CAPÍTULO 9 ME VUELVES COMPLETAMENTE LOCO

1316 Words
En la soledad del comedor el rey se puso de pie, el estrés de esos días le pesaban en los hombros, de pronto se sintió como si tuviera 80 años, tuvo que erguir la espalda para calmar el dolor en la espina que estaba teniendo en esos momentos, al fin todo había terminado, los años de agonía llegaban a su fin, su Joanna estaba de regreso, sin embargo, había algo en ella que no lo hacía sentirse suficientemente conforme, si, eran sumamente extrañas las circunstancias en las que Bowie se la había traído. Recordaba perfectamente la noche anterior cuando su general llegó hasta su despacho con una Joanna inconsciente en los brazos, recordaba la sensación poderosa de emoción que lo invadió cuando comprobó que en verdad era ella, recordaba la sensación de tenerla en los brazos por primera vez después de mucho tiempo, el calor que desprendía su cuerpo y lo suave de su piel lastimada… Caminó hasta los ventanales en el fondo del comedor, la noche era más oscura de lo normal y la luna brillaba con intensa luz azul. ¡Por todos los dioses! Ya no podía soportar las ganas de apoderarse de sus labios, ella era aún más hermosa de lo que recordaba, casi quedó sin aliento cuando entró al comedor y la miró metida en ese vestido n***o que la hacía ver inconteniblemente deseable, a pesar de estar herida y algo mallugada no negaba que aquello no opacara su belleza de la que era completamente esclavo. Solo tenía un detalle, algo en ella no lo satisfacía por completo, y era su sinceridad, no era para nada estúpido, y el pretexto que había dado no se lo creía ni ella, sin embargo el médico había dado la posibilidad de que no recordara una parte de su vida, le daba el beneficio de la duda, pero, en verdad Joanna siempre había sido pésima mintiéndole, a pesar de haber cambiado, todavía conservaba esas señas particulares que la descubrían cuando mentía. El problema era saber, ¿Qué era lo que estaba ocultando?, era demasiado loco pensar que ella estuviera involucrada en el acto del bar y en los demás que le siguieron, debía tener alguna clase de cómplices para poder lograr todo aquello, la pregunta era, ¿Dónde estaban esos cómplices? ¿En verdad Joanna estaba involucrada? Y ¿Cuál sería su propósito para atacar el reino?, pero estaba la otra posibilidad de que en realidad ella fuera completamente inocente y hubiera estado en el lugar justo, quizás y ella regresaba de donde estuvo todo ese tiempo, o también ella nunca se fue… Tuvo que restregarse la cabeza y llenar una copa de coñac, esa mujer lo volvía loco, parecía como si ella se empeñara en hacerlo perder la cabeza, por un lado la deseaba de todas las formas y maneras posibles, y por el otro, era muy misteriosa y podía saber algo sobre quienes amenazaban su reino, debía hacerla hablar o estallaría. Se sostuvo las sienes, debido al inminente dolor de cabeza que se le estaba por soltar en cualquier momento, tenía que resolverlo en brevedad o su reino y cordura se irían por el caño, así que soltando un largo suspiro caminó hasta el lugar donde ella se había sentado, aún su plato estaba sobre la mesa, completamente intacto, incluso su copa de coñac estaba llena, no había comido absolutamente nada y no entendía por qué, se llevó una mano anillada a los labios en un gesto de duda, luego se aventuró a tomar el tenedor de Joanna, el cual reposaba medio desacomodado sobre el fino mantel de seda rojo, pincho una fresa abandonada y se la llevó a la boca cerrando los ojos, sacó la fresa con los labios arrastrando el metal por su lengua recordando como Joanna hizo lo mismo hacía apenas una hora atrás, la fruta exploto en su boca con una deliciosa dulzura que le estremeció la piel, así imaginaba que sabría la piel lechosa de ella al contacto de su lengua caliente, tragó el pedazo de fresa, luego se relamió los labios lentamente arrastrando los restos de jugo rojo que se habían escapado por su boca, aquello hizo despertar una parte de su cuerpo dormida, tan intensamente que tuvo que dejar el tenedor en la mesa cuando sintió aquel ardor corriendo por su cuerpo tan incandescente que juraba terminaría cubriéndose de poderosas llamas naranjas, se sostuvo por el respaldo de la silla soltando todo el aire contenido en sus pulmones por la nariz. Esa chica le volaba la cabeza, más que nunca. Unos golpes en la puerta lo hicieron controlar su ya evidente erección que amenazaba con delatarlo en cualquier momento, se tomó unos segundos para bajarlo en controles mentales, y cuando su cuerpo se relajó (más no se enfrió) fue cuando dejo que quien llamaba apareciera. -Perdone la intromisión alteza pero, me temó que su concejal desea una reunión con usted-. Dijo su mayordomo principal luego de hacerle una reverencia. El rey sol aspiró con fuerza, la cabeza y sus pantalones le estaban por explotar. -No tengo tiempo ahora-, los ojos fríos del rey se posaron temibles sobre el mayordomo, quien se estremeció ante la mirada de su rey –dile que mañana los recibo-. Sentenció metiendo las manos en los bolsillos. Su sirviente rápidamente se inclinó y se marchó sin hacer el más mínimo ruido, dejando a Chariose solo con el mar de pensamientos. Aguardó un momento, y poniendo los hombros rectos salió del comedor con sus guardias personales, los que lo esperaban apostados fuera de la gran habitación, lo siguieron hasta que entró a sus aposentos pisando fuerte, cerró la puerta y de inmediato se sacó la ropa de encima que de pronto le estorbó, dejó su cuerpo desnudo mientras se deslizaba entre sus frías sábanas negras que para su deleite olían a ella, enterró la nariz en la abultada almohada fresca mientras las cortinas del balcón se movían lentamente mecidas por la sutil brisa helada que se colaba hasta su cama, su cuerpo que apenas y podía controlar cada vez se calentaba a ritmos acelerados, tan incontrolables que estaba por perder toda compostura, y es que no entendía el porqué de pronto su cuerpo reaccionaba de aquella manera, nunca desde que poseyó por primera vez a una mujer se había calentado de esa forma y menos tan rápido, era tanta su necesidad que no se privó de la fantasía de imaginar la sensación de deslizarse dentro del cuerpo caliente y hermoso de su Joanna, acarició la idea de poder hacerlo y comprobar el sonido de su voz envuelta en placer, lentamente su cuerpo despertó volviendo a exponerlo firme en medio de la cama, recordó sus ojos, sus labios rosados y lo excitante que sería poder tenerla devorándole a besos, el bochorno se le subió a la cabeza, tuvo que acomodarse boca arriba para poder amansar sus ansias de ella, casi no podía controlar las ganas de llevar sus manos a su entrepierna despierta. No fue hasta que rememoró que su Joanna ocultaba algo de lo que ni siquiera podía hablar cuando su cuerpo poco a poco se comenzó a apagar, como si de pronto el fuego que lo estaba quemando se terminara de consumir, para darle paso a una sensación de desconfianza y ansiedad. Cerró los ojos, estaba completamente exhausto de todo y de todos, dejó que el cansancio se apoderará de él, que la decepción se comiera su deseo y menguara las ganas, su cuerpo volvía a relajarse, sus ojos dorados se humedecieron… pero, era el rey de todo, se recordó, llorar no era una opción, así que completamente devorado salió de su cama y se metió a su imponente baño donde permanente agua caliente lo esperaba cada que se le antojara, quizás y tomar un largo baño bajaba todos esos pensamientos tan intensos que no hacían otra cosa más que intentar volverlo loco.  
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