La culpa y el remordimiento cada día se hacía más fuerte, al principio me lamentaba no haber amado a mi hijo desde el momento que supe que estaba en la dulce espera, el hecho de saber que era producto de una abuso, me generaba rechazo. Pero también debo ser honesta, sentía miedo, no tengo una profesión ni estabilidad económica para darle una vida digna. Al pasar los días mi cuerpo se iba recuperando, el dolor físico iba desapareciendo, Dante cuídame de mi casi como si fuera una muñeca de porcelana. Me llevaba a controles, me ayudaba con el baño y vestido. Cepillaba mi cabello y aplicaba cremas, ya no había vergüenza alguna entre los dos, conocía mi cuerpo mejor que yo, me hablo de lunares que desconocía. También puedo decir que conocía el suyo. Ya sabía la historia de algunos tatuajes,

