La frescura de sus labios en los míos, la dulzura de su voz y la calidez de su piel acariciándome, me despertaron. Abrí los ojos y lo vi justo frente a mí, sonriente. Lo sostuve con mis manos e hice que me besara de nuevo. —Pensé que seguía soñando. —Tú eres el sueño nena, mi sueño. —Y me besó de nuevo. —¿Qué pasa? —Pregunté. —Debo irme, son casi las nueve. Terminé de salir del ensueño y alcancé mi teléfono. Solo quince minutos para las nueve. Habíamos pasado un par de días en una ciudad cercana, aunque en realidad casi no salimos de la habitación, aunque sí conversamos mucho. Era muy interesante hablar con él, pocas veces tenía ese nivel de charla con personas que me llevaban a la cama, la verdad. Era un hombre increíble en todos los aspectos y ya sabía yo que estaba prendada de s

