Me gustas

1101 Words
—¡Gracias por la rosa! Un lindo detalle. —¡Nada es más bello que tú! Sentándose frente a ella tomando la copa de vino en su mano, no le quitaba la vista de encima. —¡Eres una mujer muy hermosa Sophie Cleiton! —¿Quién es usted? —¿Usted? No soy tan mayor ¿o te parezco muy viejo? —¡No, nada de eso! Sophie bajó la mirada un poco avergonzada apretando sus manos sobre sus piernas bajo la mesa. —¿Entonces? —No lo conozco y por respeto prefiero llamarlo así. —¡Buena respuesta! Mi nombre es Alexander Norvig y tan sólo tengo 26 años, así que no soy mucho muy mayor y puedes llamarme sólo Alexander. —¡El Duque de Pearl? —¡Wow! Me conoces. —¡Todos aquí conocemos el nombre del Duque de Pearl! —¿Que quieres comer? —Solo una ensalada por favor. —¡Ensalada! ¿Acaso eres un caballo? Trae filete y pasta, acompañado de este vino. —No como tanto, es demasiado. —Ya veo que no comes tanto, estás delgada en exceso debes comer más. Sophie asintió, veía el hermoso rostro del hombre frente a ella, una ceja enarcada y una ligera sonrisa marcada en la comisura de sus labios eran el toque perfecto para hacerlo lucir más atractivo y sexi. La comida llegó y durante la cena charlaban de cosas triviales, su dolor favorito, la música que escuchaba, sus hobbies. —¿Tienes novio Sophie? —No, aún no es el mejor momento. La respuesta provocó que Alexander frunciera el ceño. —¿Tienes pretendientes? —No, ninguno. No soy tan bonita como para tener pretendientes. La sonrisa volvió a aparecer en el rostro de Alexander, tomo su copa la agitó un poco y bebió un sorbo de vino. —Eres hermosa, es mejor que no tengas pretendientes. —Si, no podría mantener una relación, estudiar y trabajar al mismo tiempo. Bueno aparte de que no me gusta nadie. —Estarás soltera por poco tiempo. —¿Cómo? —Caminemos un poco, vamos a dar una vuelta. Salieron del restaurante, caminaron por la acera. Alexander escuchaba con mucha atención cada palabra de Sophie, escucharla hablar sobre su carrera y sus planes a futuro era increíble. —¿Te quedarás a trabajar en Benson? —Ellos son lo que deciden si uno se queda o se va. —¿Pero, tú quieres trabajar con ellos? —¡Si, es el mejor bufete de abogados! Cuando me aceptaron en su plan de entrenamiento fue la mejor de las noticias. —Entonces eso sucederá. —Debo esforzarme mucho para lograrlo. Sophie desconocía que Alexander era socio oculto del bufete de abogados Benson. Caminaron por unos minutos más hasta llegar a una tienda de postres, a Alexander se le ocurrió una idea. Durante la cena Sophie mencionó que su postre favorito era el pastel de chocolate con fresas bañadas en chocolate amargo. —¡Ven! Nos faltó el postre. —¿Que dices? La tomó de la mano y la llevó al lugar. —Señor, estamos a punto de cerrar vuelvan mañana. Sacando su teléfono de su abrigo, pasó su código para hacer una transferencia. —¿Diez mil es suficiente? —¿Diez mil? —Estoy pagando por dos horas de atención ¿no es suficiente? Transferiré más entonces. —¡La cantidad está bien señor! El dueño de la tienda se apresuró para atenderlos, en una o dos horas ganaría más que en una semana. —Pastel de chocolate, con fresas bañadas en chocolate, por favor. *—¡Lo recordó! Recordó que me gusta el pastel de chocolate. Los minutos rápidamente se convirtieron en horas, Sophie comía si pastel mientras hablaba de algunas cosas, pinturas famosas y alguno que otro recuerdo de su niñez, escuchaba con mucha atención las historias de Alexander durante su vida en Escocia y recuerdos con sus padres antes de fallecer, eran las once de la noche cuando vió su reloj. —Debo irme, es tarde. —Te llevo a casa. Alexander volvió a sacar su teléfono y poniendo la misma cantidad volvió a pasar el código para pagar. —A mi novia le gustó el lugar, así que es un extra. —¡Es muy amable señor! El automóvil llegó y subieron, al llegar a la universidad Alexander bajó y abrió la puerta para que Sophie descendiera. —¡Gracias por la cena! Fue una noche increíble. —¿Recuerdas lo que te dije durante la cena? —¿Que? —No estarás soltera por mucho tiempo. Una mueca y un brillo en los ojos de Alexander, se acercó peligrosamente a la hermosa mujer para hablarle al oído. —Me gustas Sophie y me gustas mucho, siempre consigo lo que quiero y quiero que seas mía. —¡Debo irme! Soltando el agarre salió corriendo directo al edificio, Alexander sonreía al verla huir como conejo asustado. —Peter consigue un ramo de cien rosas rojas, mañana tendré novia. —Si señor. Al entrar a la habitación, Felicia y la bebé ya dormían plácidamente, fue despacio para no despertarlas. Saliendo del baño con pijama puesta entró a su cama y recordaba la cercanía del hombre, su piel fría rozando su mano, su respiración cálida en el cuello cada que pronunciaba alguna palabra, su aroma llenando sus sentidos. —¿Es amor? No lo sé, pero me gustas mucho Alex, eres un hombre interesante y atractivo. Sophie durmió con Alexander en su pensamiento, ahora sabía que sería difícil sacarlo de su mente. Al llegar a la mansión Norvig había una silueta conocida en la entrada, al verlo bajar del automóvil Kassandra corrió para abrazarlo. —¡Por fin llegaste! Tengo tres horas esperándote. —¡Vete a casa! —Alex, quiero verte. —¡No me llames Alex, saben que odio que lo hagan. —Perdón, no lo volveré a hacer. Kassandra siguió a Alexander pero antes de poder entrar a la casa cerraron la puerta. —¡Alexander, abre! Alexander. Peter salió unos minutos después para hablar con la mujer. —Será mejor que se retire señorita, el señor no la piensa recibir, ya se fue a su habitación. —¿Qué? No puede hacerme esto, no nos hemos visto en mucho tiempo. Peter regresó a la casa dejando a Kassandra fuera, la mujer gritó haciendo un berrinche y pataleando con sus tacones caros, llamó a su chófer para volver a casa. *—Cuando nos casemos te voy a hacer pagar cada humillación Alexander Norvig, lo prometo.
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