Richard
Después del ataque que sufrió aquella chica que observaba cada noche desde mi ventana había decidido continuar con mi vida normalmente, aunque las amenazas por parte de ese tipejo no se hicieron esperar.
Al día siguiente, en el periódico recibí un mensaje amedrentador en mi celular.
Pagarás por lo que hiciste... no sabes con quién te estás metiendo.
Estaba acostumbrado a recibir este tipo de amenazas, ya que, por mi trabajo y aunque trataba de evitar a toda costa involucrarme de más, en ocasiones era inevitable, así que no sabía de quién se trataba. Luego recordé los hechos de anoche y se me vino a la mente aquel sujeto. No obstante no le di importancia. Nada sacaba con preocuparme de más, si no existía algo palpable.
Las horas pasan y me encontraba sumido en mis pensamientos cuando sentí un fuerte golpe en mi hombro.
-¡Oye!- le reclamé a Peter, quien parecía divertido con mi reacción.
-¿Por qué estás tan tenso?¿Acaso conociste a una linda chica y te rechazó?- me preguntó divertido, y es que mi amigo es todo lo contrario a lo que yo soy. Extrovertido y algo latoso.
-¡Cállate! No tengo ganas de hablar y menos contigo.- Le contesté muy rudo, pero él me conocía mejor que nadie y lo tomó jocosamente.
-Ya deja tu amargura y mejor dime qué te sucede... soy todo oídos.-
-Ya te dije que no quiero hablar... déjame en paz...-
-Pues no lo voy a hacer hasta que me cuentes...- Peter solía ser muy testarudo, pero sabía que no me iba a dejar tranquilo hasta que le contara.
-Bueno... este... sí conocí a alguien, pero...-
-¡Jaa, lo sabía!- me interumpió.- Sabía que se trataba de una hermosa mujer... dime, ¿Cómo es y por qué te trae tan loquito?-
-¡Ya cállate y déjame hablar! A veces eres insoportable.- le grité y le tiré un borrador en su cara.
-Está bien, continúa - Entonces, le conté todo lo que había pasado anoche en el apartamento de aquella mujer, obviando el detalle del espionaje. No quiero que piense que soy un obsesivo y un pervertido. Simplemente le dije que se me dió por mirar a través de mi ventana y me di cuenta de lo que estaba pasando.
-¡Vaya!, amigo... qué aventura tuviste anoche... ¿Al menos le preguntaste cómo se llama y su teléfono?- me preguntó con mucha curiosidad.
-No me interesa- Le contesté secamente.
-¿Qué? si me estás diciendo que tiene un cuerpazo y es hermosa, ¿Cómo no te va a interesar?- exclamó algo molesto. Hice una mueca con mi boca. -¿Acaso eres...?-
-¡Qué tonto! por supuesto que no... no es lo que piensas. Simplemente no me quiero involucrar y ya. No estoy interesado en ligarme a alguien... tampoco busco una relación en este momento de mi vida. No todos somos como tú...- Él me sonrió.
-Entonces preséntamela si no te interesa. Yo quiero conocerla y enamorarla o pasar una noche con ella.-
Me contestó. De solo imaginarme hace que me hierva la sangre.
-Ni se te ocurra. Se nota que es una fiera. Me pude dar cuenta de que se supo defender como una salvaje, pero el tipo era más grande que ella. Era imposible que lo neutralizara sola. Me imagino que a ti te dejaría noqueado en un dos por tres.- Me rei de mi propio chiste.
-¡Cállate!... está bien, no me la presentes...- Al fin me dejó en paz. El resto de la tarde y la noche no hubo ninguna novedad, como siempre. Llegué a mi casa de nuevo y tomé los vinoculares. Extrañamente el apartamento de mi vecina tenía las cortinas corridas, como si no hubiese nadie allí. Esperé hasta pasada la media noche y no había indicios de la pelinegra. No quiero especular nada, pero siento que no la volveré a ver, así que me acosté en mi cama y caí en un profundo sueño.
El panorama los siguientes días no cambió mucho. Sin embargo, por alguna razón, decidí retomar mi investigación sobre Christine. No habia avanzado mucho, porque no tenía ningún indicio. Lo último que supe fue que murió hace seis años y dejó a una hija adolescente, pero de eso me enteré hace cuatro años y desde entonces dejé de investigar. Conocí a Christine una noche en un prestigioso club de la ciudad, era bailarina exótica y la favorita entre las mujeres que bailaban allí. Quise hablar con ella porque sabía que tuvo una relación con un mafioso italiano, quien pisó suelo americano, solo para traficar con mujeres jóvenes latinas... tenía una deuda que saldar con ese mal nacido. Le expliqué que era periodista, no detective, pero ella no lo entendió y no quiso hablar. Sin embargo, la visitaba todas las noches en el club y poco a poco me fui ganando su confianza, aunque me decía constantemente que era peligroso que alguien supiera su verdadero nombre, así que le prometí reservarlo. Se hacía llamar Jade y todo el mundo la conocía así.
Después me dejé llevar por la rutina y no volví al club.
*** Flashback***
Cuatro años antes
De nuevo me encuentro en el club donde trabaja Christine, después de que dejé de venir por complicaciones en el trabajo. Me dirigí hacia el guardaespaldas que se encontraba en la puerta del club.
- Buenas noches. Soy Richard Carson. Soy amigo de Jade.- le dije.
-Ella... será mejor que hables con Carl.- exclamó nervioso. No entendía el por qué, pero no le di importancia, aunque sabía en el fondo que algo malo había ocurrido. Ingresé y solicité hablar con Carl, quien me atendió de manera amable.
-Muchacho, qué bueno verte de nuevo. Jade sufrió mucho por tu ausencia... ella se sentía muy segura contigo.- Agregó y me abrazó.
-Dime, ¿Qué pasó con ella?- el rostro de Carl se tornó triste.
-Ella... murió hace dos años. Cuando desapareciste se enteró de que estaba muy enferma. Tenía cáncer y ya se había esparcido por su cuerpo. Ella dejó una pequeña de 16 años, pero no sabemos en dónde se encuentra. Nunca nos mencionó su lugar de residencia. Solo dejó esta carta para ti, porque sabía que algún día vendrías a buscarla.- Impactado con la noticia, tomé la carta en mis manos y la leí.
Querido Richard
Quiero darte las gracias por tu amistad incondicional. Perdóname por no decirte nada sobre Alonzo, pero temo por mi vida y por la de mi pequeña. Te pido que la busques. Ella conserva unos aretes de Rubí que su padre me obsequió antes de que mi hija naciera. Son unos aretes exóticos que nadie en el mundo los posee, pues él los diseñó especialmente para mí. Él no sabe de su existencia y por eso también te pido que la ayudes a buscar a su padre...
El resto de la carta era ilegible, por lo que no logré descifrar quién era su hija y mucho menos quién es su padre.
Ahora debo encontrar a esa chica y preguntarle si sabe algo de Alonzo.
*** Fin del flashback***
Debía volver de nuevo a aquel club para hablar con Carl y preguntarle si sabe algo de la chica... Quizás haya dado con ella.
Por otro lado, las amenazas cesaron un poco, así que retomé mi vida normalmente.
Pasaron varias noches y no había rastro de aquella mujer, así que tuve que cambiar mi rutina. Volvía a mi apartamento después de las doce y en seguida me acostaba a dormir hasta el día siguiente. No obstante, todas las noches observaba a través de mi ventana si ella aparecía, sin obtener respuesta alguna.
Una noche, llegué a mi apartamento dispuesto a dormir... esta vez no hice lo mismo. De repente, una luz que se divisaba hacia el apartamento de mi misteriosa vecina llamó mi atención. Había vuelto. Afortunadamente no se me dio por encender las luces, de esa manera la podía observar mejor y sin ningún reparo. De nuevo, ella se miraba en el espejo. En su rostro ya no había marcas visibles de aquella golpiza que le dio ese estúpido.
Volteó su mirada hacia donde yo estaba, pero parece que no me vio. Ella comenzó su baile rutinario, pero esta vez no se detuvo frente al espejo, sino que lo hizo mirando hacia mi ventana. Sus movimientos eran todo un espectáculo. Lo hacía tan bien que reflejaba fuerza, pero a la vez delicadeza y sensualidad. Esta vez realizó movimientos de ballet, mezclado con algo contemporáneo. Su rostro lucía satisfecho, como si disfrutara lo que estaba haciendo... El verla me hizo imaginar la música que hubiera utilizado en ese caso.
También me pregunté, ¿Por qué ella bailaría para mí?¿Por qué ballet? Era algo extraño y no lo lograba entenderla. Definitivamente es una mujer misteriosa.