Lucìa Rolland

1854 Words
Había despertado temprano, lo sabía porque mi nana no había venido a despertarme a las 7am como cada día. Eché un vistazo al reloj que se encontraba en la pared de enfrente. —6am— susurré para mí. De pronto lo recordé, hoy era mi primer día en la universidad, en una universidad real, con personas reales, con profesores reales, con instalaciones reales. Había intentado por años estudiar en un colegio y no en casa frente a una laptop como me lo pedía mi padre. Y sé que podría sonar raro que una adolescente de 19 años quisiera tal cosa, normalmente las personas de mi edad huyen de cualquier cosa que tenga que ver con un colegio o universidad, pero si sólo pensaran un momento en todo lo que tienen y no en la rutina, quizá pensaran como yo. Sólo imaginen, no hablar con nadie mientras ves clase porque simplemente no hay nadie más que tú y una laptop, no bromear nunca con sus compañeros y a veces hasta con los profesores, o quizá a veces escaparse de clase con una banda de amigos. Amigos... Otra cosa que no tenía gracias a mi constante encierro, sólo Paula y Juan Pablo eran todo lo que yo podía llamar amigos. Pero por supuesto no los conocí en la escuela, en un campamento, en una salida al cine o en una plaza. Juan Pablo es el hijo de la asistente número uno de mi Padre, el Señor Presidente. Y Paula, la única hija del vicepresidente, ellos siempre han estado en mi círculo social, el cual sólo se divide en; grandes juntas, campañas políticas, actos de beneficencia, y fiestas que mi padre realizaba. Fue así, como esos dos se volvieron mis mejores y únicos amigos. No entendía la obsesión de mi padre por la seguridad, y mucho menos entendía cómo no le causaba molestia no tener privacidad. En lo que a mí respecta, odiaba estar vigilada cada parte de mi día. Literalmente, cada hora de cada día tenía 8 guardaespaldas conmigo, más el chofer. Y no son los mismos, de ser así ya estaría muertos de cansancio. De 7am a 12am me cuidaba el grupo de Sebastián, básicamente ellos tenían el trabajo duro, cuidaban de mi desde que despertaba hasta que dormía. Luego llegaba el grupo de Johann para cuidarme de 12am a 7am, muy poco hablo con este grupo, no se puede hablar mientras estás dormida. El chofer si era constante, o... casi siempre. Salí de mis pensamientos cuando escuché a nana tocar la puerta de la habitación. No contesté, así que entró tal como su contrato lo dice: Si después de tres toque nadie contesta, deberá entrar. En cuanto la vi le sonreí. La conozco desde que tengo memoria, diría que es como mi abuelita y la de Vale mi pequeña hermana de tan sólo 13 años. —Mi niña discúlpame, pensé que seguías durmiendo. Toqué tres veces — Que me diera ese tipo de explicación me daba ternura, jamás podría reprocharle nada y aunque yo la veía como mi familia, ella aún me trataba con mucho respeto. Sonreí —Lo sé Nana —Sentí cómo la luz mañanera se apoderaba de mi habitación cuando Nana abrió las enormes cortinas. —Me he enterado que al fin irás a la universidad que querías, ¿cómo lo has logrado? —Dijo mientras se sentaba en la orilla de mi cama. Ella sabía cómo odiaba de vez en cuando mi vida, ella sabía todo de mí. Suspiré —Me costó muchísimo Nana—bajé la mirada y recordé ese momento con mi padre —Días anteriores— —No. Es un rotundo no Lucía — Lucía, así me llamaba cuando estaba molesto o en desacuerdo conmigo. —Papá por favor, nada me pasará tengo vigilancia a cada momento cuando no estoy en casa. Has puesto casi diez hombres fornidos sólo para cuidar a una pequeña adolescente ¿crees que alguien se acerque a mí? Salió de su despacho, yo detrás de él por el gran pasillo que parecía interminable —Hija, sé que estas cosas te abruman pero es tu seguridad y esa está por encima de todo. — ¿Incluso por encima de mi felicidad? Suspiró. —Sí, incluso por encima de tu felicidad. Eso dolió. —Papá sólo quiero ser una chica normal, que hace cosas normales. —Eres normal y haces cosas normales hija. —Acompañarte al congreso no es "hacer cosas normales" —Hija, no te entiendo. ¿Sabes cuántos adolescentes quisieran estudiar como tú lo haces? Yo quería eso, y en cambio debía ir a esas instituciones. Ya habíamos salido del pasillo y por lo que veía, saldría de la casa. —Porque tenías la oportunidad de ir al colegio, yo no. Por eso mi insistencia. Frenó en seco, como si hubiese chocado con un gran vidrio transparente. Me costó parar de la misma forma que él pero lo hice, me miró y me sostuvo de mis hombros cariñosamente. —Tú tienes la oportunidad de hacer lo que quieras, Lu —Muy bien, ya me decía por mi diminutivo, quizá este era el momento. —Entonces déjame hacer esto papito — hice un puchero, sé que nadie se resiste a eso. Bajó la mirada y suspiró. —Bien... Irás a esa universidad mi vida. Quedé el shock, ¿acaso escuché bien? Salí de mi pequeño trance cuando me soltó y siguió caminando. Corrí a él. —GRACIAS GRACIAS GRACIAS PAPÁ —Estaba muy feliz. —Prepárate para comenzar en una semana cariño. —Dijo mientras los guardaespaldas le abrían la puerta de la salida. — ¿Una semana? Pero debo inscribirme papá. Se carcajeó —Eres la hija del presidente pequeña, le diré a mi asistente que llame al director hoy y problema resuelto. Adiós. — ¡Adiós papá! —dije agitando mi mano en forma de despedida y mirando tres camionetas salir del terreno. Entré a la casa y llamé a Pau y JuanPa para celebrar. —Actualidad— Nana me miraba sorprendida —Increíble mi niña, pero estoy muy feliz de que al fin hayas logrado lo que hace años querías. Sonreí. —Eres tan linda Nana, ¿dónde están mis padres y Vale?— pregunté —Oh, la señora Marta está haciendo el desayuno con ayuda de las cocineras, el señor presidente debe estar por salir de la habitación y a la pequeña Vale la iré a despertar en este instante — sonrió y se levantó de mi cama —¿Se te ofrece algo mi niña? —No Nana, estoy bien, me arreglaré para ir a la universidad. —Está bien —sonrió, giró y salió de mi habitación. No podía estar más nerviosa, no sabía que ropa usar, que maquillaje aplicar, ¿zapatillas, tacón o tenis?, que peinado hacerme, o si sólo llevar mi cabello suelto al natural. —Esto va a acabar conmigo — Pensé. Al final decidí usar un pantalón n***o ajustado que tallaba a la perfección mi figura, una camisa negra, tenis Gucci, maquillaje casi natural, y mi cabello suelto al natural. No era elegante pero tampoco muy casual. Creo que estaba bien para un primer día. Al llegar al gran comedor me pregunté una vez más — por qué tenemos este comedor tan grande si sólo somos cuatro personas— eran alrededor de 20 puestos, ni siquiera a la mitad del comedor llegábamos. Me alegró ver cómo mi padre jugaba con Valentina, sé que muchos piensan que por ser el presidente no tiene tiempo para su familia. —Le gané una vez más, señorita Rolland dos. —Sólo le dejé ganar por compasión, señor Rolland. Reí ante las ocurrencias de estos dos. Me senté frente a mi pequeña hermana. —Buenos días pa, buenos días pulga. —Buenos días Lu —Dijeron ambos. —Pequeña tropa Rolland acá está el desayuno —salió mi madre de la cocina con una bandeja y tras ella tres cocineras con más bandejas. —Panqueques, que delicia mami —Comentó mi joven hermana. Era increíble como a esta niña le gustaban los panqueques, pensé. El desayuno transcurrió normalmente, luego mi padre fue al despacho donde pasaba todo el día, mi pequeña hermana Vale fue a sus clases virtuales con mi madre. Y yo, ya iba caminando a la universidad. Me incomodé un poco cuando llegué y todos quedaron viendo las camionetas, sabía que aunque se esforzaran no podrían verme por los vidrios polarizados. Los guardaespaldas bajaron primero para rodearme como de costumbre, visualice al director, el cual sólo conocía por fotos. Nunca me había sentido tan incómoda llegando a un lugar, cuando bajé de la camioneta para saludar al director estas personas no quitaban su mirada de mí. ¿Me habré vestido mal? ¿Algo pasa con mi cabello? — Señorita Rolland, es un gusto—Dijo mientras extendía su mano. Sonreí. —El gusto es mío— Recibí el saludo y estreché su mano. — Por favor pase usted adelante a mi humilde institución —se adelantó y de inmediato Sebastián lo detuvo. —Ustedes en el medio, yo adelante. Es política de seguridad. —Dijo fríamente y serio. —Oh, por supuesto, disculpe. Fue así como nos dirigimos dentro del edificio, evité hacer contacto visual con todos. Me sentía incómoda de que aún me miraran, aunque no era extraño, nunca pasaba desapercibida. — Llamaré a todos al salón de reuniones para darle la bienvenida. Iba a decir que no era necesario cuando habló por un micrófono llamando hasta al conserje a dicho salón. No esperaba una bienvenida a lo grande pero tampoco la descartaba. Siempre ha sido así en todas partes, ahora no me sorprende. El director dió un discurso a los de nuevo ingreso, luego habló de cuando mi padre lo había contactado y que este se había ofrecido a terminar cada proyecto que la universidad no haya podido por falta de fondos. —Muy bien papá, ahora entiendo la amabilidad de este hombre— Finalmente me presentó y dio la bienvenida. —Bien chicos esto es todo, vayan a sus respectivas clases y por favor sean amables con María José. Vi cómo todos se iban en grandes masas de ese lugar cuando el director volvió a usar el micrófono. —Juliana Colin, espera ven aquí —Llama —Ella es una estudiante de Psicología, sé que no tiene nada que ver con tu carrera pero es la mejor de la universidad, este año se gradúa y será tu guía mientras aprendes —me dijo el director mientras la chica se acercaba a la tarima. —Buen día señor director—Saludó mientras lo miraba con una sonrisa — Señorita Rolland, un gusto— me saludo al igual que al director. —El gusto es mío —extendí mi mano y la estrechó amablemente. —Señorita Colin, como sabrá Lucía es nueva y tú serás su guía mientras aprende lo necesario. —Claro señor, no hay problema— Respondió la amable chica. —Perfecto, debo irme. Adiós niñas y de nuevo, bienvenida. —Adiós y gracias Gerardo —Me despedí. Ahí comenzaba una nueva aventura.
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