—¿Quieres que te ayude a empaquetar tus cosas, princesa?—. Pregunté mirando fijamente a Gemma, que estaba tumbada en su cama viendo Bob Esponja, como siempre. Está obsesionada con él. Ella me miró y sonrió. —No hace falta, mi mamá ya me ayudó. Mamá. La sonrisa se me cayó de la cara al instante. La triste realidad de que Silvia viene con nosotros me golpeó una vez más. No es que pueda decirle a Alejandro que le diga que no venga cuando aún están casados... tristemente. Y Gemma no estará contenta de que su madre no esté con nosotros. —Vale, entonces vete a la cama que ya es tarde— le puse un beso en la mejilla, y ella asintió. —Buenas noches, princesa. —Buenas noches, Amara. Cerré la puerta tras de mí, exhalando profundamente. Cuando levanté la vista vi a Silvia mirándome con esa est

