Compartir los sueños

3208 Words

Entre ellos estaba el inversionista de Roy de su restaurante en Londres y que también era un cliente nuestro, aunque en una actividad diferente a la de Orange y que no manejaba yo directamente. —Ariana, qué gusto verte, no sabía que vendrías a Londres. —Hola, Matt, el gusto es mío. Sí, tuve que venir inesperadamente, ya sabes cómo es el trabajo. —Ya sé, ¿y qué tuvo que hacer este hombre para que te castigaran saliendo con él? —Dijo mientras abrazaba a John, se veía que se conocían bien. —Ja, ja, ja. Eso no lo preguntes Matthew, que mi trabajo me ha costado. —Quizá lo pregunte solo para correr con esa suerte. Nos reímos los tres. Se sentó a un lado de John y las otras personas nos saludaron más formalmente. El lugar se llenó y una persona subió al estrado para acallar el murmullo.

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