La alegría más grande es la inesperada —Sófocles. — ¿Me estás diciendo que él se volvió como loco por defenderte y en su lugar tú te estás ocultando? —Preguntó Blanca mirándola con el ceño fruncido—. Juro que a veces quiero golpearte hermana. Ese hombre está loco por ti y eso es absolutamente maravilloso tanto para ti como para Alex. Ambas miraron al pequeño rubio el cual estaba muy entusiasmado jugando con su consola. —No le entiendes Blanca, no le conozco bien, ni siquiera sé si es verdad que le gusto realmente o está haciendo todo esto solo por tener a Alex. —Dale el beneficio de la duda, conócelo Bella, tú necesitas a alguien que te haga feliz. Sus fracciones se endurecieron y fulminó a su hermana con la vista. —Contrario a lo que piensas, no necesitamos a nadie para ser feliz

