Había olvidado por completo en dónde estábamos, seguro las azafatas se darían cuenta y nos meteríamos en un problema. ¡Demonios! —Tranquila —Me dijo besando mi espalda y frotando mis senos desde atrás —Verás que no pasa nada. Pero sí debemos salir ya. Me besó nuevamente la espalda, me puso de pie y me dio una nalgada. —¡Ouch! Soltó una risita. —Vale, ¿necesitas ayuda? Pues claro, tenía una pierna metida en el pantalón con el tenis aún puesto, pero la otra estaba completamente fuera y estaba desnuda de arriba. Y él, bueno, él solo debía subirse el pantalón y ponerse la playera. Me sonrió de nuevo y se agachó a recoger mi brasier y mi blusa. Mientras me los ponía acomodó mi pantalón pasó mi panti por mi pierna libre, luego el pantalón y finalmente me puso el tenis. Yo lo observaba

