La primera cita.

1030 Words
Una camarera se acercó a ellos, con dos sencillos menús en sus manos, los extendió colocándolos en la mesa. —¿Que desean ordenar? —Una hamburguesa con queso y una malteada de chocolate, por favor. —Lo mismo. Alexander no observaba el sencillo menú, sólo tenía ojos para la mujer frente a él. Peter se acercó a una distancia moderada y con respeto. —Señor, está todo listo. —¡Gracias Peter! —¿Que es lo que está listo? —Una sorpresa después de la comida. Las hamburguesas llegaron, comían y charlaban de temas que surgían conforme pasaba el tiempo. —Son deliciosas, jamás había comido algo así. —¿Qué? ¡No puedo creer que nunca comiste una hamburguesa! De verdad siempre fuiste un niño rico. —En eso tienes razón, jamás comí nada que no fuera de un restaurante, no lo llegué a pensar. —Bueno te invitaré aquí más seguido. —¿De verdad? Sophie Cleiton ¿Me estás invitando a más citas? —¡Yo! Con el rostro sonrojado de la chica y sin saber que responder cambió el tema lo más rápido que pudo. —¿Que te gusta hacer? ¿Tienes un hobie? —Invertir en la bolsa. —Algo más divertido, eso es trabajo ¿no? —En ocasiones juego tenis, no es que sea mi pasatiempo favorito pero lo practico. Y dime ¿cuál es tu hobie? —Bailar, ver las estrellas y leer. —Suena interesante, lees moderno o clásico. —Clásico, la literatura clásica es fascinante. Que se centre en la experiencia humana y sus emociones es maravilloso. —¿Tienes un escritor predilecto? —¡Si, William Shakespeare! —Tienes un gusto exquisito en literatura. —Intento aprender. —Es tarde, debemos irnos. —Cierto debo ir a trabajar, me descontarán el día. —Descuida, ya está arreglado. Benson sabe que estás conmigo en una cuestión de trabajo. —¿Que? —Peter llamó a Benson para avisar que estás trabajando conmigo. —¡Pero! ¿No estoy trabajando? —Claro que no, ¡Tengamos nuestra primera cita! Los ojos de Sophie se abrieron llenos de sorpresa, trago un poco de saliva pronunciando con dificultad algunas palabras. —¿Una cita? —Si, una cita. Es mi turno que me sigas. Despues de pagar la cuenta, Alexander la tomó de la mano y salieron del lugar siendo observados por las miradas sorprendidas de los comensales, jamás había asistido a ese lugar un hombre tan distinguido y elegante. Algunos murmullos resonaban por lo bajo cuando se dirigían a la salida. —¿A dónde vamos? —Es una sorpresa. El camino en auto fue un poco silencioso, Alexander enviaba mensajes durante el camino y revisaba algunos documentos en su tableta electrónica. Al llegar al lugar, Sophie se sorprendió, estaban en el observatorio de la ciudad. —¿La cita es aquí? —¡Si! ¿No te gusta la idea? Si es así podemos cambiar de lugar. —Me encanta ¿Cómo fue que? —Cuando dijiste que te gustaba ver las estrellas, pensé sería un buen detalle traerte aquí. —¡Gracias! Las palabras de Sophie mostraban un agradecimiento real y sincero, sus ojos brillaban como luceros del amanecer, no esperaba que un hombre tan serio como Alexander Norvig escuchara con atención sus gustos y mucho menos que los recordara. Peter los esperaba con una sonrisa, el astrofísico encargado del lugar comenzó a darles una ligera charla, mostrando fotografías fascinantes del espacio exterior. Fueron guiados al telescopio y les mostraron las estrellas, la cara de Sophie siempre atenta y brillante ante la sorpresa era inigualable. Durante todo el día observaban el cielo, veían fotografías y descripciones de todo tipo. —Los dejo solos un momento, debo salir a realizar una encomienda. —Adelante, lo esperamos doctor. —Debiste ser astrofísico, creo que te equivocaste de carrera. —En realidad quería estudiar literatura antigua pero mis padres se negaron. Ellos creyeron que no me llevaría a ningún lado y decidieron por mí que estudiaría leyes. —Aun estás a tiempo de cambiar, no importa que te lleve más años. Lo único importante es que hagas lo que te gusta. —Estoy apunto de graduarme. —Entonces toma una segunda carrera. —Lo pensaré. —¿Te gusta lo que estudias? —Si, al principio no tanto pero con el tiempo he comenzado a tomar interés por las leyes, el ayudar y defender a quien más lo necesita me gusta bastante. —Entonces lo que a ti te gusta es aprender y ayudar. —¡Mmm! Creo que si. —Serás una gran abogada, tienes unos excelentes valores morales. —Esos los aprendí sola. —¿Tus padres no figuran? —¡No, será una plática para después! Alexander ya sabía los detalles, pero obviamente no revelaría que sabía todo sobre Sophie, esperaría a qué ella le contara, ese día significaría que había ganado su confianza. Mientras charlaban sobre las preferencias educativas de Sophie, llegó la noche y el cielo se oscureció ahora era el momento perfecto para continuar viendo las estrellas. Cada que observaba una, Sophie volvía a la pantalla de la computadora y revisaba los apuntes que el astrofísico había dejado, detrás de ella con los brazos apoyados en el escritorio, Alexander la escuchaba atento con una sonrisa dibujada en su rostro. *— Sophie, eres bastante irreal ¿cómo puede haber una chica tan sencilla como tú? Eres bastante fácil de complacer y de hacerte feliz. Alexander desvío la vista de la pantalla y sólo podía observar a la hermosa mujer frente a él, sus ojos llenos de admiración y cariño eran acompañados de esa sonrisa tonta que ponía cada que la tenía cerca. Sophie seguía hablando y apuntando con su largo y delgado dedo la pantalla mostrando algunos datos e imágenes, pero Alexander no ponía atención a eso, sólo respondía asintiendo y un ligero sonido. —¡Lo siento, te estoy aburriendo! —Nada de eso, me interesa todo lo que a ti te gusta. El astrofísico volvió llevando unos documentos en las manos y se dirigió a ellos. —Señor Norvig, aquí está todo.
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