Observo por la ventana, Edson baja del auto y me apresuro a salir, espero que suba y cuando lo hace me mira con desdén, él jamás, jamás de los jamás me había mirado de esa forma, y ahora que lo hace siento como si mi corazón lo apretaran y lo rasgaran uñas afiladas. —Ed… —No me hables Belly—, pasa y lanza la puerta de su habitación. Dejando rodar una lágrima ingreso nuevamente a la mía, me lanzo sobre la cama y siento la tibia y saladas lágrimas rodar por el puente de mi nariz y sentidos. Lo perdió, creo que Maca perdió al bebé, y la culpable de que ese niño no conociera a sus padres soy yo, siempre yo. Por Dios, ¡mamá!, ¿por qué tuviste que dejarme vivir?, ¿por qué no dejaste que fuera yo la que estuviera al lado de Dios? Antes de volver a irse, Ed abre la puerta de mi habitación

