Tania lavaba la loza cuando escuchó como la puerta principal se abría, lavó con rapidez sus manos y corrió hasta la entrada secándolas con un trapo, tenía la intención de entablar una conversación con su marido antes de que este saliera en otro de sus trabajos fuera de la ciudad, pero justo cuando llegaba y hacía el amago de abrir la boca, Dylan Orbil salía de nuevo. No evitó resoplar frustrada sin saber cuando regresaría aquel hombre, porque, como siempre, no le había dicho nada. Se sentó en el sofá y cruzó los brazos, el reloj en la pared dictaba que eran apenas las 5:45 am. Suspiró, desde que había dejado su trabajo para enfocarse en su familia (algo bastante común entre las mujeres que luchaban para el imperio) sus mañanas se enfocaban en la misma rutina tediosa y aburrida, esos días

