EL SECRETO DE MI HIJO

1861 Words
NARRA MELISA Hice mis maletas por la tarde, llevándome todo lo que había en mi habitación. Al menos lo que era importante. No vi a mamá después, me quería despedir, pero sabía que ella seguía muy enojada conmigo. Llamé un taxi y, cuando llegó, me fui a casa de Adilene. Cuando llegué, ella me ayudó a meter mis maletas a su casa. Me sentía cansada del viaje y de cargar cosas. Adi me dio un abrazo largo y relajante. Era la única persona con la que contaba. —Estuve buscando piso estas horas y he encontrado algunas opciones. —Está bien, lo que sea está bien. —Pero no me has contado lo más importante —me dice—. ¿Quién es el padre? Tienes que conocerlo físicamente o saber su nombre. —Se llama Noah y claro que lo recuerdo físicamente, es un hombre muy guapo y atractivo —respondí. Con solo acordarme de Noah, se me instaló algo en el bajo vientre. Recordar esa noche de pasión me provocó algo. —¿Y el apellido? —No lo sé, no me lo dijo. Fue algo casual, nada más, no pensamos que nos volveríamos a ver. En nuestros planes no estaba que yo saliera embarazada. —Siempre pregunta el apellido por cualquier cosa, Meli, pero lo hecho, hecho está. Aún no puedo creer que no me hayas contado nada sobre esa noche. Estoy muy desilusionada de ti. —No pensé que fuera importante. —Es por Cooper... porque estuvo con Victoria, ¿verdad? —En ese momento sí, pero ahora ya no me interesa, es un patán y merece estar con gente de su mismo nivel. —¿Qué vas a hacer ahora? —Seguir adelante con mi vida y mantener a mi hijo. No pienso abandonarlo. —Cuenta conmigo —me dice—. Estaré contigo para lo que necesites. Le sonreí porque sabía que era verdad. Solo nos teníamos la una a la otra. Mi hijo crecerá sin padre, solo me pongo a pensar en que Noah está viviendo su vida perfecta mientras que yo estoy esperando un hijo suyo, un niño que pronto nacerá y crecerá y él no se dará cuenta. * TRES AÑOS DESPUÉS Es increíble el tiempo que ha pasado desde la vez que supe que sería madre y lo preocupada que estaba. Sin embargo, las cosas me han salido bastante bien en estos años. He sabido mantener a mi hijo con mi trabajo porque sí, fue un niño precioso el que nació de mí. Podría decir que empezaba a parecerse a su padre, pero no conocía bien a Noah. Jamás lo volví a ver en ningún evento del restaurante. Ahora he ascendido de puesto y estoy buscando ser chef de algún lugar lujoso para que puedan darme una buena paga y así poder darle a mi hijo una mejor vida. Adilene y yo encontramos apartamento, es grande, con dos habitaciones y una sala espaciosa. Lo hemos sabido mantener. Al inicio todo fue muy difícil para mí en lo de ser madre, pero mi hermana Janice me ayudó bastante. Ella está casada y ha intentado tener hijos, pero no ha podido. Estuve aplicando para varias mansiones y empresas de lujo a ver si querían contratar una chef, pero hasta ahora no había ido a visitar todas. Tengo una cita hoy por la tarde en una casa de ricos. Espero que me vaya muy bien. Wade Carter es el nombre que decidí ponerle a mi bebé. Ya va por dos años y medio y es un niño bastante inteligente y amoroso. He aprendido a ser madre todo este tiempo, aunque a veces haya cosas que se me salen de las manos. Estaba con Wade en el parque porque me gustaba pasar con él todo el tiempo que fuera posible, luego tendría que dejarlo donde Janice para que lo cuidara mientras yo estaba en la casa haciendo el trabajo. Janice está más que encantada cuidando a su sobrino, siente que cuidarlo la hace sentir más cerca de la maternidad. Me da tristeza que ella no haya podido tener hijos aún, pero no pierdo la esperanza de que pronto me dé un sobrino también. —Wade, con cuidado, por favor —le dije mientras él jugaba con sus juguetes en la acera. Le compré un helado y luego lo llevé a casa de mi hermana—. Ya comió, así que seguramente va a dormir toda la tarde. —Ya te he dicho que por mí no hay problema en cuidarlo, esté dormido o esté jugando en la sala. Wade es mi sobrino, Melisa, no tienes de qué preocuparte. —Gracias por cuidarlo. Espero no tardar tanto en la entrevista. Si tengo suerte, me darán el trabajo y entonces tendré que ver con quién dejo a Wade, aunque me da miedo dejarlo con niñeras. —Ya hablaremos de eso, Melisa, ahora vete para que no se te haga tarde. Asentí y le di un abrazo. —Gracias, eres la mejor hermana. Besé el cachete de Wade, sintiendo su olor a bebé. No me gustaba separarme de mi hijo, pero tenía que hacerlo. —Pórtate bien, Wade. Nos vemos pronto. Salí en busca de mis cosas de cocina, al menos siempre iba preparada porque sé que a la gente bien le gustaba que les diera una prueba de lo que yo podía hacer. Tomé un taxi y le di la dirección. Me cobró súper caro porque estaba un poco lejos la casa. Cuando llegué, me quedé asombrada por la mansión que estaba delante de mí. Todo era muy lujoso y lleno de perfección. El césped era verdecito y estaba perfectamente cortado. Había una fuente, árboles con formas, una piscina a lo lejos y palmeras de coco. La mansión era blanca y moderna. Había varios hombres de seguridad rondando el lugar. —Hola, estoy buscando a la señorita Priscila Monet —le dije al hombre de la entrada. —Un momento —me dice para llamar por teléfono—. Puede pasar. Abrió la puerta para mí y entré. Me dirigí hacia la entrada y toqué el timbre. Me abrió una mujer, llevaba un blazer n***o y pantalón de vestir n***o. —¿Melisa Carter? —Sí, señorita. —Pasa. He escuchado algunas cosas buenas de ti. Estamos buscando una cocinera profesional que se encargue de las necesidades del señor Noah Richie, para que puedas hacerle los platillos que se te manden en la lista. ¿Estás segura de que puedes cocinar estas comidas? —Claro que sí, he trabajado en otras casas de gente importante y terminé una carrera de cocina. Tengo bastante experiencia. —Eso lo veremos. Tienes que hacernos unas pruebas —me dice—. Este trabajo es bastante complicado porque el señor Richie es muy exigente a la hora de sus alimentos. La señora que estuvo haciendo ese trabajo duró mucho tiempo aquí y tenía un sazón muy especial, pero ahora ya no estará con nosotros. Creo que costará encontrar a una mujer igual. —Te mostraré lo que puedo hacer —le digo. Ella me dirige hacia la cocina, así que la sigo. Es bastante espaciosa y está muy bien equipada. —Aquí siempre hay todos los ingredientes para que puedas preparar lo que al señor se le antoje —dice—. Aquí está una lista de desayunos, almuerzos, cenas y bocadillos. El señor la ha preparado personalmente. Necesito que hagas uno de cada tipo. ¿Crees que puedas? —Claro que sí. —Bien, entonces, mientras yo reviso tus papeles, ponte a trabajar. Ya regreso. Asentí y me puse manos a la obra. Revisé la lista y elegí un platillo de cada categoría. Me puse mi delantal y me recogí el cabello. Esto no era nada difícil para mí. La cocina me encantaba y preparar alimentos deliciosos era lo mío. La señora Monet tenía razón: aquí había todos los condimentos necesarios, incluso los que eran difíciles de conseguir. Definitivamente, este era el país de los alimentos. La nevera era enorme y la alacena estaba llena de cosas. Me tomó casi una hora preparar la comida, pero todo quedó listo. Lo arreglé muy bien en el plato y llamé a la señora Monet para que hiciera la prueba. —Está listo, señora. La señora Monet se sentó y empezó a probar cada platillo. Podía ver la satisfacción en su rostro, pero no quise decir nada para mantenerme profesional. Temía su respuesta. —Te felicito, todo te quedó exquisito. —¿Eso quiere decir que...? —sonreí. —El trabajo es tuyo. Quise chillar de felicidad, pero me contuve. —Muchas gracias, señora. —Ahora tienes que convencer al señor Richie. Es más complicado. Yo soy solo su asistente. Tengo tus papeles, así que el trato está hecho. Los días como Navidad, Acción de Gracias y otros que se pasan en familia puedes quedarte en casa, porque por lo general les gusta hacerlos a ellos. Sin embargo, los demás días debes ser puntual en el trabajo. El señor Richie te avisará cuándo no tiene que comer en casa y cuándo sí. De hecho, está llegando. Vamos a la sala para presentarte, por favor. Asentí, me lavé las manos y me quité el delantal para seguir a la señora a la sala. La puerta se abrió y me detuve en seco al ver al hombre que venía entrando. No puede ser. Es Noah. El hombre que conocí en ese baño. El papá de mi hijo. Palidecí en ese momento y tragué grueso. —Buenas tardes, señor Richie. Le presento a la señorita Melisa Carter, la nueva cocinera. Noah me miró de pies a cabeza. Parecía que no se acordaba de mí. —¿Le has dado todas las instrucciones? —pregunta. —Sí, señor. —Entonces empiezas mañana —me dice, mirándome. Me está costando respirar. Es él, el padre de mi hijo. —No tolero los errores, por más mínimos que sean. Que mi desayuno esté listo a las ocho y media. Noah se fue, dejándome sola y sin aliento. —Tu salario será anual, si no tienes inconvenientes. La señora Monet me da un papel con la cifra anual que recibiría. Es mucho más de lo que he ganado en un año. Es un salario bastante jugoso y provechoso. Con esto, Wade y yo podríamos vivir sin preocupaciones durante todo el año. Sin embargo, Noah seguía en mi mente. * Cuando llegué a casa de Janice, Adilene estaba allí y, aprovechando que estábamos juntas, les conté lo que había pasado. Había aparecido el padre de Wade y ahora no sabía qué hacer. —Dile la verdad —sugiere Janice. —Estoy de acuerdo, se merece saber que tiene un hijo y también necesita hacerse cargo. Con todo el dinero que tiene, no será problema para él —añade Adilene. Yo seguía en shock, procesando lo que había pasado y tratando de pensar en lo que vendría. —Ni siquiera se acordó de mí. No puedo hacer eso —les dije. —Existen las pruebas de paternidad si no cree que es el padre —añade Janice. Todo era bastante confuso ahora.
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