Cuando Emilia vio a Iker parado en la puerta retuvo el aire que acababa de aspirar, y pasando su mano por la humedecida mejilla se levantó, seguido se dirigió al baño, lavó su rostro y retuvo las inmensas ganas que tenía de llorar, pues ha ella no le gustaba que la vieran llorar, cada que sucedía aquello recordaba los momento de bullying que sufrió en la escuela por los acontecimientos que se habían suscitado en su familia. —¿Estás bien?— Inquirió Iker, su frente la había afirmado a la puerta y con su mano sobre su cabeza daba pequeños golpes en ella. —Si—, respondió al sacudir la nariz. Después de secar sus manos abrió la puerta de golpe, si Iker no hubiera estado sostenido del marco, hubiera caído. —¡Lo siento!— se disculpó al tiempo que soltaba un suspiro —No debí salir de esa forma

