Una vez que nos hospedamos en el lujoso hotel de nuestros socios comerciales, no pasó mucho tiempo para que establecieran un pesado horario de reuniones.
Y como era de esperarse, el señor Terrence Clark me ha ignorado por completo y ha mantenido la postura jefe desde que salimos únicamente me ha dirigido la palabra para decirme que realice ciertas anotaciones específicas en mi agenda que tienen que ver con modificaciones en el sistema operativo para una experiencia completamente personalizada del cliente.
No obstante cuando Terrence se encuentra explicando los detalles del software, la puerta se abre llamando la atención de todos en la sala. El pequeño lugar donde nos encontramos parece haberse llenado de una gran tensión cuando aparece por la puerta el mismísimo Mikale Strovanov.
La postura del señor Clark se pone tensa y su mirada va dirigida a mí con un filo completamente innecesario ¿Qué se cree?
Ante la atenta mirada de todos, el recién llegado comienza a hablar.
-Lo siento por interrumpir caballeros y…-hace una pausa para mirarme de arriba abajo, no puedo evitar sonrojarme y continúa-bella dama, no pensé que vendría a la reunión, pero se cancelaron unos eventos en mi empresa y decidí asistir. Continúen.
Y sin más toma asiento junto a mí con una enorme sonrisa en sus labios, acomodo mi postura a una más recta y le regalo un asentimiento cordial. Siento el calor de una fuerte mirada que me taladra, sin necesidad de voltear puedo deducir quien es.
Su semblante ha cambiado y en el momento que conectamos miradas, decide voltear e ignorarme por completo, se encuentra serio y en ningún momento de lo que quedó de reunión volvió a dirigirme la mirada. De hecho, una vez terminada su presentación él volvió a su asiento y empezó a realizar por su cuenta las anotaciones, sin tomarme en cuenta.
Una vez finalizada la tortuosa reunión de ¨las princesas hielo¨, salgo disparada fuera de la sala buscando un poco de aire fresco. Cuando logro controlar todos mis sentidos, no consigo a mi jefe por ningún lado.
Una mano se posa en mi brazo y pensando que es Terrence me volteo fuertemente; sin embargo, me encuentro con una persona completamente diferente y que… no es del total agrado de mi superior laborar.
Mikale me recibe con una despampanante sonrisa que me sorprende su buen humor, teniendo en cuenta la dirección que tomó la reunión es muy posible que no se ejecute la negociación. Bueno, de igual forma es el día 1 de 5 y todavía están sujetos a cambios y negociaciones.
-¿Te gustaron las flores?-pregunta y acaricia ligeramente mi brazo con su dedo pulgar dejándome un poco incómoda ante ese gesto tan íntimo.
-Sí, muchas gracias, señor Strovanov.
Su gesto se deforma un poco ante mi tono respetuoso, pero ¿Qué espera? No he tenido ningún tipo de contacto con él además del laboral y me resulta incómodo tutearle. El hecho de que me haya mandado flores alguna vez no significa que ahora seamos mejores amigos.
-Puedes llamarme Mikale, no hay ningún problema. Si estás libre más tarde podríamos salir al bar del hotel y quizás tomarnos algo.
Uh, Mikale invitándome a salir es una situación incómoda que preferiría evitar, especialmente tomando en cuenta las exigencias de mi jefe en cuanto a relaciones personales en el trabajo.
Tremendo hipócrita, pienso.
Justo cuando estoy por negarme de una forma muy cordial, soy interrumpida por una voz que conozco muy bien.
-No está disponible, Mikale.-espeta mi jefe con tranquilidad; sin embargo, yo soy todo lo contrario a tranquilidad. Su mano se encuentra apoyada alrededor de mi cintura y un con pequeño jalón retira el tacto de Mikale de una manera un tanto brusca.
Gesto que no pasa desapercibido para el hombre trajeado que se encuentra frente a mí, durante unos segundos parecen haber instalado una batalla campal de miradas en la que inocentemente he quedado en medio.
¡Y yo no hice nada!
Además, ni que fuese muda. Yo misma podría haber denegado o aceptado por mi cuenta.
-Hola, Terrence. Excelente intervención hace un rato. Le preguntaba a Dominic si le gustaba hablar de algunas ideas para la promoción de este nuevo software en otras de mis inversiones.
Terrence lo analiza antes de responder tranquilamente:
-Estaremos ocupados por la tarde, si quieres hablar de negocios podremos hacerlo tú y yo el día de mañana.
Sin esperar ningún tipo de respuesta, se da vuelta arrastrándome consigo. No fue hasta entrar en el ascensor que me doy cuenta de la fuerte que me tiene agarrada.
-Señor Clark, me está lastimando…-farfullo bajito, su respiración es pesada por lo que decido actuar con tacto.
En cuanto se cierran las puertas del ascensor, me voltea violentamente en una milésima de segundo contra la pared, estoy acorralada.
-¿Quieres acostarte con él?-escupe molesto, por primera vez desde que llegó Mikale lo veo a los ojos y siento que voy a desmayarme: la mandíbula tensa marca la vena de su exquisito cuello, sus ojos me miran molestos y es ahí cuando caigo en cuenta de lo que ha dicho.
¿Es en serio que está preguntando eso? Ruedo los ojos y decido responder a forma de reto:
-¿Y si quisiera qué?
Digo cruzándome de brazos sin darme cuenta de que acabo de activar una bomba, dicha bomba que tenía muchos cables para desactivar y justo el que decía no tocar, vine y lo corté.
Sus labios se estampan con los míos tomándome por sorpresa, abro la boca para darle inicio a un ardiente duelo de lenguas. Su mano aprisiona las mías sobre mi cabeza dándole el control de la situación.
Terrence Clark, mi odioso jefe me aprieta contra su dura erección y no puedo evitar soltar un fuerte gemido ante la humedad que esta provoca en mi centro. Su fragancia me adormece y no puedo moverme, solo corresponder a este exquisito roce tan íntimo. Muerde mi labio inferior con fuerza para después hablar.
-Si vas a acostarte con alguien, será conmigo.-murmura con fuerza entre mis labios para volver a besarlos segundos más tarde.
Las puertas del ascensor se abren en nuestro piso y por suerte no había nadie esperándolo, porque menudo espectáculo que se hubiesen llevado.
Me toma ágilmente entre sus brazos y sin cortar el beso, entramos a la lujosa habitación de Terrence.
-¿Crees que él podría hacerte sentir como yo?-gruñe en mi oreja cuando me tumba sobre la cama.
Me observa con deseo, estamos rompiendo todas las reglas y se siente tan jodidamente bien que no me importa que mañana me trate como a su secretaria. Lo deseo aquí y ahora.
Sus manos acarician mis piernas desnudas bajo mi falda y tiemblo al ver cómo se oscurece su mirada, frota con agilidad en mi centro y cierro mis ojos ante el calor que crece en mi vientre. Abre mis piernas aún más, pero esta vez es para insertar su cabeza dentro de mi prenda.
¿Qué está…?
Un gemido brota desde lo más profundo de mi interior cuando su aliento choca directamente con mi centro húmedo, su lengua acaricia con suavidad y el calor de mi cuerpo incrementa a la par de mis respiraciones.
Su cabeza se clava como si de un dulce se tratara y no puedo evitar apretar mis manos en su nuca con fuerza, el fuego de mi sexo se vuelve cada vez más ardiente. Lame, chupa y besa como un poseso.
No puedo pensar, ni puedo controlar mi cuerpo, soy un manojo de sensaciones a punto explotar de deseo en su boca.
-Córrete para mí-murmura entre mis pliegues.
Sus palabras. Sus jodidas palabras fueron el detonante para venirme en cuestión de segundos.
Se pone de pie y me mira salvaje, sus ojos azul claro se han tornado de un profundo océano de deseo, tiene el cabello despeinado por mi culpa y la camisa a medio abotonar. El bulto de su pantalón está tan marcado que podría jurar que le duele, nos vemos fijamente y como una coreografía nos lanzamos a los brazos del otro en un beso salvaje.
Nos quitamos la ropa con desespero y antes de que pueda decir una sola palabra, me penetra… duro.
Gemimos al unísono cuando nos invade la abrumadora sensación de nuestros cuerpos unidos, me mira fijamente y me pierdo en su mirada.
Me estaba haciendo el amor, y joder que delicia.
El ritmo de sus embestidas es embriagador, al punto que debo cerrar los ojos para no venirme por segunda vez en la noche.
-Mírame, Dominic. Soy yo él que te está follando.
-Dios, no puedo… Terrence no me quiero venir.-suelto en un suspiro.
Como si le dijera que me diera hasta acabar, sus estocadas incrementan y me toma del cuello.
-Grita mi nombre, quiero que todos aquí sepan que eres mía esta noche.
Y por segunda vez en la noche, me vengo maullando su nombre, pero esta vez, él me acompaña apretándome a su pecho y nos desvanecemos en la comodidad de las sábanas blancas.
¿Es posible que mañana me arrepienta? No lo sé, en estos momentos estoy muy cansada como para pensar en si estuvo bien romper las reglas laborales por lo que me dejo ir, sin embargo, esta vez no son los brazos de Morfeo, sino en el regazo de mi exquisito jefe.