Me divirtió ver la cara que puso mi esposa cuando creyó que estaba enojado, no paré de reír hasta que se enojó, en serio ella se enojó porque decía que la había tomado como un payaso. Vastó unas sesiones de sexo para que me volviera a hablar. Al día siguiente la desperté con una nalgada y volvió a enojarse, pero en la ducha le bajé el resabio. Después de darnos una larga ducha nos dirigimos a la habitación de nuestros hijos, los alimentamos y los mimamos por unas horas. Al quedarse dormidos bajamos al comedor. —¡Buenos días, jefe! —, ver a Jhos esperando al pie de las gradas y con una carpeta en mano solo significaba una cosa, que ya tenía el trabajo que le había encargado. —Déjalo en el despacho—. Pasé al comedor, desayuné y luego me dirigí al despacho, puse seguro y me senté a rev

