Cuando subimos al auto Iker iba muy callado, su rostro reflejaba enojo, lo más probable era que había visto a Byron despedirse, suspiré y posé mi mano sobre la de él que se encontraba en la palanca de cambio. No me miró y solo cambió la marcha. —¿Quieres divorciarte de mi para volver con él? —, no me miró, continúo manejando hasta llegar a una parte retirada de la ciudad, parqueo el auto y bajó. —Claro que no—, reproché al seguirlo. Caminé hasta él y le giré —Byron es mi amigo—, sonrió y quitó mis manos de su cintura —¿De que te ríes? —De lo que dices—, caminó hasta un tronco y ahí se sentó. Me senté a su lado y le obligué a mirarme —No existen los ex que son amigos. Dicen que dónde hubo fuego cenizas quedan. —El detalle es que en esa relación no hubo fuego porque mi corazón estaba oc

