Del otro lado de la línea, Sophie había escuchado cada palabra que salió de la boca de Kassandra, en sus ojos se notaba la confusión, apretaba el teléfono tan fuerte que su mano se tornó blanca.
Con un suspiro lleno de tristeza habló.
*—¡Sophie!
*—¡Hola Alex!
Al escuchar que su amada Sophie lo llamaba Alex con ternura, suspiró con un poco de alivio, eso significaba que no escuchó las tonterías de Kassandra.
*— Perdóname por no hablar contigo antes, tengo demasiado trabajo.
*—Descuida, eso lo entiendo a la perfección.
*— Te extraño demasiado, ya quiero verte.
*—Yo también te extraño.
Alexander frunció el ceño, había algo en el tono de voz de Sophie, que lo hacía sentir que algo no andaba bien.
*—¿Estás bien?
*—Solo un poco cansada.
*—Descansa, a mi regreso te daré una sorpresa.
*—Debo terminar la llamada, volveré al trabajo.
*—¡Te amo Sophie, no lo olvides!
*—¡Te amo Alexander!
Con las manos un poco temblorosas, Sophie terminó la llamada. Observaba el teléfono fijamente con los ojos llenos de lágrimas.
*¿Que quiso decir la señorita Antón? ¿Será que sucedió algo entre ellos? No Sophie, no, debes confiar en Alex.
Alexander observaba el teléfono con un poco de confusión, la manera fría en la que respondía Sophie lo hicieron dudar si estaba bien.
—¿ Sucedió algo, señor?
—Sophie está algo rara, no suele ser así de fría, ¿crees que pudo escuchar a Kassandra?
—Podria ser señor.
—Regresamos en dos días, tienes el día de hoy libre, consígueme un teléfono y recoje de la joyería Zuny un encargo.
Asintiendo, Peter salió de la oficina, Kassandra observaba desde un rincón alejado sin ser vista, su sonrisa burlona hacia presencia.
*—La duda te comerá por dentro Sophie, y yo la seguiré alimentando hasta lograr destruirte.
Saliendo del campus universitario, Felicia caminaba con su pequeña en los brazos sin darse cuenta que un automóvil la seguía con una distancia prudente para no ser visto.
Felicia le cantaba a la pequeña y sonreía cada que la bebé lo hacía también. Estando cerca de la niñera por fin se dió cuenta que la seguían, giró su cabeza lentamente para no alertar a las personas que lo seguían.
—Señorita Felicia.
—pequeña Sophie, debo irme y tú debes portarte bien ¿entendido?
Sin entender ni una sola palabra, Sophie le sonreía a su madre.
Felicia comenzó a caminar directo a su trabajo, la sensación de ser perseguida era muy fuerte, un miedo en ella creció haciéndola caminar lo más rápido que podía.
Cerca de un parque un automóvil de lujo se paró frente a ella, con el corazón latiendo a mil por hora se giró para salir de ahí, no esperaba que otro automóvil llegará detrás de ella, descendieron cuatro hombres y la rodearon.
—¿Quienes son ustedes? ¡Déjenme en paz!
—¡Hola Felicia!
Esa voz la conocía muy bien, no era nadie más que, Enrique Gibson.
—¿Se le ofrece algo, señor Gibson?
—Tengo algo importante que decirte.
—Yo no tengo nada que decir.
—Pero yo sí, ahora decide si vas conmigo por la fuerza o por buena voluntad.
—Señor Gibson, no tengo nada que ver con su familia y si piensa que intimidando me logrará que vaya con usted, está en un error. Ahora bien, si piensa que puede llevarme a la fuerza, recuerde que estudió derecho y eso es privación ilegal de la libertad y ni con todo su poder y dinero logrará que no lo denuncie.
Enrique Gibson apretó los puños con fuerza, era la primera mujer que no cedía a sus exigencias.
—Entonces hablaremos aquí.
—Ya lo dije, no tengo nada que hablar con los Gibson.
Felicia caminó sin detenerse, pero Enrique la detuvo con fuerza del brazo.
—Si te vas, no volverás a ver a tu hija.
—¡No te atrevas idiota!
—¡Idiota! Por lo que veo sigues con tu poca educación niña, y es por eso que mi familia no aceptó tu relación con Arturo.
—¿Que es lo que quiere señor Gibson?
—¡A tu hija!
—¿Que?
—Mi abuela se enteró de la pequeña aventura que tuvo Arturo contigo y no quiere que ningún descendiente crezca fuera de nuestro hogar.
—No me interesa. Sophie está bien conmigo.
—¿A eso le dices estar bien? Debes dejarla con un extraño y puedo afirmar que apenas y tienes dinero para mantenerte.
—Dije que no me interesa entregarles a mí hija.
—No seas terca niña, la pequeña tendrá una mejor vida en la mansión Gibson que en una triste habitación estudiantil de universidad.
—Debe ser un mal chiste ¿cierto? Ustedes me menospreciaron, me trataron como basura cuando supieron que estaba embarazada, Arturo nunca se preocupó por su hija, nos dejó a nuestra suerte y ahora esperan que yo la entregué así sin más.
—Sabes que tenemos los medios para que nos la entreguen lo único que debes hacer es aceptar.
—¡No! Ya les dije que no entregaré a mi hija, sólo una cosa más antes de que me vaya. Mi hija no tiene registro familiar con los Gibson, mi hija sólo es Sophie Galin.
—Entiende mujer, todo es por el bien de la niña, Arturo ya se comprometió con una princesa cuando termine su posgrado se casarán y la niña tendrá una buena madre.
—Mis más sinceras felicitaciones a la pareja, que ellos tengan sus propios hijos pero Sophie se queda conmigo.
—No eres nadie estúpida, esa niña se va conmigo lo quieras o no.
Enrique la tomó con fuerza de la mano, sus ojos llenos de furia lo hacían perder la razon, Felicia trataba de soltar el agarre de Enrique, al lograrlo corrió tan rápido como pudo en dirección contraria, el heredero de los Gibson intentó detenerla corriendo detrás de ella, Felicia cruzó la calle corriendo, un auto la impactó con fuerza, un grito aterrador resonó por toda la calle acompañado de un chillido.
Los presentes quedaron impactados al ver qué Felicia había caído varios metros delante, moviendo la mano con dificultad sólo decía una palabra.
*— Sophie.