vida me he odiado por lo que sucedió esa noche y un día ella aparece en la escuela en la que trabajo, así como si nada, como si nunca hubiese ocurrido nada.
Aprovecho el momento donde ella frota sus ojos con las manos y desaparezco por la ventana. Tengo que buscar respuestas, necesito una explicación de todo. Solo hay unas personas las cuales deben saber y esos son mis padres, sé que debo viajar a la mansión de ellos para saber qué pasó con Hanna; quizás ellos sepan. Tengo que hacerlo lo antes posible.