Al terminar el día, Alexander llegaba al bufete de abogados Benson, con la ventanilla abajo y el rostro serio revisaba su teléfono mientras esperaba.
Al escuchar la dulce voz que ya conocía a la perfección levantó la mirada, abriendo la puerta bajó dramáticamente del automóvil con una cálida sonrisa en su hermoso rostro.
—¡Alexander! ¿Que haces aquí?
—Vine a recoger a mi novia.
Se acercó a su oído lentamente con una sonrisa traviesa.
—¿Eso es normal, no? Es lo que se acostumbra.
Sonrojada por las palabras del hombre, se encogió de hombros.
Las personas que pasaban por el lugar y algunos compañeros que salían del edificio observaban a la pareja.
—Yo me retiro, hasta mañana Sophie.
—¡Descansa, Rosie!
—¿Y bien, que quieres hacer?
—Tengo exactamente dos horas libres.
—¿Dos horas libres?
Alexander preguntó frunciendo el ceño de manera automática.
—Trabajo en la cafetería cerca de la universidad.
—¿Por qué tienes dos empleos?
—Señor Norvig, no todos tenemos el privilegio de pertenecer a una de las familias más ricas del país.
—Pero ahora tengo el privilegio de que seas mi novia, no necesitas tener dos empleos.
—¡No, eso no! No estoy contigo por tu dinero, yo debo salir adelante por mis propios medios, agradezco tu intención pero no la acepto.
Los ojos de Alexander se abrieron con sorpresa, sonrió y abrazó a Sophie.
—¡Bien, lo que tú decidas está perfecto! Entonces vayamos a cenar antes de acompañarte a tu segundo trabajo empleo.
Un restaurante elegante y sofisticado cerca del edificio Benson fue el lugar para su segunda cita.
La cena fue tranquila, algunas personas los observaban con discreción y comentaban entre ellos sobre ¿quién era la hermosa mujer que acompañaba al Duque?
Las pequeñas risas entre la charla provocaban el buen humor en un hombre que había pasado años sin sonreír.
—No preguntaré el por qué tienes dos empleos, lo único que tengo claro es que si llego a quedar en la ruina podrás mantenerme.
—Eso es más que seguro señor Alexander. Es hora de irme, debo volver al dormitorio para cambiarme de ropa.
—Te llevaré de regreso.
El camino a la universidad fue callado para Sophie, Alexander había recibido una llamada importante y debía responder.
Sophie no ponía atención a lo que Alexander decía, ella observaba el paisaje nocturno y como la nieve cada vez caía más lento y en menor cantidad.
Al llegar al campus universitario, el automóvil se detuvo y fue ahí cuando Alexander terminó su llamada sin más.
*— Hablaremos más tarde, tengo algo más importante que atender.
*—¿Algo importante? ¡Soy alguien importante para él!
Los ojos de Sophie se iluminaron llenos de alegría.
Alexander la tomó de las manos de manera suplicante.
—¡Perdoname, Sophie! Debía atender la llamada.
—Lo entiendo, no necesitas disculparte.
—Entra y has lo que necesites, te espero para acompañarte a la cafetería.
—No es necesario, si debes irte hazlo.
—Nada es más importante que tu seguridad y te acompañaré a la cafetería.
—¡Vuelvo en 10 minutos!
Sophie se sentía en las nubes, jamás se había sentido tan amada y protegida por nadie. Era la primera vez que sentía el amor sincero de otra persona que no fuera Felicia y se sentía tan bien que la hacía sentir feliz.
—Llevas una gran sonrisa ¿sucedió algo bueno?
—Sabes algo Felicia, jamás pensé que para alguien sería su prioridad.
—Asi que viste a tu amado.
—Debo irme a trabajar, hablamos a mi regreso.
—¡Estaré dormida! Pero tú sigue siendo feliz.
Sophie salió de la habitación, con unos jeans y camiseta color blanca caminaba fuera del edificio con un bolso pequeño cruzado y agarrando su cabello en una coleta alta. Alexander la observaba y sonreía, en un solo día la había visto en dos de sus facetas.
*—Te ví vestida con ropa de oficina y ahora te veo con ropa de camarera, de las dos formas eres hermosa mi Sophie.
—¡Estoy lista!
—¿Son las nueve de la noche, ¿a qué hora termina tu turno?
—A las dos de la madrugada.
—¿Que? Eso es muy tarde, ¿cómo vuelves?
—Es muy cerca y normalmente es demasiado tranquilo el lugar, así que regreso caminando.
—¡Oh no, claro que no volverás caminando a esa hora! Es demasiado peligroso para una mujer tan hermosa y más si es mi novia.
—No te preocupes, tengo bastante tiempo haciéndolo y está bien.
—No está a discusión, vendré a recogerte todos los días.
Sophie recordó la noche que fue atacada por un extraño, tembló por dentro y no se resistió más.
—¡Ok!
—Buena chica.
Alexander tomó su delicada mano y besó su dorso.
El corazón de Sophie se calentaba con cada acción del hombre frente a ella, sentía como perdía toda la voluntad a su lado y sólo quería ser mimada y protegida.
En menos de cinco minutos llegaron a la cafetería, a los ojos de Alexander se veía un lugar cálido y seguro.
—¡Gracias por traerme! Debo irme ahora.
—Te veré a las dos.
Asintiendo y con un tierno beso en los labios Sophie se despidió, bajó del vehículo y entró a la cafetería.
—Señor, no quise interrumpir pero...
—¿Pero qué, Peter?
—Tiene reunión con el conde por la mañana, eso quiere decir que debe salir hoy mismo ¿lo olvidó?
—¡Lo olvidé! Reprograma para la tarde, saldremos después de dejar a Sophie en su habitación.
—Entendido señor.
—Los días que esté fuera tu te harás cargo de recogerla todos los días.
—¡Si señor!
—Otra cosas ¿sabes si la primera clase sigue siendo a las siete?
—Creo que si, ¿necesita algo?
—Investiga quién es el profesor de la primera clase y has lo que puedas para que mueva su horario, está durmiendo muy poco.
Peter sonrió asintiendo, para el era gratificante ver a su jefe enamorado y preocupado por otra persona, en diez años trabajando para él siempre lo había visto serio y de mal humor ahora era diferente.