Richard
Otro día más en el que no encuentro una razón para vivir, pero soy demasiado cobarde como para acabar con mi vida. No tiene nada de malo pensar negativamente, de todas maneras no afecto a nadie. Entré a mi apartamento y me serví las sobras del café que hice esta mañana, luego me senté en el sofá de la sala. Aún no llega, las luces permanecen apagadas. Está algo retrasada...
Mi día de trabajo es un día típico. En esta ciudad no pasa nada interesante como para que me siente a escribir algo. Solo un robo en el banco central que fue majestuosamente frustrado por los valientes policías de la ciudad... nada fuera de lo común, solo un par de idiotas que no saben hacer su trabajo, una sonrisa irónica sale de mis labios.
Tenía que quedarme en mi oficina hasta altas horas de la noche, en donde la ciudad duerme mientras yo escribo la primera plana del periódico que saldrá a la luz al día siguiente.
De repente la veo entrar y rápidamente tomé mis binoculares para observarla mejor... es una mujer atractiva, muy hermosa, pero no es mi tipo... se viste muy provocativa para mi gusto. No sé en qué trabaja o qué hace, pero lo que sí sé es que tiene un cuerpo de ataque.
Todos los días hace lo mismo... llega pasadas las 12 de la noche. Deja sus llaves en una pequeña mesa al lado de la puerta de entrada. Se mira en el espejo de su habitación por largo tiempo y luego baila un rato. No lo hace nada mal. Es como si estuviera practicando... no sé si tendrá novio, la verdad no me interesa. Solo sé que disfruto viéndola. Ella nunca se percata de que la observo a través de mi ventana... Finalmente se mete al baño y al salir, apaga las luces y se va a la cama, después de esa rutina de baile... Me muero de la curiosidad por saber para quién baila o en qué trabaja, pero me conformo solo con mirarla. Quien me oyera diría que soy un pervertido, pero lo cierto es que es lo único interesante que tengo en la vida.
...
Todos los días es la misma rutina... llego del trabajo después de tener un mal día, tomo mis binoculares y la observo mirándose al espejo, tocando su rostro y bailando luego frente a él. Toma un baño y se va a dormir... no me canso de hacer lo mismo... Soy una persona muy sencilla, vengo de familia humilde... he tenido que trabajar muy duro para salir adelante en mi profesión de periodista... en esta ciudad en donde las oportunidades son muy escasas no es fácil encontrar un buen empleo. Conseguí este por recomendación de un muy buen amigo mío, quien trabaja en el periódico, pero nuestros salarios no corresponden a lo que debemos hacer. Mi jefe dice que mi redacción es muy buena, tal vez por eso me deja conservar el trabajo, pues motivación no existe de ninguna manera. No me gusta la gente, de hecho, el único amigo que tengo es Peter. Cómo periodista he aprendido a mantenerme al margen de los problemas de los demás. Solo investigo la noticia objetivamente y ya... solo me involucré una vez y lo hice porque me afectaba directamente...
Como lo dije antes, en esta ciudad no pasa nada, en realidad es aburrida... muchas veces he pensado en largarme de aquí, pero por más que lo pienso no lo veo posible, pues hay algo que me detiene en esta ciudad y no es precisamente la chica que observo todas las noches... es algo más fuerte.
Durante años he hecho varias investigaciones. Eso sí que es algo interesante, aunque no lo suficiente como para motivarme. Una de ellas involucra a Christine, una mujer quien fuera dama de compañía de grandes mafiosos y millonarios por mucho tiempo. Me involucré demasiado y lo hice por mi sobrina, pero de ella no quisiera hablar...
Estaba sumido en mis pensamientos cuando al fin llega la chica... de nuevo está retrasada. Ya son pasadas las doce y tomo mis binoculares para observarla como siempre. Esta vez he optado por servirme una copa de vino tinto que tenía guardada desde hace mucho tiempo. Tomo varios sorbos mientras ella se observa en el espejo. Esta vez detalla más su rostro. Lo observa de lado a lado, de arriba a abajo. Entonces una lágrima se escapó de sus ojos azules. Se separó del espejo un poco y arregló su larga cabellera negra. Tomé de nuevo mi copa de vino y al alzarla el reflejo del vidrio se ubicó en sus mejillas. Ella se percató de ese hecho y me miró... ¡Me miró! bajé los binoculares pero ya era tarde... ella se había dado cuenta de que la había estado observando. Frunció el ceño y yo estaba paralizado.
Entonces se paró frente a la ventana... No se inmutaba y yo tampoco. Había descubierto mi juego, ¡Me descubrió! palidecí y sin más ella se empezó a mover... empezó a bailar... ¿Para mí? Aún no salía de mi trance. Entonces se detuvo y se dirigió a la puerta de entrada, parece ser que alguien tocó. Ella tomó la perilla y la puerta se abrió de golpe... Había un hombre en su departamento y comenzaron a hablar... ella hacia gestos con sus manos y le gritaba cosas inaudibles... Él también le habló fuerte, tal vez se conocen o es su pareja... aquel personaje era alto y musculoso. De pronto él la empujó hacia una de las paredes y tomó su cuello... ella logró soltarse de su agarre, pero no contento con eso la golpeó. Luego la llevó hacia su habitación y la empujó hacia la cama... no lo soporté más y salí de mi apartamento sin pensarlo dos veces y me dirigí hacia el de mi vecina... corrí como alma que lleva al diablo y subí las escaleras a toda prisa. Cuando entré al apartamento ella estaba aún en la cama, semidesnuda y con el tipo encima de ella. Él tenía sus pantalones abajo y estaba a punto de hacerle daño. Entonces lo halé y cayó.
-¡Vete!- Le grité, pero él se incorporó y quiso golpearme. Entonces ella apareció de la nada y lo empujó.
-¿No escuchaste imbécil? ¡lárgate!-
-Esto no se va a quedar así... te buscaré luego.- exclamó el tipo.
-¿Ah sí? Atrévete y verás que la policía se va a enterar de tus negocios ilícitos, que ya me los sé de memoria.- Le dijo ella.
-¡Nadie va a creer en tu palabra... no eres más que una prostituta barata!- le gritó.
-Oye, imbécil... no la insultes y vete... si no quieres aparecer mañana en primera plana.- intervine, y no sé por qué lo hice... no debí involucrarme tanto.
-¡Ya sabrán de mí, par de estúpidos!- y dicho esto salió del apartamento. Volteé a mirarla y me acerqué a ella.
-No te me acerques... vete, eres un pervertido.- me dijo.
-¡Vaya!, ¿Así me agradeces que te lo haya quitado de encima?- exclamé algo indignado.
-¿Quién demonios eres?- me miró muy extrañada... entonces se tocó el rostro y frunció el ceño.-Me duele... ¡maldición! así no podré ir a trabajar.-
-Deberías cuidar tu vocabulario...¿Tienes un botiquín?- ella asintió y señaló el baño. Entonces me dirigí hacia allá y lo tomé.
-Siéntate- Le ordené. Ella no dejaba de mirarme extrañada, pero al final aceptó mi ayuda. Empecé a curarle las heridas del rostro... ella se quejaba constantemente.
-Si no estoy mal te hice una pregunta.... no me has contestado.- Me dijo ya más calmada.
-Eso no importa ahora... - no sé por qué lo hice, pero mis ojos bajaron directamente a sus pechos, los cuales estaban descubiertos desde el ataque de ese hombre... Ella se dio cuenta y los cubrió con rapidez. Aparté la mirada. -Lo siento, no quise hacerlo....-
-¿Desde hace cuánto me observas?¿Acaso te atraigo?¿O no eres más que un pervertido que se satisface a sí mismo solo viendo el cuerpo de una mujer?- Me puse nervioso y dejé de lado el botiquín.
-Ya debo irme...- le dije y me levanté de su cama.
-¡Espera!- me detuvo. -Gracias- me dijo sin mirarme y abrazándose a sí misma. Antes de irme la observé de nuevo.
-Cierra con seguro y no le abras a nadie.... ese tipo puede volver y...-
-Sé cuidarme sola...- me interrumpió.- Pero... aceptaré tu consejo-. me dijo esbozando una tímida sonrisa. Llegué a mi apartamento y también cerré con llave. No me atreví a ver de nuevo mi ventana... solo me dormí esperando la misma rutina al día siguiente, aunque no sé qué tan monótono será...