Al salir de la mansión Norvig, el rey observó la puerta con un poco de desden en su mirada, subió al automóvil con una rabia contenida que se notaba a simple vista.
—¿Quién crees que sea esa mujer?
—No tengo idea, pero la encontraré.
—Debe ser alguien de la realeza Escocesa, de aquí nadie se atrevería a ir en contra de nosotros.
—No me importa de cual realeza sea, esa mujer no se casará con Alexander.
—No podemos obligarlo a casarse con Kassandra ¿cómo lo lograrás?
—Ese matrimonio se hará si o si, estamos en banca rota y sin la ayuda de grupo Norvig nos quedaremos sin reino.
—¡Hay que hacer algo en lo que se lleva acabo la boda! No podemos esperar de brazos cruzados y ver cómo se desintegra el reino.
—¿Y que quieres hacer querida? La industria que nos mantenía a flote era la minería y los dos sabemos bien que esa mina ya se agotó.
—Pensemos en algo, lo poco que tenemos hagámoslo trabajar.
—Es mejor esperar al matrimonio.
—¿Y que haremos con el pueblo?
—Las reservas se harán cargo.
—¿Que pasará cuando se agoten?
—¡Cállate! Es por eso que la boda debe llevarse a cabo.
Una fuerte bofetada aterrizó en su rostro, incrédula por la acción se quedó enmudecida tocando su rostro.
—Las reservas pueden durar hasta diez años, pensaré en la solución para que la boda se realice pronto.
La reina apretaba su puño, no podía creer que su esposo quien estaba a cargo de una nación pensara que se solucionaría todo con las reservas y un matrimonio que no se sabía si sucedería.
No le quedó más remedio que guardar silencio, suspiró y se mantuvo callada por el resto del camino, rogándole al cielo que permitiera ese matrimonio.
—Peter, arma una carpeta con todos los negocios y deudas de la familia real. No dejes fuera ningún detalle por más pequeño que sea.
—Lo tendré listo en un par de días señor.
—Quiero todo listo por si se les ocurre hacer alguna tontería.
Los siguientes días Alexander buscaba un motivo para estar en la universidad, quería estar cerca de Sophie, hasta que llegó Peter con noticias que le alegraron el día.
—¡Señor, tiene reunión en la universidad! Los socios quieren hacer algunas mejoras y necesitan que todos estén presentes.
—¡Que buena noticia! ¡Vamos rápido!
—¿Algún interés en especial señor?
—Debo ver a mi futura esposa, tengo varios días sin verla.
—¡Puede llamarla por teléfono señor!
—¡Cómo crees! Si hago eso la asustaría bastante, ella no me dió su número telefónico.
Con una amplia sonrisa en su rostro salieron de la oficina, la secretaria se sorprendió al ver a su jefe sonreír, en más de tres años trabajando para el grupo Norvig jamás lo había visto sonreír así.
Al llegar al campus giraba la cabeza de lado a lado como si buscara algún tesoro perdido.
—¡Duque Norvig! Lo esperábamos sólo a usted, pase a nuestro salón de conferencias.
—Peter, averigua la hora del almuerzo de Sophie y reserva el restaurante para mí.
—¡Ahora mismo lo hago mi señor!
Durante la reunión, comenzó una nevada ligera que provocó los alumnos desaparecieran de los jardines, Alexander observaba por la enorme ventana como se quedaba más sólo el campus, antes de volver la mirada al proyector una figura bastante familiar salía del edificio que se encontraba del otro lado, sonrió y se levantó.
—¿Hay algo más que atender?
—¿Disculpe?
—Las mejoras que quieren hacer son necesarias así que hagan las, envíen el papeleo correspondiente a mi oficina y listo. Debo retirarme.
Los miembros de la junta de accionistas de veían unos a otros sin poder molestarse ya que era el poderoso Duque de Pearl.
Tomando su abrigo salió al jardín, la nieve caía sobre sus hombros cubriendo como un manto blanco, aceleró el paso para poder alcanzar a la mujer. La vió parada bajo un enorme árbol de almendras con su teléfono en mano, sin un abrigo que cubriera el frío.
Alexander se quitó el abrigo, se acercó con bastante sigilo y lo puso sobre sus hombros.
—¡Usted señorita! ¿Cuando será el día que esté abrigada?
Dando un sobresalto y un ligero grito, Sophie giró su cuerpo tocándose el pecho.
—¿Acaso me quiere matar de un susto?
—¡Eso jamás! De nuevo te encuentro bajo la nieve sin abrigo ¿quieres enfermar?
—¿Que haces aquí? ¿Me estás siguiendo?
Acercándose peligrosamente y acorralando la en el árbol se acercó al oído.
—¡Y si te dijera que si!
—No lo creería.
—Es hora del almuerzo ¿estás ocupada?
—Iré a almorzar para ir a mi trabajo.
—¡Entonces ven conmigo!
La tomó de la mano y la guío, cruzando el campus estaban a pasos de llegar al lujoso vehículo.
—¡Espera! ¿A dónde vamos?
—No tengas miedo, sólo vamos a almorzar.
—¿Almorzar? ¡Ok! Yo elijo el lugar.
Entrecerrando los ojos, Alexander sintió algo raro.
—¡Ok!
Peter abrió la puerta del automóvil al verlos acercarse más.
*—¡Será que elegirás algo extravagante? ¿Acaso eres una interesada?
—No iremos en auto, pero gracias por la cortesía.
—¿Cómo que no iremos en auto?
—¡No, tu sígueme!
La animosidad de Sophie llenó el corazón de Alexander, a pesar de no saber a dónde se dirigían sintió una ola de seguridad y se dejó llevar.
Lo tomó de la mano y comenzó a caminar estirando su brazo para jalar al enorme caballero detrás de ella.
—¡Corre, es tarde!
—¿A dónde me llevas?
—Apuesto todo mi dinero a que nunca comiste en un lugar así cuando estuviste en la universidad.
Apuntando un local de hamburguesas Sophie sonreía como una niña pequeña.
—¿Te gusta ese tipo de comida?
—No me gustan, ¡amo las hamburguesas!
—¡Ok! Comamos hamburguesas.
Al entrar, los presentes observaban al hombre elegante y serio que entraba de la mano de una joven animada.
—Se que no es un lugar al que sueles frecuentar, así que... Si no estás cómodo dime y cambiamos de lugar.
—¡Yo haré lo que a ti te haga feliz!