Cap. 12: ¡Investiga todo sobre esa niña!
En el "Grupo Sosa", el regreso de su verdadero CEO desestabilizó el ambiente de la oficina. La secretaria ejecutiva principal, Romina Acuña, durante veinte años fue considerada la cabeza de la compañía; pero el sorpresivo regreso de Alfredo Sosa la dejó en evidencia.
Alfredo era un hombre calculador y muy hostil. Durante su juventud, era considerado el chico malo de la familia que no lograría mucho, pero en los últimos veinte años su carácter cambió. El hombre que se negaba a las responsabilidades de la vida adulta se apoderó de todo el patrimonio de su familia y lo multiplicó hasta convertirlo en uno de los grupos más poderosos a nivel nacional e internacional.
Los murmullos y burlas sobre Romina no tardaron en llegar, pasó de ser una mujer respetada a la que adulaban por ser la CEO del grupo, a ser solo una secretaria más de la oficina principal.
Alfredo era un hombre que amedrentaba tanto a sus socios comerciales como a sus empleados. Con un tono calmado, pero tan frío que helaba la sangre de los presentes, informó: "El CEO Rodrigo Ibáñez vendrá a una reunión fuera de agenda; cuando se anuncie, déjenlo pasar y luego no quiero interrupciones".
Rodrigo Ibáñez era uno de los solteros más codiciados; rico y atractivo, el combo perfecto, pero nunca tuvo una relación oficial ni escándalo amoroso. Todas esperaban tener la posibilidad de algún tipo de acercamiento con él, se corrigieron su maquillaje y esperaron su llegada.
La recepcionista en la planta baja se sonrojó al ver a un muchacho tan guapo, luego notó que a su lado se encontraba una muchacha "bonita" pero no lo suficiente para ser la pareja de alguien tan atractivo como él.
Les indico cuál era el piso del CEO; la recepcionista, por estar concentrada en los gestos de Rodrigo olvidó revisar quiénes eran los visitantes. Luego de pasar unos cinco minutos decidió "stalkear" sus r************* , revisó el registro y tipeó Rodrigo Ibáñez. Sus ojos no podían creer que ese chico era el CEO de la familia Ibáñez.
El ascensor se abrió y la cara irritada del CEO apareció, intentó hablarle, pero el muchacho solo quería que esa chica común y corriente tuviera toda su atención. La recepcionista estaba temerosa de perder su trabajo, solo llevaba dos meses, lo que significaba que seguramente sería despedida.
Alfredo luego de revisar las cámaras, regresó a su oficina sin reprender a ninguna de las agresoras, de eso se encargaría después.
Las mujeres sentían el pecho apretado; un hombre bastante desalineado que se encargaba de controlar las cámaras de seguridad se presentó en la oficina.
Las caras de desprecio lo intimidaron, pero debía cumplir con la tarea encomendada por su jefe, apretó el sobre y se negó a dar explicaciones. Romina intentó arrebatarle el sobre, pero él no lo soltó, de forma cruel lo amenazó: "Mugroso, entrégame el sobre, ¿no sabes quién soy?". El hombre, fiel a su jefe, respondió: "Señora, solo sigo órdenes del señor Sosa". Romina quiso abofetear al hombre por faltarle el respeto en público, pero una voz fría y agresiva se escuchó detrás de ella: "Creo que todos necesitamos saber quién eres". Eso fue terrible para su estatus en la oficina. Alfredo le pidió al hombre que ingresara a su oficina, dejando que todos murmuren sobre ella.
Alfredo era cruel, pero esté muchacho desalineado de seguridad le agradó, le demostró su lealtad a él. "¿Mejoraste la calidad de la imagen?" mirando con ternura la foto. "Sí, solo quería que los rostros sean claros, podría ser más fácil de investigar o localizar a las personas de ser necesario." Lo dijo sin pensar, era un "nerd" que le gustaba ser eficiente en su trabajo. Una sonrisa amable apenas se marcó en su rostro. "Gracias muchacho, eres muy inteligente, esto me ayudará a encontrar su nombre." Al escuchar esas palabras, una idea cruzó por su mente. "Señor, si quiere conocer la identidad de una persona en un par de minutos puedo tener toda la información. Estudié informática y podría ayudarlo, además el nombre no será difícil de descubrir; en recepción deben haber tomado sus datos."
-Muchacho, investiga todo sobre esa joven, hasta el más pequeño detalle. Si lo logras, prometo ser muy generoso contigo. El joven de seguridad sin dudarlo, aceptó. Eso ayudaría a terminar sus estudios y cumpliría su sueño infantil de ser un detective privado. Antes de volver a su estación de trabajo, Alfredo le entregó una tarjeta para gastos y una tarjeta con su información personal: -Muchacho, ese es mi número personal, infórmame cuando tengas la información. Recuerda, sobre este asunto no puedes hablarlo con nadie. - Con una sonrisa que solo producía escalofríos en sus subordinados.
Alfredo se quedó contemplando la imagen. Estaba seguro de que esa niña tenía algo que ver con Consuelo Méndez.
Romina se mantenía inquieta por la actitud de Alfredo, era claro que algo tramaba. Necesitaba averiguar si había logrado ver el rostro de esa muchacha. Pasó años tratando de arruinar la imagen de Consuelo frente a Alfredo, logró que desapareciera y ahora vuelve veinticinco años después. Si el CEO descubría la verdad, su vida estaría acabada, no la dejaría escapar.