Lo primero que hizo Alexander a la mañana siguiente antes de ir a la oficina fue enviar un regalo a su novia.
—Peter, envía cien rosas rojas a Sophie que sea lo primero que vea al salir del salón de clases.
—¡Enseguida señor! Señor, tiene una cita pendiente con su abogado.
—Dile a Reynolds que lo veré durante la comida.
Subieron al automóvil de lujo, mientras el chófer conducía, Peter hacía el pedido de flores encomendado por su jefe y revisaba algunos pendientes. Alexander navegaba en internet y después de un rato sonrió, sacó de su portafolio una hoja pequeña y escribió una nota.
— Encontré el regalo perfecto para mí novia, lo compré ve a recogerlo y le pones esta nota, que lo entreguen junto a las flores.
—¡Entendido señor!
En la universidad las clases terminaban y al salir del edificio un par de hombres con un enorme ramo de rosas rojas y un conejo de peluche esperaban de pie en la pequeña plaza.
Alguien esperaba por Sophie y la llamó en cuanto la vió salir.
—¡Señorita, Sophie Cleiton!
—¿Yo?
—¡Haga el favor de acompañarme!
—Sophie no lo acompañará a ningún lado.
Intervino Eleazar con rapidez colocando la mano frente al hombre.
—¡Oh! Es un mal entendido, sólo quiero guiarla y entregar un regalo ¡aquí está!
El hombre estiró el brazo señalando, no se veía nada por todos los curiosos que veían el espectáculo.
Sophie sintió una gran curiosidad y caminó a dónde la guiaba, al acercarse más pudo ver y sus ojos se abrieron de par en par.
—¿Esto esperando para mí?
—Le hago entrega de ésto y díganos ¿a dónde llevamos las flores?
El pequeño conejo llevaba un bolso en su espalda y al abrirlo había una nota con su nombre escrito por fuera. Lo abrió al instante, su sonrisa estaba llena de nerviosismo.
_______________________________________
*Para mi bella Sophie.
Sophie de hoy en adelante cada uno de tus días lo haré especial.
Con amor y siempre tuyo.
Alexander.
________________________________________
—Yo las llevo ¡Gracias!
—¡Estamos para servirle, bella dama!
Los hombres se alejaron, los curiosos observaban el gran regalo y las mujeres sentían celos de la chica afortunada por tener un novio tan espléndido.
—¿Quién te lo envío Sophie?
Eleazar preguntó aún sabiendo la respuesta, sabía que le dolería el corazón al escuchar la respuesta pero decidió saberlo.
—¡Alexander!
Respondió con bastante rapidez, abrazando el conejo de peluche. Si sonrisa era tan auténtica que irradiaba una luz única sus ojos llenos de alegría sin poderla contener la hacían lucir más hermosa.
—¡Vamos, te ayudo a llevarlas a tu habitación!
El camino fue un poco incómodo para Eleazar, pero seguía sonriendo con torpeza, no quería poner las cosas difíciles entre ellos y alejar a Sophie.
—El Duque quiere algo serio contigo.
—Pareciera que si, pero tus palabras de anoche me hicieron pensar. No quiero salir herida.
—¡No, Sophie! No lo dije para hacerte sentir mal, sólo quiero que sepas que siempre estaré para ti. Disfruta el tiempo con él si así lo quieres y que dure lo que tenga que durar.
—Tienes razón, disfrutaré cada momento con Alexander.
*—¡Que estúpido eres Eleazar! Dándole consejos de como permanecer con otro al amor de tu vida.
Eleazar veía a Sophie abrazando con fuerza su conejo de peluche mientras caminaban, prefería estar con ella como amigos a estar alejados.
*—No importa que me veas como tú amigo Sophie, siempre estaré a tu lado.
—¡Que diablos! ¿Por qué le diste tantas flores? ¡Eso es un desperdicio de dinero!
—¡Yo no fui! No me culpes.
—¿¡Entonces!?
—¡Descuiden yo me voy para que hablen! Te espero abajo Sophie, en media hora tenemos clase con el profesor Osmar.
—Bajo enseguida.
—¿Y bien? ¿Quién es el admirador secreto?
—Alexander Norvig.
—¿QUE?
Felicia se dejó caer en el pequeño sofá con una mano en la frente.
—¡Sophie Cleiton! ¿Cómo es que..?
—Nos conocimos hace tiempo y nos volvimos a encontrar, ayer tuvimos una cita y me pidió que fuera su novia.
—¡Por todos los cielos! Cuenta ¿que más pasó?
—Fuimos a ver las estrellas y sólo eso.
Tomó el collar con sus dedos y sonreía al hablar sobre la noche mágica que había vivido.
— ¿Que hechizo utilizaste? Yo también quiero un novio uno así.
—Algún día encontrarás a un buen hombre amiga.
—Lo dudo bastante, coni pequeña Sophie ¿quién me quería a su lado?
—El universo es asombroso y conspira a nuestro favor, yo jamás imaginé estar con alguien de la realeza, no en un millón de años pensé que llegara a suceder.
—Mi Sophie, eres una gran chica y mereces ser feliz, ¡se feliz!
—Tenemos que volver a clases.
—¡Vamos, futura Duquesa de Pearl!
—Dudo mucho que eso llegue a pasar pero ¡vamos!
Las chicas comenzaron a reír mientras caminaban tomadas del brazo para salir del edificio.
Para el medio día, Kassandra llegó a la mansión real la cuál parecía que no estaba de luto, no había tristeza alguna ni flores blancas por la muerte de la princesa Isel.
—¡Señorita Antón! La reina la espera en el jardín.
—Tía, un gusto verte.
Su vestido entallado a la rodilla con un escote revelador mostraban su poco respeto ante el luto de su tía quien llevaba un vestido oscuro apropiado a su pérdida.
—¡No muestras respeto alguno ante el luto de la familia, Kassandra!
—Tía, el luto se lleva en el corazón no en la vestimenta. La que murió fue mi prima y yo sigo viva.
—Se le llama respeto niña. No me importa, Isel era mi hija y soy yo quién debe guardar el luto.
Visiblemente molesta Kassandra lanzó una mirada de desprecio, dejando a un lado su bolso de diseñador se sentó frente a la reina.
—¿Para que me mandaron llamar?
—¡Frank, quiere que te metas a la cama de Alexander! Es más lo ordenó.
—¿Que dices?
—Es la única manera que te cases con la familia Norvig, Alexander no te quiere de ninguna manera y quedar embarazada es nuestra única solución.
—¡Yo puedo conquistar a Alexander! Ya estábamos comprometidos pero ustedes quisieron que su hija se casara con él. Si no hubieran interferido ya sería la Duquesa de Pearl.
Cruzando la pierna y tomando la taza de té frente a ella, la reina dió una sonrisa burlona y habló menospreciando a Kassandra.
—Lo dudo bastante querida, de ser así, Alexander ya te hubiera pedido matrimonio ¿no lo crees? Sólo toca que utilices tus encantos y meterte a su cama.
Kassandra estaba furiosa, sabía muy bien que su tía decía esas palabras para hacerla sentir poca cosa. Se levantó con fuerza y tomó su bolso, antes de marcharse habló por última vez.
—¡Alexander se casará conmigo, ya lo verás!