3 LLENA DE GERVERAS.

3307 Words
Han sido una semana muy bizarra, el lunes que llegué a mi salón encontré un hermoso arreglo de gerveras, fue muy gratificante ver lo hermoso que estaba, al principio pensé que eran de Joss, pero eso no fue así porque en cuanto el las vio me reclamo que ¿Quién se atrevía a darme flores? Obvio le respondí que alguien que realmente me quería, pero la verdad, ni tenía idea pues la nota solo decía: “Para la chica más hermosa de este colegio” Todos los días de lunes a viernes encontré la misma nota con el mismo arreglo, aunque la verdad solo me hacía sospechar de una persona…Mauricio, y no es que este tan ilusionada, si no que él fue el único que me hablo a altas horas de la noche para preguntar sobre las gerveras. La siguiente semana fue lo mismo, Pepe Grillo me decía que le marcara a Mau, pero por dentro estaba miedosa, si en realidad no era él. Es viernes y al igual que los demás días encontré mi ramo de gerveras, no me cansaba, aunque mi tia decía que ya no había jarrones para las flores, tuvimos que arreglárnoslas para poder encontrar donde meterlas. Ya vamos de salida del colegio, todos los días salimos a las 3 de la tarde, y hoy no es la excepción, estoy por salir del enorme edificio cuando la secretaria me detiene. -      Iris, Iris – dice tratando de llenar sus pulmones de aire – la directora te llama. -      Ok, gracias – le digo con una sonrisa – perdón por hacerte correr. -      No está bien – dice caminando y tocando su estómago – eso me pasa por no hacer ejercicio – bufa. Caminamos hasta llegar a dirección, la secretaria toca la puerta y anuncia mi llegada; me deja pasar y visualizo a dos una chica, con cabello n***o y ojos azules, nariz respingada, un chico, que al igual que la chica tiene los ojos azules y cabello n***o, con un poco de barba con los uniformes del colegio, a una señora cabello rubio, con ojos azules (ya veo de donde lo sacaron), piel blanca, con labios muy carnosos, muy bien vestida como una dama de sociedad, seguido de un señor…esperen es el mismo rostro de Mauricio, tez morena, con barba de candado, ojos color avellana, casi los mismos labios gruesos y muy rosados; y por si fuera poco al mismísimo Mauricio en persona parado atrás de su padre, vayan se ven tal para cual, esta vestido con uno vaqueros rasgados en las rodillas, con una polera negra y unos vans negros. *Se ve divino…guapo...guapísimo.* *Iris concéntrate, se nota tu nerviosismo* *Pepe Grillo está muy guapo, y no puedo dejar de mirarlo* *Se está dando cuenta, y desde que entramos puso esa sonrisa al verte entrar con el ramo de gerveras* *De verdad, eso no lo percibí* *Plis atention* -      Me mando a llamar directora – me dirijo rápidamente a ella. -      Si Iris – hace una pausa – ellos son Ashley y Alan – señala a los chicos con uniforme – ellos son sus padres Mauricio y Andrea – los señala y yo los saludo, con mi mano izquierda – y bueno al otro chico ya lo conoces – me hace una cara de picara. -      Si, ya nos conocemos – le tiendo la mano izquierda – hola Mau. -      Hola iris – mi mano está temblando así que la quito por instinto muy rápidamente – que bueno volver a verte. Siento como mis mejillas se calientan instintivamente, no puedo soportarlo es demasiado, siento mis piernas temblar, mi corazón está a mil por minutos. -      Iris te mande a llamar porque quiero pedirte un favor – llama mi atención la directora – Ashley y Alan, se cambiaron apenas al colegio, pero como podrás ver – me extiende sus notas – no son muy capaces para poner atención a clases. -      No es nuestra culpa que los profesores no puedan explicar cómo se debe – hablo Ashley. -      Guarda silencio niña – hablo su mama. -      No hay problema podemos solucionarlo – hablo la directora. -      Bueno pues no sé si podría ayudar… -me interrumpió su papa. -      Se te pagar por ayudar los – dijo muy decidido. *Me pagaran, Pepe Grillo me van a pagar* *A lo mejor con eso y puedas ayudar a tu tío* *Tienes razón, aunque sea muy poquito en lo que le encuentra trabajo* -      Bueno…yo no sé, - hago una pausa – necesito poner en orden mis cosas – suspiro – solo podría los fines de semana. -      Claro de eso no hay problema – dice el padre de los chicos. -      Está bien, solo con la condición que necesito que un mayor este ahí – suspiro – no quiero estar peleando – bufe – a la primera que se rindan o me griten, me voy. -      Eso no pasara – contesto el padre con voz gruesa y decidida. -      Bueno entonces es un trato – dije extendiendo mi mano para estrecharla. -      Es un trato dijo el señor estrechando su mano y levantándose de su asiento. *Me sentí como todo un buen negociador* *Eso mismo te lo iba a decir Pepe Grillo* -      Deme una semana – por lo tanto, le pediré este muy al tanto de sus tareas – volteo a ver a Mau – para asegurar que esta semana no se atrasen. -      Claro yo me encargo – dice Mau. -      Bueno pues te agradezco por tu ayuda – dice la señora con una bella sonrisa. -      Bueno con su permiso, que tengan un buen fin de semana. Salgo de la dirección y camino hacia la salida, pero antes de llegar al portón soy nueva mente interceptada…por Mau. -      Caminas muy rápido – dice controlando su respiración. -      Perdón no te escuche – le dije un poco apenada. -      Me preguntaba…si…. ¿Quieres que te lleve? – pregunto con nerviosismo. -      Oh…si no tienes problemas – sonreí. -      Claro que no, vamos – dijo posando su mano en mi espalda para empujar mi cuerpo hacia un Camaro / muscle car. 1964; n***o. -      ¿Es tu carro? – pregunta muy asombrada. -      Si, vamos entra – dice mientras me detiene la puerta. Entra en el asiento del piloto, arranca y entra en la carretera, estoy que tiemblo de nervios, quien diría que estoy sentada aun lado de mi cruhs y en su automóvil. -      Dime – carraspea un poco - ¿Te gustaron las gerveras? – pregunta Mis ojos se abrieron tan grande, mis mejillas están muy rojas y estoy segura que me quiero desmayar, si fue el. -      Tu… ¿Tú las mandaste? – pregunte muy nerviosa. -      Si...perdón por no haberte dicho – suspira – no te enojes por favor. -      No es solo… que me sorprende – sonreí – gracias estaban muy hermosas, ya no tengo a donde ponerlas. Sonríe – Bueno podemos arreglarlo – dice aun con la mirada en el camino - ¿uno o dos jarrones para que alcance? – pregunta aun con su sonrisa. -      No, no te preocupes, ya no gastes – le digo muy apenada – con las flores tengo. -      Me alegro – dice aun con la mirada fija – me preguntaba si… ¿si quieres ir a tomar un café conmigo? -      Aaaa…claro, cuando quieras – sonreí. -      ¿Te apetece ir ahora? – pregunta -      Claro, pero te molestaría si puedo pasar a cambiarme a mi casa- digo un poco nerviosa – estoy cansada del uniforme. -      Claro no te preocupes – sonrió. Condujo hasta mi casa, estacionándolo enfrente de esta, con ayuda de, el pude abrir la puerta, lo presente y lo deje platicando con mi abuela; subí como rayo a cambiarme opte con una falda negra lisa con dos aberturas en las piernas cortas, una playera manga larga blanca, con cuello redondo, mi tía me ayudo a maquillar y a acomodar mi alborotado cabello en una coleta, unos botines negros con tacón grueso; una vez abajo nos despedimos, subimos al carro y nos introdujimos en la carretera. Luego de 30 minutos llegamos a una cafetería donde venden waffles y crepas; nos sentamos y una chica nos atendió, pero empezó a insinuársele a Mau, pero él ni se inmutó, solo pidió sin siquiera voltear a verla. -      Dime – hable para romper el hielo - ¿Cómo vas en la universidad? -      Bien, bueno eso creo – sonrió – estoy por acabar mi último cuatrimestre y me voy a hacer mis pasantías. -      Qué bueno – suspire - ¿Dime ya tienes pensado en donde trabajar? -      No aun no – sonrió – pero aún tengo mucho para poder terminar mi carrera y trabajar – pauso, aunque…quiero entrar a estudiar para ingeniería civil. -      Entonces... ¿Quieres estudiar otra carrera? – pregunte. -      Si...o eso es lo que quiero – dijo mientras daba espacio para que la mesera pusiera las cosas en la mesa – gracias – le dijo a la empleada. -        Entiendo – sonreí – bueno creo que nos veremos más seguido en tu casa. -      Si bueno estarás más tiempo con mis hermanos…rayos – dijo un poco nervioso – desearía que fuera al revés – murmuro. -      ¿Qué dijiste? – pregunte al captar la indirecta. -      No nada olvídalo – dijo llevándose un bocado de sus waffles. Seguimos platicando de cosas triviales, incluido que me seguirá mandado flores, aunque me negué él dijo que me las seguirá enviando. Después de mi cita exprés, me llevo a mi casa le agradecí una vez más y me despedí con un beso en la mejilla. Cuando entre era todo un caos mi tía llorando a un lado de mi tío, mierda se abra enterado. -      ¿Qué sucede aquí? – pregunte un poco nerviosa. -      ¿Por qué no me dijiste que lo habían despedido? – dijo mi tía sollozando. -      No queríamos ponerte así – dije acercándome a ella para abrazarla – mira cómo te pones – la señale – no puedes ponerte así – suspire – todo va a estar bien, te lo aseguro que todo va a estar bien. -      Eso espero dijo un poco más calmada – lo siento – se dirijo a mi tío. -      Está bien, ya verás que conseguiré un trabajo – dijo mi tío abrazándola y dándole un beso en la frente – todo va a mejorar. -      Somos un desastre – dije acercándome a ellos y abrazándolos – por cierto, la semana que viene tendré que ir a casa de Mau…les daré tutorías a sus hermanos – los mire un poco serios -  me pagaran. -      Eso está bien, solo hay que arreglar el quien ira a acompañar a los chicos a sus clases – dijo mi tía limpiándose las lágrimas. -      Lo resolveremos – le respondí con una sonrisa. °°°° Todo este sábado me la he pasado de arriba para abajo, lleve a mis primos Lucas y Marco a su entrenamiento, regrese a casa para llevar a Gina a su clase de danza, una vez que termine dando muchas vueltas con ellos los lleve por un helado, regresamos a la casa caminando. Cuando llegamos unos gritos se escucharon adentro de la casa, dos voces de mujeres gritándose cosas; mis primos no querían entrar, no les gusta presenciar gritos, así que me tome el atrevimiento de llevarlos con mi vecina, esperando que se encontrara, atravesamos la calle y ellos corrieron para tocar el timbre. -      ¡Lucas! – exclame al ver que tocaba varias veces el timbre – con una sola vez es más que suficiente. Estaba por contestarme, pero la puerta se abrió, dejándonos ver a nada más ni nada menos que a Julian, si mi ex novio.  *¿Es una broma? *   *Creo que el universo no me quiere, Pepe Grillo* -      ¡Hola Julian! – saludaron audisonos mis tres primos. -      ¡Hola niños! – contesto muy sonriente, para luego voltear a verme. -      ¿Se encuentra tu mama? – pregunte un poco seria. -      Claro pasen, aun sonriendo a mis primos. Nos dirigió a su cocina, donde se encontraba su madre una señora ya de 55 años con un mandil, cocinando, al parecer moviendo sus caderas al son de la musica de Ricardo Arjona, al vernos brinco de emoción al ver a mis primos, agachándose para abrazarlos muy fuertemente. -      ¡Mis niños! – exclamo dándoles besos en sus mejillas – Iris que sorpresa – dice mientras se acerca a mí a abrazarme y darme un beso en cada mejilla – estas de infarto – dice mientras me ve de cabeza a los pies – que lastima que Julian te dejara ir por…- la interrumpe su hijo. -      Mamá – dice Julian arrastrando sus palabras – ya hablamos de eso. -      No me importa, te lo seguiré repitiendo – dice su madre con pucheros. -      Ammm, doña Margarita…yo me preguntaba ¿si podía dejar a mis primos con usted por unas horas? -      Pero por supuesto…no tienes que preguntar, siempre son bienvenidos – sonrió. -      Bueno y será molestia que también traiga a mi abuela – dijo con disimulo. -      Y ¿Qué estas esperando? – pregunto casi como regaño – ve a traerla – suspiro - es más Julian acompáñala. – demando. Queriendo o no, doña Margarita nos empujó a los dos afuera para que fuéramos por mi abuela; pasamos la calle y abrí la puerta del portón, caminamos por el pasillo hasta llegar al jardín donde encontré a mi abuela sentada muy campante en la hamaca con los audífonos a todo volumen. *Es enserio, pobre abuelita se va a quedar sorda* *Estas mujeres, no sí que es más gracia verla escuchando música y ella ni se da cuenta de la situación haya adentro* *Por favor comunícame quien se le ocurrió ponerle los audífonos* Le hice señas para que me viera y la pudiera levantar de la hamaca, o bueno lo hiciera Julian porque yo con mi brazo herido pues, ni cómo ayudar. Llegamos a su casa y le quite los audífonos para que escuchara lo que le iba a decir. -      Mamá, te vas a quedar un rato con doña Margarita – le explique. -      Venga aquí mi hermosa Helenita – le hablo la mama de Julian. -      Si yo soy hermosa, entonces usted es bellísima – dijo mi abuela. -      Anda Iris puedes venir luego, ve con cuidado – dijo mi vecina. -      Gracias de verdad – agradecí mientras me daba vuelta para salir. En cuanto llegue y entra a la casa mi sorpresa fue abrumadora; mi tía llorando y gritándole a mi hermana, si tengo una hermana que es 3 años más grande que yo, se fue a la capital cuando cumplió 19 años para trabajar y mandarnos dinero, el cual nunca llego, pues cuando mi tía y tío se enteraron que andaba en malos pasos (no de drogas o alcoholismo), le dejaron de hablar. -      ¿Qué sucede con ustedes dos? –les pregunto muy indignadas – todos sus gritos se escuchan hasta la Patagonia, a ¿Quién se le ocurrió ponerle unos audífonos a mi mamá? -      Iris por favor dile que se vaya, no la quiero en esta casa- pidió mi tía. -      Porque me vas acorrer esta también es mi casa – hablo muy enojada mi hermana – no por eso te he mandado dinero para que pagues el medicamento de mama. -      Espera ¿Qué acabas de decir? – pregunte muy asombrada - ¿Has estado mandado dinero? -      Si lo he estado mandado, y cada que pido hablar con mama me lo niega –dijo muy enojada. -      No me interesa tu dinero, te lo puedes quedar si así lo deseas – dijo mi tía sollozando. -      ¿Te ha estada mandado dinero y no nos dijiste? – pregunte -      Yo no quería dinero de ella – dijo aun sollozando -  Dios solo sabe de dónde viene – dijo mirándola feo. -      ¡Deja de quejarte! –exclamo mi hermana – admito que mi trabajo no es el mejor de todo, pero me da de comer, les mando para mama, para Iris y que se compren algo – dijo un poco triste. -      ¿Vender tu cuerpo es un trabajo? – bufo mi tía. -       Tía por favor, deja ya eso – le suplique – necesitamos el dinero. Iba a contestarme, pero la puerta se abrió dejándonos ver a mi tío con una sonrisa como la del gato de Alicia del país de las Maravillas, en cuanto nos vio su sonrisa se borró, pero a pesar de eso solo se acercó a Leona mi hermana para abrazarla y decirle que estaba muy feliz que estuviera de regreso. Luego de tanto platicar y convencer a mi tía para que se quedara mi hermana; se quedaría a ayudar a los quehaceres de la casa y no trabajaría más vendiendo su cuerpo. -      ¡Gracias! – dijo mi hermana mientras salía del baño con una toalla en el cuerpo - sé que no he sido buena hermana, pero…- la interrumpí. -      Eso ya no importa – le dije mientras dejaba la laptop de lado – de echo me da gusto que estés de vuelta en casa. -      Lo de mi trabajo – hablo rápidamente – no tuve otra opción… - la volví a interrumpir. -      Estoy igual que tu – le dije señalándole mi brazo y sentándome a un lado de ella en la cama – los hombres son unos tontos, arrogantes, Burros, idiotas. -      ¿Qué fue lo que te paso? – pregunto mientras le mostraba mi herida. Una cicatriz, que aún no cierra en el brazo de al menos 5 cmts de la muñeca al codo; la otra arriba de este de al menos unos 3 cmts, y un poco debajo de las muñecas en ambas manos unas pequeñas cortadas que apenas si se notaban. -      ¡Iris! – exclamo mi hermana – dime que pendejo es para que le naya a patear sus bolas – dijo con lágrimas en los ojos. -      Es difícil – le explique – soy como una maldita golosina que todos quieren. -      Iris eres muy hermosa para que sufras por pendejos – dijo aun abrazándome. -      Lo sé, creo que esa, es nuestra maldición – suspire – el ser como esa señora. -      Te voy a ayudar – dijo sonriendo – ya verás que nadie te tocara – rápidamente tomo mi rostro entre sus manos - ¿Nadie te ha tocado verdad? -      No - negué rápidamente – aunque me da pena decirlo aun soy virgen. -      Eso no es un pecado – sonrió – al contrario, es para quien creas es el correcto – limpio mil lagrimas con sus dedos – yo te voy a ayudar. -      Si tu como no – dije sarcástica – si ya estoy que ardo por los tontos comentarios en el colegio, ahora contigo. -      ¡Hey! – me da un zape – tu tranquis y yo nerviosa – sonríe – les vamos a ser arder de envidia, que nadie se debe meter con Iris ni con Leona. Me carcajee con sus palabras muy perspicaces, si tanto me odian en el colegio, ahora lo harán al triple. *Joss te arrepentirás de haberte metido conmigo* *Así se habla Iris de mi corazón* *Ya verás Pepe Grillo, vendrá a mi hincado* *Para cuando venga ya será muy tarde*  Será mejor que empiece a rezar, porque estoy segura que sacare mi lado más malo. Gracias hermana por regresar.  
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