No hay boda.

1100 Words
—¡Felicia! ¿De verdad no pasa nada? —¿Por qué preguntas Sophie? —Hoy todo fue muy extraño, no me mal intérpretes. Claro que quiero ser la tutora legal de la bebé, pero creo fue todo muy apresurado. —Sophie, como el profesor Thyron dijo, como futuras abogadas sabemos muy bien lo importante que debe ser tener todo en regla. —Eso lo entiendo. Sophie quiso dejar a un lado el tema y siguieron caminando, Felicia sintió en su corazón que debía contarle la verdad a su amiga para que pudieran estar preparadas ante cualquier suceso inesperado. —¡Hay otro motivo! —¿Cuál? —Ayer me encontré con Enrique Gibson y casualmente preguntó, por el bebé. —¿Qué? —Obviamente lo ignoré y le recordé que entre Arturo y yo no hay nada así que no debía preguntar. —Hiciste bien, esa familia te hizo a un lado y ahora ¿cómo es que están interesados en la pequeña? —Es por eso que quiero seas legalmente la tutora de mi pequeña Sophie, no quiero sonar fatalista y obvio quiero estar con mi hija por toda una vida, pero no sabemos que nos depare el futuro. Y teniendo todo en regla ellos no se podrán acercar a nuestra hija. —¡Tú verás a tu hija crecer! Y la cuidaremos juntas. —Solo prométeme que no les darás a mi hija a esa familia. —¡Lo prometo! Sophie jamás pisará la mansión Gibson. —¡Hasta que te cases! ¡Ja, ja, ja! —Aunque me llegara a casar en algún momento, jamás las abandonaría recuerda que somos familia. Una vez en la habitación, Sophie no podía dormir. Sentada en su cama viendo la noche por la pequeña ventana, a su mente venían mil escenarios por los cuales Felicia había decidido poner en sus manos a su hija, le entristecía la mera idea de llegar a perder a la única familia que tenía. *— ¡Jamás permitiré que la familia Gibson les haga daño! Sophie cerró sus ojos recargada en la fría pared, el ritmo en su respiración disminuyó relajando sus sentidos. Su mente comenzó a divagar y recordar a ese hombre, ese que le robaba el aliento y la hacia suspirar, su toque helado, su perfume y su hermoso rostro la hacían sonreír. *—¿Qué? ¡No puede ser! ¿Por qué pienso tanto en Alexander? Abrió los ojos y sacudió la cabeza, se acostó y tapó con la manta mientras repetía en su mente que dejara de soñar. *—¡Déjate de tonterías Sophie! Un hombre como Alexander Norvig jamás se fijaría en alguien como tú. No somos del mismo círculo social. Sophie calmaba a su mente sin saber que el mismo Alexander Norvig pensaba diferente, estaba bastante interesado en ella. Al igual que la mujer, el Duque de Pearl pensaba en ella, con la diferencia que el sonaba con estar a su lado en algún momento. —Señor Norvig, llegó el rey, dice tener algo urgente que hablar con usted. —No me puedo librar de esa familia de ninguna manera. —¿Quiere que lo haga irse? —¡No, iré a atenderlo! Se que no es para nada bueno a lo que vino. Y es mejor deshacerme de él lo más rápido posible. Alexander salió de su estudio, al llegar a la sala de estar vió sentados al rey y la reina con una sonrisa absurda y fingida. —Es tarde ¿en qué puedo ayudarlos? —Alexander, no seas tan formal si comos casi familia. —¿Familia? Explique como es eso posible. — Venimos a fijar la fecha para la boda con Kassandra. Los ojos de Alexander se abrieron con sorpresa e incredulidad, sabía que la familia real era bastante obstinada, pero no imagino que fueran tan cínicos. El funeral de Isel acababa de suceder y ellos ya pensaban en una boda. Al notar el rostro inexpresivo del hombre, el rey decidió seguir hablando como si esa fuera la manera correcta de convencerlo. —¡Hijo! Quizá te parezca extraño, ya que tú matrimonio era principalmente para afianzar la posición de ambos reinos. Sin embargo tú ya tenías un compromiso con Kassandra, ustedes estaban destinados a casarse desde su nacimiento. Alexander cruzó los brazos escuchando cada palabra que decía el hombre frente a él, sus absurdas explicaciones lo divertían bastante. —Si habíamos decidido que tú matrimonio fuera con nuestra hija fue porque ella se encapricho contigo, ahora que no está creemos que lo correcto es que retomes el compromiso de nacimiento con kassy. —¡Si, hablemos del compromiso! Yo puedo ayudar con toda la organización del magno evento. —¡Se puede contratar a un organizador querida! —Pero yo quiero que sea especial, y para eso debo dedicar mi tiempo y esfuerzo en cada detalle. La pareja real hablaban entre si, ignorando la presencia de Alexander, quién había perdido la paciencia. —¿Terminaron? —¡Oh! ¿Sucede algo querido? Alexander tomó asiento con el rostro impasible y una mirada que podía asesinar a cualquiera. —¿Quién dijo que hay un compromiso entre la señorita Antón y yo? Que su familia y mis padres de dieran eso cuando éramos niños no me hace querer cumplirlo, no estamos en la edad media y no me casaré por compromiso. —¡No puedes deshacer un compromiso! —Si puedo y lo haré. Y en segundo lugar el funeral de su hija tiene dos días y ustedes piensan en una boda, que padres tan considerados. —No hay motivos para retrasar su compromiso, claro que nos duele mucho la partida de nuestra única hija, pero la vida debe continuar y que mejor que su única prima Kassandra tome su lugar como tú prometida. —Pueden retirarse, no habrá boda y no sueñen con una unión entre los dos reinos, ya tengo a la que será mi esposa y la próxima duquesa de Pearl. —¿Que? —Como lo escucharon, no pienso discutirlo con nadie, tengo a alguien y ella será la única señora Norvig así que largo de aquí y no quiero volver a verlos. —¡No puedes hablarnos de esa manera! —Están en mi casa y yo les hablo como quiero, no me someteré a sus deseos absurdos. —¡Alexander Norvig! Puedo expulsar te de la ciudad ¿lo sabes, cierto? —¡Intentalo! Alexander se levantó y subió las escaleras, dejando a la pareja real con la boca abierta ante las palabras del hombre.
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