—Sophie, tú! Sophie abrió los ojos con sorpresa, enarcó una ceja y una sonrisa malévola apareció en su bello rostro. —¡Que bueno que te veo! —Lleva a la niña al automóvil. —¿Los conoces? Antes de que Felicia pudiera hablar, Simone la tomó del brazo y la llevó al auto. —No se pueden ir, tú me debes unos zapatos. Felicia giraba la cabeza observando a la mujer que gritaba de manera histérica, Simone fue muy astuta y la guío lo más rápido que pudo. —Vamos Felicia, mami arreglará el asunto con esa mujer, tú no debes preocuparte. —Guarda silencio Joselin, que no se te note lo corriente. —¿Que dices? ¡Tú! Mal hija, nos dejas abandonados a nuestra suerte. Mírate ahora vistes ropa cara y las notas en internet dicen que eres alguien importante. Bien, es hora de que nos retribuyas

