—¡Alexander, espera!
—¿Necesitas algo más?
—¿Por qué no me avisaste que volvías al país? Han pasado varios meses.
—¿Eres reportera o algo así?
—¡No!
—¿Entonces, por qué debería informarte mi regreso?
—¡Alexander!
Apunto de tomarlo por la mano recordó sus frías palabras cada que lo hacía, su mano quedó suspendida en el aire y la devolvió lentamente.
—¡Sabes que estamos comprometidos de nacimiento!
—¿Quién compromete a un par de bebés que no saben ni como se llaman?
—Nuestros padres lo hicieron por el bien de la familia.
—¿De cuál? ¿Tu familia?
—¡Alexander...!
—¡Veamos! Primero se acercaron a mi para reclamar un compromiso absurdo de años, pero misteriosamente cinco días después reclamaban cambio de compromiso para beneficio de la princesa y ahora que ella no figura vuelven a reclamar un compromiso contigo.
—¡Ella se obsesionó contigo en cuanto te conoció! Pero sabes bien que yo siempre he sido tu prometida.
—¿Acaso soy un tipo de trofeo para tu maldita familia? No voy a casarme contigo, no tengo porque satisfacer los caprichos absurdos de tu familia, no soy un objeto y mucho menos un sirviente que haga lo que ustedes quieren para complacerlos.
El automóvil llegó, sin despedirse subió a él dejando a Kassandra sin poder decir una palabra.
*—¡Te casarás conmigo lo quieras o no!
—¿Todo bien amiga?
—¡Oh, si! Alexander tenía que irse de urgencia, sus asuntos no le permiten ausentarse.
—Es comprensible, un hombre tan rico e importante como el, siempre tienen algo que hacer. En las noticias se publicó que firmaría un contrato millonario con la universidad Rive.
—Será el nuevo socio mayoritario.
—Volvamos, está por terminar el tiempo, despídete de tu prima.
Kassandra siguió en su papel de buena persona frente a Candace, al terminar el servicio funerario regresaron a casa, decidida a tener un matrimonio con Alexander estaba dispuesta a hablar con sus tíos, pero ellos se adelantaron.
—Kassandra, debemos hablar contigo.
—Los escuchó.
Si voz sonó plana y con un poco de miedo, pero decidió no mostrarlo.
—Isel se ha ido y ahora estamos solos, decidimos que sigas viviendo con nosotros y tomes el lugar de nuestra hija, no queremos perder el compromiso con el Duque y que mejor que tú.
Haciéndose la sorprendida, decidió actuar para seguir haciéndose pasar por la niña buena y comprensible de casa.
—¡Claro, si tú aceptas! Tu tío hablará con Alexander para formalizarlo, sabemos que el compromiso era contigo y se cambió a última hora, lo sentimos mucho pero, vamos a remediar nuestra falta.
—No hace falta tía, lo entiendo y acepto, se que lo hicieron por el bienestar de la familia.
—Kassi, eres una buena chica
En la universidad, Alexander buscaba a esa hermosa chica que se había colado en sus pensamientos. Sin encontrarla por ninguna parte se le ocurrió una idea.
—¡Veamos el campus señor rector!
—¡Vamos! Le mostraré algunas renovaciones que se han hecho en estos años que usted se graduó.
—¡Comencemos por las aulas de clases!
—¿Las aulas?
—Si, lo primordial para una buena educación es que los jóvenes tengan un ambiente digno.
Caminaban por los pasillos, sin poner atención a las palabras del rector, Alexander buscaba en casa aula de clases. Hasta que la pido ver el frente de la clase, tomando notas en su viejo computador portátil.
Entre cerró los ojos y sonrió.
—Veamos esta clase, se escucha interesante.
Entraron por la puerta trasera en silencio y sin ser observados tomaron asiento en los butacas de la parte trasera del pequeño auditorio.
Al ver qué Sophie estaba teniendo dificultades con su computador para entregar su trabajo, ordenó a Peter comprarle el modelo más reciente.
—¿Cree lo acepte señor?
—Buena pregunta.
—Tengo una idea, si me permite puedo realizar un plan para que la tome sin que se sienta ofendida.
—¿Que plan?
—Verifica las calificaciones y si son perfectas que la universidad se las de como premio.
—Eso sería darles una a varios. Señor rector ¿Cuántos alumnos de calificación perfecta tiene?
—Tengo varios, pero hay dos en específico con cien total.
—¿Quienes?
—La señorita Gema del departamento de bioquímica y la señorita Cleiton de ésta clase. Las dos chicas estudian y trabajan, aparte de eso tienen un promedio perfecto.
—¡Perfecto! Hoy mismo les entregará su premio a cada una. Eso servirá de motivacion para los demás jovenes.
El rector agradecía la generosidad del nuevo socio, desconociendo que había algo detrás de ese gesto.
—No divulgue que fui yo quien las compró, simplemente diga que fue uno de los socios.
Levantándose de la butaca, salió por la puerta trasera nuevamente sin armar alboroto alguno, un ligero viento removió su perfume, Sophie sintió el aroma y giró su cabeza de manera inmediata, sólo vió la puerta moverse un poco.
*— ¡Es casi imposible que esté aquí! ¿Cierto? Es sólo mi imaginación, ya necesito un descanso.
Al final del día, el rector entró al pequeño auditorio con una caja en las manos acompañado de una tarjeta.
—¡Jóvenes! Uno de nuestros socios decidió ser benefactor para donar obsequios a los mejores promedios de toda la universidad, tenemos dos promedios perfectos, uno en bioquímica y otro aquí, la ganadora de este año es, Sophie Cleiton.
Un aplauso resonó en el salón, Sophie se levantó y tomó la caja, un computador de última generación era el premio. Algunos comenzaron a murmurar y prometer se estudiar más para ganar el siguiente premio.
—¿Habrá más premios en el futuro?
—Cada año se dará, mientras nuestro benefactor así lo decida. Hora de esforzarse jóvenes, espero sean los próximos en recibir un premio.
Todos querían ver el nuevo computador de Sophie, hasta ese momento ni el alumno con más dinero tenía uno así.