—Toma asiento Sophie, te traeré un té.
Con la mirada perdida recordando su pasado, Sophie se sentaba en la silla que estaba justo a lado de ella.
Charles volvió con una taza de té caliente, el humo del líquido parecía danzar con el tic tac del reloj en la pared, el silencio de la noche y la solitaria cafetería aunado a la nostalgia en la joven, provocaban que en su corazón se sintiera una enorme tristeza.
Sentado frente a ella, Charles esperó a que ella comenzara a hablar para no presionarla.
—Bastian es mi hermano mayor por tres años, siempre ha sido el favorito de mis padres por el solo hecho de ser hombre. Mientras el siempre fue elogiado y consentido a mí, mis padres me ignoraban y me convencieron por muchos años que debía sacrificarme por el bien de mi hermano.
Charles frunció el ceño, no entendía como era posible que unos padres se comportaran de esa manera con una chica tan dulce como Sophie.
—Mi hermano siempre obtiene lo que quiere sin poner algo de esfuerzo. Cuando entró a la universidad dejó la carrera en su primer año decía que sus profesores no lo entendían, en realidad se la pasaba de fiesta y no aprobó sus exámenes. El se divertía y yo tenía un trabajo de medio tiempo, ahorraba todo lo posible para poder ingresar a la universidad lejos de mi familia. Ellos me orillaron a eso, mientras Bastian era compensado a mí me costaba hasta el teléfono celular que tenía, recuerdo que mi primer celular fue uno que Bastian ya no quería pero no me lo dió tuve que ahorrar cada centavo para poder pagarlo porque él necesitaba el dinero y yo debía entender, esas fueron las palabras de mi madre.
Tomó la taza caliente entre sus manos y sólo observaba como el humo salía de ella.
—Cuando mi hermano volvió de la universidad, mis padres estaban felices porque su hijo regresaba, el se quedaba en casa jugando videojuegos todo el día, yo trabajaba en el cine de la plaza comercial saliendo del colegio, llegaba muy noche a casa y aún así nunca descuidé mis estudios.
Un día que llegué, mis padres estaban sentados en el comedor parecía me esperaban. Y no me equivoqué, en cuanto me vieron entrar mi mamá me llamó con un tono serio.
*—Sophie ven siéntate aquí, necesitamos hablar contigo.
—Yo pregunté si había sucedido algo, me pareció extraño porque siempre me evitaban parecía que yo no era su hija era más como una inquilina.
*—Necesitamos pedirte algo, sabemos que estás ahorrando y necesitamos que nos des ese dinero.
—Me asusté mucho, pensé había sucedido algo malo, mi papá no hablaba y mi mamá tenía esa cara de angustia que solía tener cuando pasaba algo malo.
*—Sabes que Bastian está pasando por una situación muy difícil y necesita de nuestra ayuda, últimamente se encuentra mal está cayendo en depresión y nosotros como familia no podemos permitirlo. Así que decidimos que con tus ahorros tenga unas vacaciones para evitar que entre en depresión.
—Escuchar las palabras de mi madre era increíble para mí, yo tenía 17 años y querían utilizar mis ahorros que había comenzado a mis quince años para enviar de vacaciones a su hijo. De verdad no podía procesar eso en ese tiempo.
—¿Tus padres te pidieron eso?
—¡Si, increíble! ¿Cierto?
—¿Que respondiste?
—Lo primero que se me ocurrió en ese momento, obviamente les dije que no y me levanté de la mesa, recuerdo cómo mi madre se levantó y me dió una bofetada diciendo que era una egoísta que a su hijo le podría pasar algo por no ayudarlo. Mi papá por fin habló y no fue justo para defenderme.
*— No te estamos preguntando niña, ya está decidido, entregarás el dinero a Bastian y cuando vuelva te lo repondrá, comenzará un nuevo proyecto es sólo un préstamo.
Los ojos de Sophie se volvieron a llenar de lágrimas al recordar ese capítulo en su vida.
—Un día al volver del trabajo mis papás y Bastian estaban sentados en el comedor, veían hoteles y vuelos en internet, la sonrisa de Bastian iluminaba su rostro, tontamente pensé que habían cambiado de táctica. Yo era joven y no sabía muchas cosas, pero no estaba más equivocada. Al día siguiente Bastian salió con su equipaje, mis padres lo despedían como si se dirigiera a salvar al mundo.
Las manos de Charles temblaban sobre su regazo, sentía impotencia al escuchar el relato de su joven empleada, siempre pensó que Sophie era una gran chica pero nunca imaginó que su vida familiar fuera tan difícil.
—Solo ignoré y me fui al colegio, me llegó la carta de la universidad me habían aceptado y me estaba pagar mi matrícula. Al llegar a casa corrí a buscar mi dinero y hacer el depósito. ¡Oh sorpresa! No había ni un solo centavo, más de siete mil dólares habían desaparecido. Bajé corriendo y comencé a preguntarle a mis padres y sólo respondieron con un...
*—Te lo dijimos, es un préstamo para ti hermano.
*— Papá dile que vuelva, necesito mi dinero tengo que pagar la matrícula de la universidad.
*—Pide un préstamo universitario, cuando Bastian vuelva y te lo devuelva lo pagas.
—Para ellos todo era muy sencillo, mientras se tratara de su hijo favorito, pero si el problema era mío simplemente decían, no podemos ayudarte hija perdón.
—¿Que hiciste?
—Llorar y sentirme frustrada, no sabía que hacer estaba ausente en el colegio y un profesor de dió cuenta, le conté lo sucedido y el me ayudó a solicitar una beca completa. La aprobaron y en cuanto pude me mudé aquí, salí de casa no sin antes recordarle a mi hermano me debía ese dinero y sólo sonrió y dijo... La familia se ayuda y tú me ayudaste a salir de mi depresión.
—Perdóname Sophie, pero tú familia son unos aprovechados.
—Lo sé, fue por eso que decidí alejarme de ellos, pero por lo que veo no es suficiente ahora se sienten con derecho de todo mi esfuerzo.
—Si necesitas ayuda puedes decirme.
—¡Gracias señor Charles!
—No soy tan viejo sabes, sólo dime Charles.
Sophie asintió y sonrió, habían pasado casi dos horas y debía volver a su habitación.
—Te acompañaré ya es tarde, debiste salir desde hace una hora.
—Estoy bien, en realidad le agradezco necesitaba mucho hablar con alguien.
—Considerame tu amigo, has trabajado conmigo por más de un mes y eres una buena chica.
Salieron de la cafetería y fueron directo a la habitación, Sophie se sentía cansada las emociones de lo sucedido eran demasiado para ella.
Charles la dejó en la entrada del campus y se fue a casa, al entrar al edificio Felicia dormía con su computadora abierta, la cerró y abrigó para que durmiera bien.
Durante toda la noche tuvo pesadillas, el recuerdo de su vida en casa y el sentirse no querida la hicieron despertar cerca de las cinco de la mañana, si no fuera por su amiga Felicia, Sophie ya hubiera colapsado desde tiempo atrás.
*— Nada me perturbará y no estoy dispuesta a soportar nada de ustedes, ya no tengo 17 años y no me harán más daño.
Sentada en su cama, observaba la ventana y como comenzaba el amanecer frente a sus ojos, con tan sólo dos horas de sueño sus ojos mostraban cansancio, unas ligeras marcas bajo sus ojos eran notables.