En su sueño, Sophie caminaba descalza por el jardín del campus, lleno de una espesa neblina que le impedía la visibilidad.
Caminaba con un poco de temor con su brazos estirados como si buscara algo, hasta que sintió una fría mano que la tomaba y comenzaba a caminar delante de ella.
Sólo podía ver su espalda y sentir su fría y blanca mano, pero percibía demasiada tranquilidad a su lado, girando su cuerpo lentamente su voz fuerte pero suave se escuchó al mismo tiempo que el despertador sonó anunciando el amanecer, evitando que pudiera ver el rostro de el hombre misterioso.
*—¡Tranquila Sophie, yo siempre estaré a tu lado!
Abrió los ojos con rapidez dando un suspiro mientras apagaba el despertador, tapando su rostro moviendo la cabeza con negación sonreía para si misma.
*—¡Eres una tonta, Sophie! ¿Cómo te puede sonrojar un hombre imaginario? ¡Fue solo un sueño!
No sabía por qué, pero su corazón se sentía extraño esa mañana, había una opresión bastante anormal en ella como un presentimiento de que algo pasaría.
Después de darse una ducha eligió ropa sencilla para salir, unos jeans una camiseta blanca y unos zapatos deportivos para estar cómoda.
—¿Saldrás? Hoy no hay clases es día feriado.
—Tengo que terminar un trabajo de investigación el lunes y quiero aprovechar que no hay clases.
—¡Ok! Lleva un abrigo grande, el pronóstico del clima dice que habrá una tormenta de nieve.
—¡No nevara! El cielo está azul y hermoso. ¿Tu no saldrás?
—Mas tarde al trabajo, sólo espero que despierte la bebé para llevarla con su niñera.
—Nos vemos en la noche.
Tomó sólo una sudadera y salió de la habitación, dirigiéndose al comedor de la universidad tomó un sándwich, una manzana y un bote de leche para su desayuno.
—¡Ey Sophie! Por aquí.
—¡Hola Eleazar!
—Es la primera vez que te veo fuera del salón de clases, últimamente estás demasiado ocupada.
—Lo siento Eleazar, entre los trabajos y tareas me queda muy poco tiempo libre.
—Debes descansar un poco, ¿que harás hoy?
—Iré a la biblioteca, debo terminar el trabajo que entregaremos el lunes.
—Aun faltan varios días ¿por qué no salimos?
—Quiero aprovechar que no hay clases y que no tengo trabajo hoy para poder aventajar un poco.
—¡Ok! ¿Te puedo acompañar? Así yo también comienzo mi trabajo.
Sophie asintió, terminaron su desayuno y fueron directo a la biblioteca. Eligieron una mesa al fondo para no ser molestados, sacaron sus portátiles y fueron en búsqueda de los libros que necesitaban.
Durante horas los libros comenzaron a acumularse en la enorme mesa, el cuaderno de Sophie abierto con algunos apuntes y su portátil encendida con más de la mitad del trabajo ya hecho.
Eleazar se estiró un poco y vió en su reloj que habían pasado más de cuatro horas en la biblioteca.
—Sophie, ya son casi las tres de la tarde debemos ir a comer algo.
—¿Enserio? El tiempo se me fue muy rápido.
El teléfono de Eleazar sonó cuando estaba a punto de cerrar su portátil.
—Disculpa un minuto, es mamá y debo responder.
—Atiende, por mi no te preocupes.
Sophie se levantó de su silla y caminó al enorme ventanal de la biblioteca observó que algunas nubes ya se habían formado el cielo se veía de un tono violeta y había más luz de lo normal, sonrió al recordar que Felicia mencionó la probabilidad de nieve.
—¡Sophie, debo irme! Mi papá tuvo un accidente de auto.
—Ve primero, espero no sea algo grave.
—¡Gracias! Por cierto, ve a comer algo no te quedes sin comer.
—Descuida, lo haré.
Eleazar recogió sus cosas y salió de la biblioteca casi corriendo, Sophie volvió a tomar asiento y continuó con su trabajo.
Una pequeña brisa comenzó a caer y después de un par de horas comenzó a caer una ligera nevada.
El cansancio comenzó a hacerse presente y la hizo levantarse para observar su reloj.
*—¿Qué, como pueden ser las siete de la tarde?
Giró su bello rostro y se dió cuenta que ya estaba comenzando a oscurecer y la nieve se había vuelto espesa.
*—Hora de irme, lo bueno que pude terminar mi trabajo.
Recogió sus cosas, guardó todo en su mochila y salió de la cálida biblioteca, se abrazó así misma la temperatura había bajado muy rápido y hacia bastante frío.
*—¡Rayos! ¿Por qué no le hice caso a Felicia? ¡Ok! Son solo veinte minutos a la habitación si me voy por rectoría.
Cubriendo su cabeza con la capucha de la sudadera comenzó a caminar, la nieve se intensificaba Sophie se apresuró y tomó el camino por rectoría.
El frío intenso y la nieve espesa cubrían su delgado cuerpo haciéndola temblar como una gelatina. Caminaba con la cabeza baja para evitar que la nieve cayera en su rostro, levantando ocasionalmente la vista pudo ver que un convoy de automóviles de lujo estaban fuera de rectoría.
*—¡Que raro! ¿Que harán aquí ?
Al pasar fuera del edificio una enorme sombra apareció saliendo por la tarde norme puerta, Sophie no pudo evitar chocar con la persona que salía en ese momento.
—¡Agh!
Gritó Sophie estando a punto de caer al piso, los fuertes brazos la tomaron por la cintura evitando que cayera, la capucha de la sudadera resbaló dejando ver su hermoso rostro bajo la luz tenue de las lámparas.
Las manos heladas del hombre se podían sentir a través de su ropa, una sensación que ya había sentido antes.
—¡Yo... Yo, lo siento! Venía distraída.
El hombre no decía una sola palabra, sólo observaba a la chica frente a él, sus labios rojos y sus grandes ojos eran bastante hipnotizantes.
Sophie se incorporó poniendo una mano sobre el pecho del hombre.
—¡De nuevo pido disculpas!
Alexander Norvig seguía sin poder decir una sola palabra, antes de que la mujer pudiera huir la tomó con fuerza de la mano.
—¡Alexander!
Sophie se asustó al escuchar la voz furiosa de una mujer, soltó el agarre y salió corriendo de ahí.