Meditaba mientras miraba el hermoso vestido extendido sobre su cama, todavía decidiendo si debía presentarse o no, con las manos frías de los nervios caminaba de un lado a otro mientras la noche caía en el reino, y es que no dejaba de tener terribles recuerdos del día en que su vida se había ido al caño, con escalofríos recordaba como corrió por las calles desiertas en mitad de la madrugada con un lindo vestido blanco, la cara cubierta de lágrimas y el corazón roto.
Sus ojos amenazaron con resbalar lágrimas por sus mejillas, esa había sido uno de los recuerdos que podía sentir bien vívidos en donde podía describir cada detalle, tuvo que abrazarse a sí misma recordando el terror que había sentido cuando se topó con aquellos hombres que en vez de ayudarla tomaron provecho para golpearla y poder violarla entre todos, miró la puerta siempre abierta de su balcón, aquella noche Griffin le había sacado a sus agresores que no pudieron lograr su cometido, mientras que frente a sus ojos miraba como se los devoraba completos, sin embargo aquella noche el que pensó la había salvado, solo se estaba divirtiendo, y que la había dejado al final, como postre.
Recordaba gritar como loca cuando se le arrojó encima, rompiéndole lo que quedaba del vestido, pero, muy para su sorpresa, algo pareció detener sus agresiones luego de mirarla a los ojos, algo que Joanna desconocía había pasado, lo que descubriría mucho después, sin embargo, luego de colgársela en un hombro, se la llevó para enseñarle un mundo que ella no conocía y que se volvió suyo desde aquella vez.
Tembló todavía con las imágenes revotándole en la cabeza.
Se relamió los labios tomando el vestido por los hombros para mirarlo en detalle, su vestido que le causaba una oleada de sensaciones cuando visualizaba todo lo que había hecho con ese vestido puesto, Griffin se lo había traído cuando luego del carnaval esté se le presentó en su habitación con el vestido oculto en una bonita caja negra, tomándola por sorpresa;
-¿Cómo es que lo trajiste?- Le había preguntado, ese vestido lo había dejado en una de las mansiones donde se reunían cada año a muchos días de distancia.
-Gal lo trajo, le pedí que lo hiciera-. Le contestó causando que un respingo de pánico se apoderara de ella, Gal y Ginebra ya habían llegado y no los había visto venir tan pronto, una punzada de sospecha asomó en su corazón, Griffin era completamente capaz de haberlos traído solo para causar problemas.
Y para colmo había traído ese vestido, había sido su favorito por mucho tiempo, pero no lo era ahora que podía usarlo en la fiesta de Chariose, no al comprender que ese vestido tenía una carrera violenta y desenfrenada.
Soltó el aire contenido en sus pulmones.
Sin embargo, solo era un vestido… simplemente era ya el pasado.
Un estremecimiento la hizo decidir así sin pensarlo mucho, iría, le era justo y necesario una pequeña distracción, además Griffin no la molestaría en esa fiesta, se suponía se quedaría con Ginebra y Gal para iniciar su degenere, su corazón latió con fuerza, corriendo tomó una ducha rápida y se acopló el vestido, el único que tenía, ya que después de haber regresado el verde que arruinó, Pierre ya no le prestó ninguno, con habilidad se acomodó el vestido, poniéndose unos hermosos zapatos plateados que hacían juego con el magnífico vestido n***o que le resaltaba el rojo de su pelo, se maquilló con profundos ojos ahumados y sencillos labios beige y se vio lista.
Comprobó su apariencia, lucia regia en el exuberante vestido de transparencia en una fina tela humosa y con pequeños destellos plateados en la falda y en el corsé que por si fuera poco descendía en “V” hasta antes del ombligo, resopló mirándose, su cuerpo vibró, quizás el vestido era demasiado, sin embargo, paso de ese pensamiento, un recuerdo de ella modelando el vestido por primera vez frente a su diseñador le causó una sonrisa, él, quien por si fuera poco había sido modista de la reina Antonieta de Francia le regalaba una mirada soberbia, para luego reconocer que había sido una de sus más grandes creaciones.
Echo una última mirada a su pelo suelto como una cortina ondeante en sus hombros y espalda, y luego, salió de su habitación todavía con los nervios a flor de piel, para su fortuna los pasillos cerca de su cuarto estaban vacíos, lo que le dio la confianza para caminar a paso seguro consiente que iba tardísimo, hasta cierto punto tuvo que arreciar el paso para lograr llegar aunque sea a una hora decente, se frenó en una esquina de los pasillos para comprobar que había invitados, los cuales hablaban entre ellos animosos, con copas de coñac en las manos y ropa cara.
Se aclaró la garganta y caminó, sin embargo, de inmediato las miradas se posaron en ella tan intensas que las sentía clavadas por todo su cuerpo, algunas mujeres la miraban con envidia, otras más con admiración, mientras los hombres con la boca abierta en deseo.
Joanna no dejó que algo como eso la perturbara, continúo caminando con seguridad hasta que las puertas del salón la recibieron, fue allí que titubeó, lo meditó por un momento, las manos le sudaron, se reprendió, jamás había tenido una reacción como esa, se sentía patética, su corazón palpitó en su pecho, ¡era una estupidez!, susurro ella arrepentida de haber salido sin pensarlo mucho, y cuando estaba dispuesta para regresar sobre sus pasos, las puertas del salón se abrieron de pronto, revelando a un Bowie que la recorrió completa con los labios abiertos de sorpresa.
Joanna quedó clavada como una estaca.
-¿Joanna?- Masculló el General todavía con la sorpresa en los ojos, ella forzó una débil sonrisa mientras le extendía una mano para que esté la ingresara en el salón, donde por si fuera poco, ya los invitados estaban más animosos y bailando en una enorme pista adornada con flores y listones, acorde al carnaval, Bowie sudó frio tomando la mano de ella con temblor, consiente que ella causaría un revuelo, especialmente al rey quien se mantenía en su trono completamente aburrido.
Entraron, efectivamente, las sospechas de Bowie eran acertadas, las miradas y los cuchicheos no tardaron, entornó la mirada a la pelirroja, quien parecía estar serena, la condujo con dirección a las escaleras donde al final de estas el trono n***o estaba, donde Chariose miraba.
Pero, ella se soltó del agarre del general sin un toque de perturbación, como si ella estuviese sola en el salón rumbo al rey.
Al rey sol se le detuvo el corazón cuando la miró plantarse al final de las escaleras con un extraordinario vestido n***o que dibujaba a la perfección sus curvas y realzaba su apabullante belleza de fuego, él se inclinó en su trono mirándola fijamente a los ojos, desapareciendo a las personas y el ruido, solo existió él y la hermosa chica que le reverenciaba sin dejar de mirarlo a los ojos con aires de seducción.
Esto hizo que todos se dieran cuenta de la reacción del rey, las miradas de los presentes vieron como el soberano quedó hechizado por la hermosa mujer de pelo rojo que quitaba el aliento.
Luego, ella se marchó, con pesar Chariose tuvo que mirar como ella se salía del frente de sus ojos de oro, para comprobar que se le perdía entre el mar de personas que cuchicheaban entre ellas, apretó los puños en los descansos de su trono, de pronto estaba tan ansioso que incluso la música le molestó, tragó saliva con dificultad, meditando si era correcto seguirla o quedarse sentado en su trono mirando como ella se alejaba más de él.
Apretó los dientes, sin detenerse mucho a pensarlo, decidió que correría tras de ella, fue interrumpido por un grupo de jóvenes hijas de nobles quienes habían pasado a mirarlo con el pretexto de saludarlo, Chariose se remolinó incomodo, maldiciendo sus deberes como rey, así que viéndose obligado tuvo que quedarse aún muy para su pesar.
Mientras una muy celosa Enith sentía como su estómago se retorcía al darse cuenta que ella no era la más hermosa de la fiesta, y que, muy para su mala suerte Joanna era quien había dejado a un increíblemente impresionado rey, apretó los labios caminando hacia el trono n***o donde Chariose convivía con un grupo de mujeres con un evidente rostro aburrido, algo debía hacer si quería que él la mirara, así que se emprendió como una locomotora hacía el rey, completamente decidida a llegar hasta él.
Troto entre taconeos, subió las escaleras que la llevarían hasta el trono, sin embargo, a mitad de camino fue el mismo Bowie quien la interceptó, impidiendo que Enith arruinara el humor del rey.
-Si me permites, baila conmigo-. Masculló bajamente Bowie ofreciéndole una mano, Enith lo miró con los ojos entrecerrados pero gracias a su hazaña, hubo quienes la miraron, por lo que se vio obligada a aceptar la mano del general.
La chica de brillantes ojos chocolate lo miró con cara de pocos amigos, pero juntos se emprendieron hacia la pista de baile que refulgía de parejas que bailaban un son instrumental.
Joanna tuvo que salir del baile, de pronto se sentía asfixiada, había tenido que contener sus ganas de salir corriendo, consiente que había cometido un grave error, así que escapando llegó hasta el balcón enorme donde desembocaba al grande y decorado jardín del castillo.
El aire frio la recorrió completa, enfriándola, se abrazó a si misma con la cabeza llena de recuerdos, todos desagradables, se relamió los labios con el cosquilleo del llanto humedeciendo sus ojos, parpadeando miró a su alrededor, irónicamente, sus pies la habían traído de nuevo al mismo balcón donde un Chariose de 17 años le había roto el corazón, un desagradable estremecimiento la recorrió completa, si, había sido una estúpida por haber ido a una fiesta muy parecida a la que le había arruinado su vida.
-¿También saldrás corriendo está noche?- La sorprendió la jocosa voz de Griffin justo a su lado.
Joanna apretó las manos mirando a su compañero enfundado en un elegante traje n***o que le sentaba muy de maravilla, la ira recorrió sus venas al darse cuenta que Griffin no había cumplido con lo que había prometido.
-¿Qué mierda estás haciendo aquí imbécil?- Respondió la pelirroja caminando hacia él con enojo, Griffin alargó su sonrisa mirándola llegar hasta él, con la evidente intención de golpearlo.
-Tranquila-. Griffin levantó las manos en señal de rendición, pero esto no pudo detener el poderoso puño de Joanna hacia su perfecto rostro marmolado, sin embargo, logró detener el violento puño a mitad de su cara, tomándola de la muñeca con fuerza.
Joanna gruñó irritada, sus ojos humedecidos reflejaban toda la frustración que guardaba dentro de ella, lo que pareció divertir al sádico rubio.
-¡Lo único que haces es joderme todo Griffin!- Gritó ella, pero el grito fue ahogado por la armoniosa música del interior del salón.
-Relájate preciosa-, Griffin se recargó en la valla que dividía el balcón del jardín –solo vengo a verte, no pienso interferir-. Confesó lo último encogiéndose de hombros.
Joanna resopló, soltando todo el aire contenido en sus pulmones, luego él se acercó tomándola de la cintura con aires lujuriosos, Joanna lo apartó de un movimiento, pero él aferró su agarre imposibilitándola salir de sus brazos.
-Ya déjame en paz, de una vez por todas-. Se miraron fijamente a los ojos.
-Salgamos de aquí-, exclamó susurrándole en el oído izquierdo, Joanna se estremeció –escuche que al mismo tiempo de esta fiesta, se celebra otra en el castillo, una fiesta más animosa-.
Ella se apartó unos centímetros mirándolo fijamente a los ojos.
-¿De qué hablas?- Preguntó ella, Griffin se apartó cuando una pareja salió al balcón y los miró con el ceño fruncido.
Joanna se aclaró la garganta.
-El ministro de defensa se estaba quejando de esa fiesta, el muy idiota parece no estar de acuerdo con eso, pero él mismo fue quien dijo en que área se estaba desarrollando-. Mascullo poniéndose las manos en los bolsillos.
-¿El rey sabe de eso?- Dijo casi en un susurro.
Griffin volvió a estirar los labios en una amplia sonrisa.
-Por supuesto-, dijo –por lo que escuche parece ser que hubo un tiempo en que Chariose iba luego de la gala-, musitó como si lo que estuviese diciendo fuera un delito –solo que a últimas fechas había dejado de ir-.
Joanna tomó aire por la nariz.
-De todos modos, no tengo ánimos-. Ella se giró dándole la espalda, abrazándose a sí misma.
Se hizo un silencio corto.
Unas manos frías la tomaron por los hombros al momento en que la pareja intrusa se perdía sospechosamente en el oscuro jardín, la pelirroja sintió el ardor del deseo crecer en su cuerpo, intentó contenerse, pero, él chico la giró para volver a tenerla frente a él, he inesperadamente Griffin se acercó a sus labios para meter su lengua en el interior de la boca de ella tomándola por sorpresa, Joanna abrió los ojos paralizada por el deseo mientras sentía que él la envolvía con su lengua de una manera sumamente hambrienta, Griffin no esperaba que ella respondiera, solo se limitó a seguir besándola mientras la miraba fijamente a los ojos, para finalizar, mordió el labio rosado de ella, para después apartarse relamiéndose los suyos.
-Ese beso es un saludo que Gal te envía-. Él sonrió, Joanna puso los ojos en blanco soltando aire por la boca.
-Estoy completamente harta de eso-. Joanna se encontraba demasiado irritada – Ya vete, ya es suficiente-.
Griffin entrecerró los ojos.
-No sin antes, despedirme como se debe de ti-. Se acercó tomándola por una mano, pero ella lo apartó mirándolo con odio, Griffin sintió como su excitación crecía, apretó el agarre provocando que ella reaccionara de una manera agresiva, y sin comprobar que alguien pudiera verlos se sacó la mano del rubio con un rápido movimiento para después propinarle una sonora bofetada que causó que el rostro de Griffin se ensombreciera.
-¡Parece ser que no fui clara Griffin!, ¡lárgate!- Le gritó, Griffin se quedó quieto con el rostro oculto entre su pelo dorado.
-Me golpeaste-. Mascullo él, más para el mismo que para ella.
-Lo volveré hacer si no te largas de una vez-. Joanna se preparó para irse pero él volvió a detenerla por la muñeca, la ira de la pelirroja, escaló por su cuerpo.
Lo mataría.
-Te dije que no me iré así nada más-. Dijo con voz oscura, apretó la muñeca de Joanna con mucha fuerza, tanta que ella sintió como sus huesos comenzaban a tronar, la pelirroja reaccionó de inmediato, tomo la mano del rubio dispuesta a arrojarlo con fuerza al jardín.
-Tú fuiste el que dijo que solo venías a mirar, ¿ahora que recuerdo?- Ella lo miró al rostro todavía ensombrecido.
-¿Qué es lo que recuerda señorita Joanna?- Intervino una voz que congelo la sangre de la pelirroja, Joanna giró la cabeza hacia la entrada del salón, donde un peligrosamente atractivo rey miraba la escena con hielo en los ojos.